Opinión Por Irán Sánchez Ramos* Domingo, 30 Agosto 2015 02:17
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¿Por qué me pica la boca cuando como fruta?

*Alergólogo y miembro de Saluspot

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En España, la alergia a pólenes (polinosis) se considera la primera causa de rinitis alérgica y la segunda en el caso de asma bronquial. La prevalencia de polinosis se ha multiplicado en las últimas décadas, y los pólenes más importantes son los procedentes de cipreses en los meses de enero-marzo, plátano de sombra en marzo-abril, gramíneas y olivo de abril-junio, con la salsola predominando en el Levante y en La Mancha, con una polinización prolongada entre mayo y octubre.
 

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Un número creciente de polínicos refieren picor en los labios, en la mucosa en la boca u ótica, incluso con hinchazón de la mucosa labial, cuando comen algunas frutas, como el melón, la sandía, o las rosáceas (melocotón, manzana, fresa, albaricoque…), aunque puede implicarse cualquier fruta fresca o verdura.

Se manifiesta de una manera inmediata o en el transcurso de unos pocos minutos. En la actualidad supone una de las alergias alimentarias emergentes y el paradigma de la reactividad cruzada entre pólenes y alimentos vegetales. A este fenómeno se le conoce como Síndrome de Alergia Oral (SAO), y son las profilinas, proteínas estructurales comunes entre los pólenes y los vegetales, el nexo común responsable de la reactividad cruzada en la mayoría de las ocasiones y considerados como panalérgenos.

Afecta más frecuentemente a población pediátrica y a adultos jóvenes con historial previo de rinoconjuntivitis alérgica y es habitual que sea progresiva, implicando cada vez a más frutas, alimentos vegetales, incluso a frutos secos, de forma que se limita la dieta del paciente. En general, ocasiona reacciones de carácter localizado en la boca y la garganta, donde las reacciones generalizadas son ocasionales, ya que las profilinas no resisten la acción de los jugos gástricos, pero deben ser correctamente diagnosticados y su riesgo, catalogado por especialistas en Alergología.

Se pueden definir diferentes patrones geográficos de reactividad cruzada polen-alimentos vegetales en función de los diferentes árboles o plantas que politizan y las costumbres alimenticias de la población expuesta.

El diagnóstico se basa esencialmente en una historia clínica detallada compatible y en la realización de test cutáneos con los alimentos sospechosos, que incluso se pueden probar directamente pinchando el alimento en fresco e inmediatamente al paciente en el antebrazo, con una alta rentabilidad diagnóstica y una mínima molestia para el paciente. Las pruebas de provocación oral, donde, de forma controlada y monitorizada, se le administra al paciente el alimento objeto de estudio para observar la reacción, constituyen el método de diagnóstico definitivo en algunos pacientes.

Existen numerosas posibilidades de reactividad cruzada entre pólenes y alimentos vegetales, destacando, además de los síndromes de alergia oral, otros síndromes, como el de látex-frutas, que padece hasta un tercio de los alérgicos al látex, con reacciones graves tras la ingesta alimentos como castaña, plátano, kiwi, aguacate o frutas rosáceas; o el síndrome apio-artemisia-zanahoria-especias, en el que pacientes alérgicos al polen de artemisia pueden sufrir anafilaxias con la ingesta de alimentos de la familia umbilífera (apio, zanahoria, perejil o comino), así como con infusiones de manzanilla, miel o tras la ingesta de pipas de girasol, alcachofas o una simple lechuga, todas ellas de la misma familia de compuestas.

Esta alergia oral puede hacerse más llevadera: puesto que las profilinas son proteínas termolábiles, el calentamiento del alimento las destruye y favorece su tolerancia. Esto ocurre, por ejemplo, con la manzana asada. Por otro lado, la concentración de profilina varía dependiendo de la variedad de la fruta, el método de cultivo y el estado de maduración, lo que puede provocar que no pocos pacientes tengan síntomas de forma intermitente, de forma que se dificulta y se retrasa el diagnóstico definitivo.

Tradicionalmente, solo evitar el alimento era la única alternativa para evitar reacciones, pero no siempre es sencillo, porque existen múltiples trazas ocultas, así como salsas o rellenos de alimentos, que pueden camuflar el alimento al que el paciente tiene alergia.

Detener la conocida como marcha alérgica se considera la forma más eficaz de frenar la expansión de este síndrome entre los alérgicos. El tratamiento clave es la inmunoterapia (vacunas antialérgicas), único reconocido por la Organización Mundial de la Salud como capaz de modificar el curso de la enfermedad en tratamientos que pueden durar de tres a cinco años, pero existen unas limitaciones para su inicio en embarazadas o niños de muy corta edad.

La inmunoterapia consiste en la administración periódica de extractos alérgicos de pólenes a los que el paciente tiene alergia, induciendo una tolerancia en el paciente frente a la exposición a los pólenes y disminuyendo el riesgo de, en un futuro, tener alergia a frutas u otros alimentos vegetales. Esta administración puede realizarse de forma subcutánea, en sencillas inyecciones mensuales, o por sublinguales en el domicilio del paciente diariamente. Múltiples líneas de investigación se dirigen a encontrar vacunas para los pacientes alérgicos a alimentos, de forma que constituye un futuro esperanzador para estos pacientes.

 

*Irán Sánchez Ramos es alergólogo y miembro de Saluspot

 

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