Opinión Por María Lorente* Jueves, 17 Agosto 2017 17:51
= LIDERAZGO CONSCIENTE =

Adorados quejicas y rebeldes

*Future Leadership Development & Change, Executive Coaching

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Mi amiga Cristina, en charla de cocina durante la despreocupada época que compartimos juntas me hizo ver mi continua capacidad de quejarme, pasando inmediatamente a apuntar que en el momento en que dejara de hacerlo, dejaría de ser yo.

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No le faltaba razón en ninguno de los dos comentarios. Es cierto que me quejo, mucho, aunque creo firmemente que en la mayoría de las ocasiones – no en todas, eso lo se -, soy “quejica con causa”. Con esto quiero decir que “mi queja” la siento más que como queja, como rebeldía y protesta expresadas ante algo que no me parece bien (que no me parece bien a mí, claro está). Es decir, que si considero que algo es mejorable, no está bien (o yo considero que está mal) y por lo tanto debería cambiar o evolucionar, no me conformo con que todo siga igual, y aunque posiblemente debería hacer más en lugar de hablar y pensar tanto sobre la acción, lo cierto es que no me conformo con el status quo, nunca lo he hecho y creo que, a pesar de la moderación de los años, nunca lo haré.

Nací y crecí aquí en Salamanca. Durante los primeros años de colegio estudié un mapa en el que Salamanca formaba parte de la región de León. Más tarde, en 1981, pasamos a formar parte de algo más grande, la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Con el paso del tiempo tengo la sensación de que poco a poco nos hemos ido haciendo más pequeños. Como las personas mayores que progresivamente se arrugan y pierden estatura. Puede que, sencillamente, mi percepción de Salamanca haya evolucionado acorde con mi tamaño y edad o quizá, sólo quizá, algo pueda haber de ese “encogerse”.

Y es aquí donde me gustaría conectar “la rebeldía” con “el encogimiento”, y recordar la fábula de Olivier Clerc, “la rana que no sabía que estaba hervida”. Aunque científicamente seguro que llega el momento en el que la rana salta del agua ya demasiado caliente, posiblemente durante un tiempo se mantendrá en la misma. Ese mantenerse sólo es posible si el aumento de temperatura es lento y progresivo.

Creo que nosotros somos bastante parecidos. Si nuestras condiciones se alteran o cambian, aunque sea para peor, o no evolucionan a mejor, se estancan, mientras el cambio no sea brusco solemos acomodarnos, buscamos una forma de “mantener lo de siempre” bajo las nuevas condiciones. Esta cualidad es excelente pues nos ha ayudado a sobrevivir y evolucionar como especie durante siglos. El problema aparece cuando ésta capacidad se convierte en actitud y se instala, y prácticamente “nada” consigue perturbarnos, movernos o hacer que reaccionemos, que saltemos del agua.
Ésta capacidad tiene además otro efecto perverso, en mi opinión, el de “normalizar la situación” consiguiendo que aquello que desde la situación inicial no nos hubiera hubiera parecido razonable ni posible, se convierta en el estado actual, el normal, el que ha de ser. Aún más, es el estado aceptado. Y así, mientras nadie se rebele, poquito a poquito, podemos continuar estirando la cuerda del mismo modo. Despacito, como la canción estrella del verano.

De este modo, gradualmente, sin estruendo, casi sin darnos cuenta, acabamos “comulgando converdaderas ruedas de molino”. Y sin darnos cuenta una vez más, un día nos despertamos y vemos que hemos aceptado un buen número de cosas absolutamente inaceptables (algunos ejemplos a nivel macro - el engaño de las emisiones de los coches diésel por parte de Volkswagen y que no haya pasado nada, no tener acceso en determinadas regiones a poder aprender correctamente el idioma oficial del país, contratos de la Administración que comienzan un lunes y acaban el viernes para ahorrarse sábado y domingo de cotizaciones sociales, una tasa de paro de menores de 25 años del 39,5% (*) …). Elaboren una lista de ejemplos a nivel local, entre los que incluir que en la era de las comunicaciones casi inmediatas, que hasta 2018 no esté previsto finalizar la conexión por autovía hasta la frontera con Portugal (el tren tendrá que esperar al 2020 y recordemos que Salamanca tan sólo consiguió conexión por autovía con Madrid ¡en el 2009!, muy útil para el desarrollo de la provincia) o las eternas obras de un hospital no acabado (e intuyo que “obsoleto” cuando por fin entre en funcionamiento) y también que Berkeley, una reina más de las irregularidades, anuncie que planea abrir dos explotaciones más de uranio en nuestra provincia. Pues bien, ya ven, la mayoría de nosotros como las ranas.

Así que hoy celebro un poco el espíritu inconformista incómodo y reiterativo de “los quejicas y rebeldes”, que en ocasiones creo aporta uno de los granitos de arena necesarios para que algunas cosas cambien aunque sólo sea explicitando algunas de las ruedas de molino.

Eso sí, en mi caso, intentaré poner más mis manos a la obra y menos a las palabras.

¡Feliz semana!

 

 

 *Catalizando el desarrollo integral de personas y organizacionesMaria-Lorente-logo

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