A veces los sueños se hacen realidad. Para ello fue necesario que confluyeran en un momento concreto tres personas admirables. Gregorio Marrón, un joven sordo de 17 años, que soñaba con los caballos; su orientadora laboral, Alicia Abril, que suele tratar de que el mundo a su alrededor alcance sus metas, y una excelente terapeuta que lo dejó todo para especializarse en los tratamientos a través de las actividades de equinoterapia.

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