Obtener energía y nutrientes del entorno, o sea, comer, es una función tan importante para los seres vivos que la evolución, a lo largo de cientos de millones de años, ha generado sofisticados mecanismos moleculares que la regulan. Y que apenas empiezan a desvelarse. Un grupo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) presenta ahora una pieza clave en el proceso: un ‘interruptor’ que regula la capacidad del organismo de adaptarse a periodos de escasez, de falta de nutrientes.

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