Científicos del Centro Max Delbrück de Medicina Molecular en Berlín han logrado reprogramar genéticamente células del hígado de ratones diabéticos para que se comporten como las células del páncreas que ayudan a producir insulina. El hallazgo supone un paso para que se pueda tratar la diabetes mediante terapia genética, tal y como recoge la agencia SINC.
Como rutina, los diabéticos tienen que vivir pendientes de las inyecciones de insulina debido a que su páncreas no la puede generar de forma natural. La enfermedad provoca que su sistema inmune destruya las llamadas células islote, que permiten que el páncreas produzca esta hormona que regula el nivel de glucosa en la sangre.
Esta dependencia puede acabar en el futuro gracias a los resultados de una investigación publicada hoy en la revista Nature Communications. Científicos del Centro Max Delbrück de Medicina Molecular en Berlín (Alemania) han modificado genéticamente células tomadas del hígado para que actúen como estas células islote.
La investigación dirigida por Francesca Spagnoli, no trataba de generar nuevas células sino forzar una crisis de identidad en las ya existentes en el hígado, reprogramando genéticamente su comportamiento para que actúen como las células eliminadas por la enfermedad y ayuden a que el páncreas vuelva a generar insulina.
El objetivo se ha cumplido gracias a la modificación de un solo gen, el TGIF2, que se encuentra activo en el tejido del páncreas pero no en el hígado.
Éxito en los experimentos con ratones
La bióloga molecular española Nuria Cerdá-Esteban, investigadora del equipo de Spagnoli y autora principal del estudio, realizó pruebas en ratones, y observó que las células del hígado se comportaban como células pancreáticas al recibir copias del gen TGIF2.
Como pudieron comprobar los autores, al principio las células perdían sus propiedades hepáticas para desarrollar después las características propias de las células islote. Después, trasplantaron esas células modificadas a ratones enfermos de diabetes.
Los resultados muestran como tras la intervención los niveles de glucosa en la sangre de los roedores mejoraron de forma natural. Las células modificadas estaban asumiendo la función de esas células islote perdidas.
Con estos datos, la siguiente línea de actuación es intentar aplicar el éxito en pacientes humanos, aunque aún queda camino por recorrer.
“Existen diferencias entre humanos y ratones que estamos tratando de salvar, aunque estamos en el camino correcto para desarrollar terapias en el futuro”, explica Spagnoli.
El equipo está trabajando en esta misma estrategia para células del hígado en humanos gracias a una beca otorgada en 2015 por el Consejo Europeo de Investigación (ERC).








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