Opinión Por María Lorente* Martes, 18 Abril 2017 20:59
= LIDERAZGO CONSCIENTE =

Burbuja

*Future Leadership Development & Change, Executive Coaching

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Tenemos la suerte de estar conociendo y disfrutando unos días de una zona de España preciosa. Me pregunto si compartir el nombre, tras observar una y otra vez cómo, de forma voraz, alteramos para siempre entornos únicos. Lo pensaré al final del artículo. Al llegar me sorprendo al ver un espacio tan verde en un espacio situado tan al sur del país y tan lleno de vida.

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También de que esté inundado de castaños, que nunca imaginé fuera del norte o zonas de microclima muy húmedo. Lo cierto es que desde que salimos de Salamanca, en breves momentos el verde del paisaje se ha interrumpido. Tan sólo en las zonas más cercanas a las ciudades aparecen áreas más baldías y terrosas, prácticamente yermas.

Aquí, en medio de esta sierra, parece imposible pensar que quizá parte o mucho de ella pueda cambiar significativamente en un plazo de tiempo no muy lejano. Incluso que podamos llegar a verlo nosotros dentro de no muchos años.

Conocemos a quien ideó el proyecto del lugar donde nos alojamos según regresa de alimentar a sus animales. Hablamos un buen rato con él antes de instalarnos. Es extranjero y lleva viviendo muchos años en España. Tenemos curiosidad por saber cómo llegó aquí… un paraje increíble. Nos cuenta que buscaron durante muchos meses hasta encontrar un lugar casi mágico y simplemente precioso. Un lugar de memoria de infancia.

Va compartiendo con nosotros, y mucho de lo que dice nos resuena. Compartimos trayectoria en parte. Momentos antes, su hijo nos contaba que nos encontramos en el segundo lugar de España en el que más llueve. Por eso lo del verde. Charles nos cuenta que aquí en la zona siguen la evolución de las lluvias con sumo interés, y por segundo año consecutivo pueden comprobar que la reducción de lluvia es significativa. Nos habla de las cantidades que por esta fecha hubieran sido normales y de la cantidad de lluvia necesaria para que lo que nos rodea continúe como hoy lo vemos (lo que nos rodea, entre otras cosas, son castaños milenarios, de la época romana).

Momentos después, lo contrapone con la realidad… Este año sólo ha llovido la mitad de lo habitual y muy por debajo de lo necesario. Es el segundo año que ocurre. Los castaños no sólo necesitan agua del subsuelo -y por la zona hay muchísima–, también necesitan un ambiente húmedo al menos parte del año. Augura que si todo continúa así la resiliencia de estas especies que llevan acompañándonos años y años tendrá un límite y quizá los vean perecer. Nos dice que los cambios que se están produciendo aquí son muy evidentes. Es posible que en otros lugares no se note tanto (apunta a las ciudades), pero aquí todo el mundo es consciente.

Eso me ha enganchado. Creo que, efectivamente, lo que augura es más que posible. Y sé que, en general, en las ciudades el impacto de los cambios, salvo porque comienzan a entrar en funcionamiento medidas especiales para el transporte privado por exceso de contaminación, todo es menos observable, menos evidente.

Paisaje-LorentePienso que quizá esto tenga mucho que ver con la negación extendida sobre la realidad del cambio climático, en especial en su forma más perversa, la denominada por Cohen "negación implicatoria". Es perversa, puesto que no niega o minimiza los hechos ni su significado normal, sino las implicaciones psicológicas, políticas y morales que convencionalmente derivarían de los mismos, debilitándonos cuando menos o imposibilitándonos para la acción.

Kari Norgaard lo denomina "la producción social de inocencia" en relación al cambio climático, por la que construimos una doble realidad en la que se reconoce el impacto en el futuro del cambio climático, pero se mantiene fuera de la esfera de la vida real, en la que concentramos nuestra atención en el pasado y el presente (Foster, 2015). De este modo, no tomamos conciencia real para poner en marcha acciones distintas hoy (no hay más que ver el éxito de todas las cumbres celebradas hasta la fecha sobre el clima).

Lo cierto es que si aceptáramos como muy probable lo que puede acaecer en un futuro muy próximo y sus consecuencias directas sobre nosotros, posiblemente entraríamos en un círculo de desesperanza. Quizá también esto nos imposibilitara para la acción.

De cualquier modo, no estaría de más dar ese primer paso de reconocer que puede ser posible. Desconozco si servirá de algo, pero al menos significaría salir de la burbuja. Y que conste que la burbuja del cambio climático no es la única en la que vivimos, aunque sin duda la que puede borrar muchas memorias de infancia y la más amenazadora para todas las especies.

Feliz semana.

 

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