Los tumores llegan a comportarse como auténticos órganos que interactúan con el huésped, es decir, el paciente. Esta interacción se produce en la propia célula, con el resto de componentes celulares normales que habitan en el tumor, y también llega a afectar a los sistemas inmunitario, nervioso y circulatorio, alterando el funcionamiento del organismo en su conjunto. Para buscar formas de combatirlo, es imprescindible desentrañar la interacción del cáncer a nivel sistémico.

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De forma global, las células tumorales se desarrollan y crecen rodeadas de otras células no tumorales que forman lo que se denomina el estroma tumoral. Este está formado por diferentes tipos celulares, sobre todo fibroblastos y, en menor medida, distintos tipos de leucocitos (células de la inflamación) y vasos sanguíneos. La función del estroma, cuando se activa y se incrementa su capacidad funcional, es generar nuevos vasos sanguíneos que permitan que a las células tumorales lleguen los nutrientes y el oxígeno para su crecimiento; de este modo, el tumor crece y progresa.

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