Investigación Por S. A. D. Jueves, 21 Octubre 2021 10:53
XXIX REUNIÓN ANUAL DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE SUEÑO (SES)

El uso de pantallas interfiere en el descanso y en la adquisición de hábitos saludables de los adolescentes

Durante el confinamiento, a los menores a los que les costaba más de una hora quedarse dormidos pasaron del 2,3% previo a la pandemia al 17%; y aquellos que se iban a dormir después de las 12:30 de la noche en días laborables pasaron de apenas el 3,4% a representar más del 32%

Vote este artículo
(0 votos)
El uso de pantallas interfiere en el descanso y en la adquisición de hábitos saludables de los adolescentes pixabay.com

Diferentes investigaciones realizadas en la última década han demostrado que el déficit de sueño es un problema importante de salud en la adolescencia. Como causa de esa problemática, expertos en medicina del sueño señalan al síndrome de retraso de fase, un trastorno del ritmo circadiano frecuente en la adolescencia que provoca una dificultad en la conciliación del sueño, así como una dificultad para levantarse por la mañana; y la falta de sincronía de los ritmos cronobiológicos de los adolescentes con los horarios lectivos o de actividades extraescolares -especialmente de índole física- (que empiezan muy pronto y acaban muy tarde, respectivamente).

Además, en los últimos años se ha objetivado un incremento en el uso de dispositivos electrónicos (pantallas) especialmente a últimas horas del día, el conocido como vamping tecnológico. Sin embargo, según los resultados de un estudio realizado al final del confinamiento de los meses de marzo, abril y mayo de 2020 y presentado durante la celebración de la XXIX Reunión Anual de la Sociedad Española de Sueño (SES), el uso de pantallas en horario nocturno no tiene un impacto tan significativo sobre el sueño de los adolescentes.

“Los resultados han sido muy interesantes porque, tal como esperábamos, el aislamiento social, el aprendizaje mediante métodos on-line, así como los horarios más flexibles comportaron un incremento significativo en el uso de dispositivos electrónicos y un retraso en el inicio y el fin del sueño. Este aumento en el uso de pantallas se asoció a una dificultad para conciliar el sueño y a otros hábitos no saludables. No obstante, y contrariamente a lo que cabría esperar, no se puede atribuir al vamping tecnológico, ya que no se objetivó un incremento de este fenómeno”, ha explicado la doctora Marta Moraleda, investigadora principal de este estudio y miembro del grupo de trabajo de Pediatría de la SES.

El estudio recopiló las respuestas a un formulario de 57 preguntas de 265 padres cuyos hijos tenían entre 10 (5º de primaria) y 18 años (13,6 de media de edad), eran estudiantes en activo durante el curso 2019/2020 y estuvieron confinados en sus hogares durante la primera ola de la pandemia desatada por la covid-19.

En todos los participantes se analizaron tres variables principales tanto antes como durante el confinamiento. Por un lado, los patrones de Sueño (latencia, hora de irse a la cama/levantarse, despertares, siestas); por otro, el uso de dispositivos electrónicos (horas al día, tipo y horarios) y, por último, otros hábitos saludables como la exposición a luz solar, la dieta o la actividad física. Las cuestiones relacionadas con las variables principales incluyeron una doble pregunta sobre la situación previa al confinamiento y durante el confinamiento.

Resultados

Según los resultados del estudio, durante el confinamiento, los adolescentes a los que les costaba más de una hora quedarse dormidos pasaron del 2,3% al 17%. Un incremento significativo que también se apreció en otras variables del sueño, como el retraso en el horario de inicio y de fin del sueño, especialmente evidente entre semana.

Así, los adolescentes que se iban a dormir después de las 12:30 de la noche en días laborables pasaron de ser apenas el 3,4% antes del confinamiento a representar más del 32% durante las semanas de encierro; mientras que el porcentaje de jóvenes que se levantaban más tarde de las 9:45 entre semana se disparó un 30%. Todo ello generó un incremento también significativo de la hipersomnolencia diurna, que pasó del 28% al 34,4%.

No obstante, esa dificultad para conciliar el sueño y el retraso a la hora de irse a la cama no se pueden atribuir directamente al incremento de la práctica del vamping durante el confinamiento. Y es que, si bien es cierto que hubo un incremento sustancial en el uso de pantallas (los adolescentes que las usaban más de cuatro horas al día pasaron del 12,8% al 75,1%), éste uso se repartió durante el día, disminuyendo su frecuenta en el horario nocturno (antes y después de la cena y en la cama).

“Esta es una variable interesante porque demuestra, por un lado, que cuando nos quitan los horarios cambia toda la distribución de nuestros hábitos; y, por otro, que el uso de pantallas por la noche no es la única causa de que los adolescentes duerman menos, sino que hay otros factores a tener en cuenta”, ha argumentado Moraleda.

Más pantallas, menos hábitos saludables

En ese sentido, la investigadora principal del estudio ha señalado que el incremento en el número de horas de uso de pantallas durante el confinamiento se asoció a un retraso en el inicio del sueño y a otros hábitos no saludables, como la exposición a luz solar o la actividad física.

Así, en el estudio se comprobó que uno de cada cuatro adolescentes no se expusieron durante el día a la luz solar, que uno de cada cinco no realizaban ninguna actividad física, y que el 25% de ellos aumentaron de peso durante el confinamiento, una etapa en la que a su vez hubo un considerable incremento de la ingesta de dulces (+20%) -también tras la cena (del 6,8% al 14,3%)-, todos ellos hábitos que tienen un impacto directo sobre el descanso.

“Se habla mucho de pantallas y adolescentes, pero el déficit de sueño de este grupo de población no se puede simplificar así. Lo que hemos visto en este estudio realizado tras el confinamiento es que, a medida que aumenta el uso de pantallas, los adolescentes tenían menos exposición a la luz, hacían menos ejercicio físico, ganaban más peso y, a su vez, les costaba más dormir. Es decir, que cuanto más tiempo se pasa ante las pantallas, más se descuidan el resto de hábitos saludables que influyen en nuestro sueño. Además, no hemos de olvidar factores que influyen negativamente en el sueño de los adolescentes como el retraso del ritmo circadiano o la falta de sincronía entre los horarios lectivos y los ritmos cronobiología en esta época de la vida”, ha concluido Marta Moraleda.

 



Deja un comentario

Recordamos que SALUD A DIARIO es un medio de comunicación que difunde información de carácter general relacionada con distintos ámbitos sociosanitarios, por lo que NO RESPONDEMOS a consultas concretas sobre casos médicos o asistenciales particulares. Las noticias que publicamos no sustituyen a la información, el diagnóstico y/o tratamiento o a las recomendaciones QUE DEBE FACILITAR UN PROFESIONAL SANITARIO ante una situación asistencial determinada.

SALUD A DIARIO se reserva el derecho de no publicar o de suprimir todos aquellos comentarios contrarios a las leyes españolas o que resulten injuriantes, así como los que vulneren el respeto a la dignidad de la persona o sean discriminatorios. No se publicarán datos de contacto privados ni serán aprobados comentarios que contengan 'spam', mensajes publicitarios o enlaces incluidos por el autor con intención comercial.

En cualquier caso, SALUD A DIARIO no se hace responsable de las opiniones vertidas por los usuarios a través de los canales de participación establecidos, y se reserva el derecho de eliminar sin previo aviso cualquier contenido generado en los espacios de participación que considere fuera de tema o inapropiados para su publicación.


*Campos obligatorios.