¿De qué ciudadanos estamos hablando?
Los jóvenes y sanos, los viejos, las madres y padres de niños pequeños, los enfermos crónicos, las clases medias, los pobres, los ricos, los extranjeros, los nacionales, los que tienen enfermedades graves, los que tienen enfermedades raras, los que tienen enfermedades corrientes, las embarazadas, los dependientes, los que tienen enfermedades mentales, los niños, los adolescentes…
¿Qué buscan y qué esperan de la Sanidad los ciudadanos?
Todos buscan mejorar su salud cuando enferman, eso no admite duda; algunos buscan recuperar lo pagado, o ser queridos y cuidados por alguien; algunas veces se trata de no ser menos que el prójimo que tiene un enchufe o se paga un privado. Con frecuencia, se trata simplemente de consumir Sanidad como efecto del marketing feroz que nos rodea y que expone un mundo de juventud, belleza, salud y vida interminable como paradigma del éxito personal y vital.
Tal como están a veces las listas de espera, cada cual se busca la vida como puede para lograr el ansiado acceso al servicio que se pretende. Para resolver su problema, grande o pequeño, se anhela disponer inmediatamente de todo, aunque no sea estrictamente necesario, o ni siquiera sea conveniente.
La búsqueda política del voto («el dinero sigue al cliente») ha generado en los ciudadanos, en su relación con el sistema sanitario público, un exceso de expectativa.
Por otra parte, el denostado paternalismo médico está siendo sustituido por el Dr. Google, y aunque este doctor sigue sin resolver la asimetría real en la información entre el profesional y el paciente, sí altera la relación entre ambos y la toma de decisiones, y no siempre es de forma positiva.
¿Puede un Servicio Nacional de Salud dar satisfacción a tanta expectativa de personas de tan variada actitud y necesidad?
Ha podido durante años, aunque tapando aquí y destapando allá. Se ha intentado inútilmente sujetar el gasto, cuyo incremento obedece a múltiples causas, como la evolución de la ciencia médica, el gasto ineficiente, el cambio en el ejercicio de la medicina en un mundo donde no cabe ni el error ni el abandono de la actitud activa.
¿Cuál es la deriva que se vislumbra?
La vuelta atrás es difícil, si no imposible.
Lo que se vislumbra es una medicina de autoservicio, un supermercado de productos al que se accederá según los medios económicos de que se disponga. No habrá nadie en quien confiar en esta apuesta a ciegas en que se juega la salud y/o la vida y en la que el paciente puede pasarse o no llegar a la hora de elegir.
¿Será ésta la Sanidad que están persiguiendo los ciudadanos?








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