La hipoxia nocturna, es decir, la disminución del oxígeno por la noche en niveles de saturación por debajo del 90% (que es el límite a partir del cual esa saturación de oxígeno se considera baja o anormal) multiplica por dos el riesgo de muerte y la probabilidad de padecer un cáncer. Además, las personas que sufren hipoxia nocturna también ven aumentadas en un 50% las posibilidades de padecer un evento cardio o cerebrovascular respecto a las personas que no están diagnosticadas de esta dolencia. 

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La técnica de la hipotermia se emplea en casos de recién nacidos diagnosticados de encefalopatía hipóxico-isquémica moderada o severa, es decir, cuando durante el nacimiento ha dejado de llegar al cerebro de ese niño flujo sanguíneo (isquemia) y oxígeno (hipoxia), lo que puede llegar a producir daño cerebral. 

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La hipoxia intermitente crónica (HCI, por sus siglas en español) es un tipo de hipoxia –falta de oxígeno- que se produce en la apnea obstructiva del sueño originando diversos efectos nocivos clínicamente visibles en los sujetos jóvenes, lo que facilita el diagnóstico de la enfermedad. Sin embargo, pese a ser más frecuente en sujetos de edad avanzada, el cuadro clínico es menos nítido, y esto dificulta el diagnóstico en las personas mayores.

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