Los momentos en los que nos invade el sueño o las horas a las que sentimos hambre dependen de dos factores: por un lado, un reloj biológico interno que es quién nos dice cuándo hemos de dormir y cuándo comer; por otro, de unos sincronizadores, que son aquellos estímulos o hábitos que cada día ponen en hora nuestro reloj interno. 

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