Opinión Por Viernes, 29 Noviembre 2013 01:10
= Sanidad sana =

La crisis como disculpa

29 de noviembre de 2013

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Miembro de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Salamanca (ADSP)

Puede que sea verdad que ya se ve luz al final del túnel, como dice el Presidente del Gobierno a propósito de la situación de nuestra economía, aunque también puede ser la luz del tren que viene de frente y nuevamente nos va a atropellar. De todas formas, parece previsible que esta crisis concluya algún día y vengan tiempos mejores, pero no para todos, porque quedará una mayor desigualdad social, con más riqueza acumulada en menos manos y más empobrecimiento en el resto de la ciudadanía.

A ello va a contribuir el desmantelamiento del Estado de Bienestar, en el que de forma tan agresiva se han volcado nuestras autoridades. En el caso de la Sanidad, el intento no es nuevo: ya en los años 90, con el auge del neoliberalismo, se inició una lenta batalla contra lo ganado en el campo de la igualdad de acceso a la Sanidad, basada en la falacia, ya propagada en el Informe Abril de 1991, de que la Sanidad pública es insostenible. Con todo, el momento elegido para la batalla final ha sido la crisis económica y la llegada al poder del partido actualmente gobernante.

Las grandes medidas para intentar la victoria final van en tres direcciones:

1) Recortes en las prestaciones y el número de profesionales, con el consiguiente deterioro de la calidad asistencial y el aumento inasumible de las listas de espera.

2) Real Decreto 16/2012, que acaba con la universalización de la asistencia sanitaria y exige la necesidad de estar asegurado para recibirla (de esta forma se deja fuera de la asistencia a los inmigrantes sin papeles); además el RD introduce el copago (repago) de fármacos a los pensionistas, el copago de otras prestaciones (ambulancias, prótesis...) y la división de la asistencia en básica, suplementaria y accesoria, siendo solo la primera gratuita en el momento de uso.

3) La privatización de la gestión (lo que llaman externalización), entregando centros sanitarios a empresas con ánimo de lucro, con la disculpa, nunca científicamente comprobada, de que la gestión privada es más eficaz y barata que la pública.

¿Cuál será el paisaje cuando hayamos salido -sería mejor decir cuando hayan salido- del túnel? Habrá una Medicina para los que pueden pagarla (ricos) y una Medicina para pobres (en realidad, una pobre Medicina). Los mercados se habrán apoderado de un sector muy goloso, que se les estaba resistiendo, tanto que habrá sido necesaria una gran crisis y el miedo que ésta provoca en la ciudadanía, para conseguirlo.

Pero esta historia no tiene por qué acabar mal. La última palabra la tendrán los ciudadanos y, muy en especial, los profesionales sanitarios. Las movilizaciones de Madrid son un ejemplo a seguir.

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