Definiciones de culpa:
? F. falta más o menos grave cometida a sabiendas y voluntariamente. Teológica. Pecado o transgresión voluntaria de la ley de Dios (Pequeño Espasa).
? F. (lat. Culpa). Falta más o menos grave: se deben castigar las culpas con justicia. (SINÓN. V. Delito) // Causa, responsabilidad: tú tienes la culpa de mi equivocación (Pequeño Larousse).
? La culpa se refiere a una acción determinada del hombre mediante la cual se viola un principio rector, el hacer debido. Es, por tanto, una forma de praxis en la cual se decide hacer lo que de antemano se estima como indebido, o se hizo lo que retrospectivamente hay que considerar que fue indebido (Carlos Castilla Del Pino).
Desarrollo moral
El hacer indebido que implica la culpa es pensar, desear, hablar y, desde luego, el hacer propiamente dicho. El que algo que hacemos nos produzca sentimiento de culpa, nos sintamos culpables, no depende intrínsecamente de la acción misma, sino del juicio de valor que a ella conferimos. Este juicio de valor de la culpa es subjetivo. En su génesis, sin embargo, los juicios de valor son prestaciones del medio, es decir, la cultura, la sociedad actual.
Es el efecto que sobre los otros provoca mi acción y la reacción que los otros suscitan sobre mí (efecto boomerang), lo que en el proceso de socialización nos hace adquirir el conocimiento sobre el valor o juicio de valor de nuestro comportamiento. Es así como se desarrolla nuestra moralidad.
Describimos ahora las etapas evolutivas de tal desarrollo moral.
1. Fase prenómica: el bebé necesita al adulto para la atención de sus necesidades vitales, es totalmente dependiente, y carece de toda responsabilidad. En determinados trastornos, el adulto puede sufrir una regresión, como es el caso de la depresión.
2. Fase anómica: el niño de 2 a 6 años ya tiene consciencia de sí mismo y goza de un sistema de autorregulación y recursos de acción. Aún así, muestra un alto grado de egocentrismo y no es capaz de asumir una perspectiva ajena, lo que le vale para excusarle de las convenciones sociales. Los trastornos del adulto relacionados con esta etapa son los que implican alta impulsividad, falta de empatía y gratificación inmediata.
3. Fase heteronómica: es antes de la pubertad cuando el niño consigue introyectar las convenciones sociales y normas, características de cada grupo o sociedad humana. De la relación dialéctica entre convenciones sociales y deseos propios del niño, el resultado que nace se llama conciencia moral. Mediante la conciencia moral, el niño satisface sus necesidades sin violar las normas de convivencia. Del posible conflicto o fracaso del niño en este equilibrio entre deseos propios y normas pueden ser consecuencias miedos o fobias sociales, claustrofobia y pensamiento obsesivo sobre improbables responsabilidades, alimentadas por un intenso sentimiento de culpa.
4. Fase socionómica: nos encontramos en la adolescencia. El adolescente intenta superar la dependencia de la anterior fase y ser más autónomo, regulándose por los criterios del grupo de iguales (rebeldía). También puede haber tendencia a la complacencia sexual. De los conflictos no resueltos de esta etapa surgen los trastornos alimentarios, las dependencias emocionales y la agorafobia (que es una muerte social).
5. Fase de autonomía: Desde el punto de vista psicológico, la autonomía es un concepto más complejo que la simple autonomía funcional, económica, social o política. Se refiere esencialmente a la capacidad de autodeterminación. Aquí el adulto no sufre un neurótico sentimiento de culpa. La persona ejerce su derecho a “cometer errores y ser responsable de ellos”. No escapa de sus problemas culpando a otro o fantaseando con una vida libre de problemas. Y sus principios rectores no son externos, eso lo llevaría a fases anteriores de su desarrollo moral y a la rigidez y pérdida de libertad. Su ética principalmente es la ética genuina, de “no hacerse daño ni hacer daño”. Si se equivoca, repara las consecuencias de su acción (por ejemplo, repone el objeto roto) o se atiene a las consecuencias (por ejemplo, perder una relación por una infidelidad) sin sumergirse en la neurosis de la culpa sin final. La estructura moral de la autonomía explica fenómenos como la resiliencia. Es importante recordar que ser autónomos no significa no sufrir, es tan solo seguir con nuestro progreso como personas (no bloquearnos) y desarrollar la parte espiritual, dar sentido a nuestra existencia, que es diferente, sin duda, a la existencia de otro ser.
* María Vallejo Guardiola es psicóloga sanitaria y miembro de Saluspot








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