
Debido a cierta inmadurez psicológica, mental o emocional, algunas personas adquieren una actitud agresiva al no tolerar la opinión del otro con el fin de imponer la propia. Es por eso que en nuestra sociedad se evidencian muchos conflictos provenientes de las familias.
Dependiendo de las actitudes que adquieran los padres al resolver sus discrepancias y conflictos, ya sea que convivan o estén separados, los hijos tienden a imitar aprendiendo de ellas, acogiéndolas como su manera de solucionar las diferencias con los demás actores de la sociedad.
Siempre habrá desacuerdos entre los seres humanos. Lo importante es cómo resolverlos satisfactoriamente para que ambas partes estén de acuerdo. Una es de manera agresiva, con indiferencia, gritos e insultos, y otra, con diálogo y comprensión, llegando a acuerdos mutuos y beneficiosos.
Qué hacer si los padres discuten
Las discusiones de los padres normalmente se deben a desacuerdos en su relación de pareja, su proyecto de vida o la educación de los hijos. Por ello, es importante que los progenitores aprendan a aplicar técnicas en resolución de conflictos para así poder tomar decisiones en común acuerdo en pro del bienestar, formación y educación de los hijos.
Si los padres aprenden a comunicarse con respeto (consensuando sus diferencias en creencias, pensamientos u opiniones), los hijos aprenderán a obedecer respetando la comunicación, escuchando al otro y mediando por la mejor opción: sabiendo trabajar en equipo, pensando siempre en el bienestar mutuo y no pensando en su propio bienestar, fortaleciendo así su propio carácter.
Es, por ende, preferible que los padres realicen este proceso de manera independiente y luego, entre ellos, trasmitir el resultado final ante la situación. Esta conclusión se debe llegar luego de escuchar los argumentos de los hijos ante la situación y, de esta manera, consensuar todos los aspectos posibles a la resolución del conflicto.
Consecuencias en los hijos
El simple hecho de que un hijo presencie discusiones reiteradas, salidas de tono y malos humores entre los padres genera choques emocionales que pueden atrofiar su desarrollo cognitivo, su desempeño y su manera de comunicar sus pensamientos, ideas, sentimientos, y emociones. Esto afecta a su percepción de vida, al calificar sus experiencias en buenas o malas, influyendo en su forma de relacionarse con otras personas, su imagen, autoestima, seguridad, confianza y amor propio, así como el respeto hacia sí mismo, su familia y otras personas, convirtiéndose en niños introvertidos y agresivos (sin que manifiesten lo que realmente piensan o sienten maltratando y ofendiendo a los demás).
En el futuro serán personas abusadoras del poder, sin saber liderar eficientemente, resolviendo sus conflictos y desavenencias negativamente, con rencor y venganza, al no saber perder o celebrar un éxito. Ellos buscan de cualquier manera controlar e imponer su pensamiento sin argumentos válidos o de humildad. Son seres que en un futuro menosprecian a sus padres, hasta tal punto que podrán llegar al maltrato físico y, finalmente, a la enajenación en un asilo.
Consejos
Es imprescindible que tanto en las familias cuyos padres viven aparte como en aquellos que conviven bajo el mismo techo exista una buena comunicación y, con ello, demostrar madurez ante la resolución de conflictos, cultivando en sus hijos semillas fructíferas que harán de ellos personas de bien, fortaleciendo su seguridad, confianza, amor propio, autoestima, formando personas que serán grandes líderes de sus vidas pues se respetan a sí mismos y a los demás.
Ellos desarrollan una buena habilidad de comunicación, estableciendo buenas relaciones, con el poder de convencimiento de saber transmitir con argumentos válidos sus necesidades y las de los otros pensando siempre en el bienestar de cada persona y apreciando el trabajo en equipo como algo importante para lograr las metas trazadas.
* Sandra Elena López Díaz es psicóloga y miembro de Saluspot








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