El dolor crónico infantil se ha caracterizado por la escasa atención que ha merecido en el ambiente pediátrico. En España, 1 de cada 10 pacientes con dolor crónico es un niño, mientras que sólo 1 de cada 50-100 ensayos clínicos se llevan a cabo en pacientes pediátricos, lo que constata que el dolor crónico se analiza de 5 a 10 veces menos en los niños que en los adultos.
Así se ha puesto de manifiesto en la XVIII Reunión Multidisciplinar de Expertos, organizada por la Cátedra Extraordinaria del Dolor Fundación Grünenthal de la Universidad de Salamanca, que en esta edición se ha centrado en el dolor infantil.
“Con el objetivo de visibilizar esta problemática y promover una mayor sensibilización entre los profesionales y la sociedad, esta reunión de expertos busca contribuir a mejorar el estudio y tratamiento del dolor crónico infantil en España”, ha comentado el director de la Cátedra y coordinador del Grupo de Trabajo de Dolor Infantil de la Sociedad Española del Dolor (SED), Jordi Miró.
Además de compartir los últimos avances alcanzados en su abordaje, los profesionales implicados han analizado la situación actual en nuestro país y han planteado propuestas para una organización asistencial más eficiente, orientada a satisfacer las necesidades específicas de los pacientes pediátricos.
“Para poder diseñar una estrategia terapéutica correcta se debe tener en cuenta que el niño, a diferencia del adulto, tiene importantes limitaciones en la capacidad de transmitir una información acerca del dolor que sufre, tanto del tipo de dolor como de su intensidad”, ha recordado el director de la Cátedra, el profesor Clemente Muriel.
Mayor coordinación
A pesar de los progresos en el tratamiento de dolor crónico de los últimos años, aún falta abarcar de manera integral el dolor del paciente pediátrico. Para ello, el profesor Muriel señala que es indispensable una mayor coordinación, asumiendo el concepto de multidisciplinariedad como base del tratamiento.
“El correcto manejo del dolor infantil en España requiere un cambio en el modelo asistencial. Entre las causas de este infratratamiento se han encontrado de diversa índole, incluyendo económicas, sociales o culturales”, ha añadido.
Por su parte, el doctor Miró ha recalcado que “el abordaje del dolor pediátrico se dirige a consolidar equipos multidisciplinares preparados para atender las demandas de estos niños y sus familias, a la vez que investigan y contribuyen al progreso y mejora de las intervenciones utilizadas”.
Respecto a los factores que cronifican el dolor, Jordi Miró ha asegurado que “son varios, ya que se trata de una experiencia multideterminada. Aun así, dado que no son siempre los mismos en todas las personas, ni tiene el mismo peso en el tiempo en un mismo paciente, se sigue sin reconocer el dolor como patología en sí misma. El dolor, en general, se considera un síntoma, aunque existen abundantes evidencias de que el dolor crónico, también el que afecta a niños y jóvenes, es mucho más que un mero síntoma y debe ser atendido como tal”, asegura el profesor Miró.
Secuelas a largo plazo
Durante el evento, los expertos han coincidido en que si el dolor no se trata adecuadamente en la edad infantil puede provocar secuelas a largo plazo. Estudios realizados en las últimas décadas advierten que el dolor que se experimenta en las primeras etapas de la vida puede exagerar la respuesta afectiva y funcional frente a estímulos posteriores o próximas experiencias dolorosas durante la niñez. Por lo tanto, la exposición temprana, repetida y prolongada al dolor se ha relacionado con dificultades en el desarrollo cognitivo y del aprendizaje de neonatos.
Además del alto riesgo de presentar dificultades en el aprendizaje y el rendimiento, estos niños son mucho más vulnerables a los estímulos positivos o negativos, por lo que el dolor puede ocasionar consecuencias mayores.
En este sentido, el profesor Miró apunta que “aunque los datos no son concluyentes, sí hemos podido constatar que los pensamientos negativos, las actitudes hacia el dolor y su manejo, o las reacciones de los demás, particularmente de los familiares, influyen en el proceso de cronificación del dolor”.
Para que el dolor infantil no sea infradiagnosticado es indispensable su observación. “No solo en el hospital o en la consulta, sino también en el colegio y en el entorno familiar, por lo que intervienen también padres y maestros. En estos casos resultaría de gran utilidad la elaboración de una guía de orientación para que los padres o tutores de niños con dolor crónico supieran identificar los síntomas”, recalca el profesor Muriel.








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