Opinión Por Santiago Santa Cruz Ruiz* Viernes, 17 Abril 2020 17:30
= EN ABIERTO =

En un día de reflexión. A propósito de la invitación del presidente Sánchez en su último discurso

*Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Salamanca

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Hace unos días, el presidente del Gobierno, en su comparecencia, pública pidió a todos los ciudadanos un compromiso para superar esta crisis, empleando la célebre frase de JFK "no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país".

Santiago Santa Cruz

Hoy, desde la atalaya de este Colegio, siendo esta mi opinión personal, quiero contribuir al llamamiento del presidente.

Son muchas y muy loables las cosas que estos días están realizando todos los sanitarios que trabajan frente a la pandemia y frente a cualquier otra enfermedad grave que no admite demora. Y aunque va mejorando la situación, aún seguimos los profesionales con unos materiales de protección insuficientes, asumiendo riesgos personales de contagio y para nuestros pacientes y familias.

También es cierto que los responsables de nuestros hospitales y centros de salud están haciendo todo lo posible por mejorar estas situaciones que nos han desbordado. Son muchas las contribuciones desde otros sectores, la Universidad Pontificia y la Universidad de Salamanca ofreciendo alojamiento en sus residencias, Caixabank ayudándonos para programas de apoyo al médico, la USAL fabricando pantallas protectoras, trabajando sus institutos en el diagnóstico y tratamiento de este virus o en la realización de pruebas de PCR, así como la sociedad en su conjunto, aportando desde la obediencia incómoda al confinamiento hasta el homenaje a todos los que trabajan para que estemos seguros.

Pero también hemos de ser autocríticos (y me incluyo en ello, pues seguro que podría dar más) y señalar el deficiente tratamiento sanitario que estamos dando a nuestros ancianos confinados en las residencias geriátricas, donde muchos de ellos están dejados a su suerte, como compruebo con las residencias que estoy tutorizando. Muchos no tienen un tratamiento adecuado por falta de médico y/o de medicamentos, aislados de sus familias (con lo que esto supone de sufrimiento para ellos y sus familiares), con un personal residencial al que no se ha instruido para la atención en epidemias y peor protegido para el tratamiento de estos pacientes.

Pero lo que más me duele es que se esté limitando la derivación al hospital de aquellos ancianos con infección severa o grave. Esto equivale a aceptar que su frágil naturaleza venza la infección o que se mueran y solos. Esto es vergonzoso para un país que presume de tener uno de los mejores sistemas sociosanitarios.

También creo que es necesaria la autocrítica de algunos sanitarios en los que ha podido más el miedo a la infección que su vocación de atención al paciente, pero mucho peor el de algunos sanitarios que se apoyan en médicos residentes o en jóvenes enfermeros, contratados ante esta situación, para que sean ellos los que asuman actuaciones que más corresponderían a médicos o enfermeros con más experiencia: creo que aquí sí que se puede decir que hay que predicar con el ejemplo y que el buen compañerismo y la deontología son muy escasas.

Una autocrítica final que espero que se me entienda en positivo. Algunos pacientes ingresados tienen una actuación sanitaria defectuosa. En mi criterio, la limitación del esfuerzo terapéutico ante el miedo de quedar sin camas de cuidados intensos para posibles nuevos casos que se pudieran aprovechar de este tratamiento está, desde mi punto de vista, fuera de toda ética y deontología. Todo paciente, salvo si está en una fase terminal de la vida o en agonía, tiene derecho a que le ofrezcan todos los medios a nuestro alcance para su curación, y la limitación de ventilación asistida cuando quedan varios equipos sin usarse me resulta muy dolorosa e injusta. Para eso se han casi cuadriplicado las camas de intensivos, y en ellas se está haciendo un grandísimo trabajo. No quiero cuestionar los criterios de tratamiento avanzado en unidades de cuidados intensivos, pero la interpretación o aplicación de los mismos debe de ser personalizada y, en caso de duda, siempre a favor del paciente. 

Finalmente, termino pidiéndole a nuestro presidente del Gobierno que haga lo mismo con su equipo, con su incapaz ministro de Sanidad, al que esta responsabilidad ha desbordado desde el minuto 1, con sus expertos en pandemia, y que, con una sana autocrítica, corrijan aquellos errores y asuman de verdad las equivocaciones en que han incurrido y por las que tantos fallecidos y sanitarios infectados tenemos.

 

 



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