Cuando el actual Gobierno de España anuncio la Ley de Eutanasia para todas las personas con enfermedades crónicas, “agarré la bola de cristal” para poder ver con mayor nitidez los verdaderos propósitos de unos elementos carentes de sentimientos, cuyo principio y fin de todos sus atropellos podrían estar centrados en llenar las faltriqueras con la plata de los españoles más indefensos, arruinar el país y dirigir nuestras vidas.
No estaba yo equivocada y así se lo hice saber al caballerete monsieur Sánchez en una larga carta de seis folios (debidamente argumentados) certificada y con acuse de recibo, cuya respuesta (en siete líneas) estaba versada en los presupuestos generales, que nada tenían que ver con todo lo expuesto. Entonces comprendí muchas cosas, y bastantes más cuando ese hombre de la Pampa Argentina (Pablo Echenique) asomó sus bembas por las televisiones del país apostillando que los enfermos crónicos suponían mucho gasto a la Sanidad pública (¡anda que está él bonito como para ponerse a hacer valoraciones sobre los españoles que queremos vivir y que venimos cotizando décadas a la Seguridad Social!).
Y viene a colación esta estradilla que diferencia los actos de humanidad de los procederes canallas de los mandatarios porque cuando, en enero del presente año, el gran médico policial José Antonio Nieto, responsable del área de Prevención y Riesgo Laboral de los agentes del Cuerpo Nacional de Policía (Cuerpo al que yo me siento muy unida, al que amo, al que admiro y al que respeto), que siempre se ha destacado por su honestidad y gran profesionalidad, entregó un informe al Gobierno advirtiendo sobre la llegada de la peste china a España y sobre el gran potencial mortal que tenía este virus, monsieur Sánchez y su equipo hicieron mutis por el foro. Nieto pidió, con urgencia, material de protección para sus policías y demás Cuerpos y Fuerzas de Seguridad destacados en aeropuertos y puestos fronterizos, así como la recomendación de que se hiciera lo propio con todo el personal sanitario del país que se estaba jugando la vida en los hospitales.
Según las manifestaciones del responsable de Prevención y Riesgo Laboral del Cuerpo Nacional de Policía, Antonio Nieto, el Ministerio de Sanidad pretendió quitar las mascarillas a los policías alegando que dichos adminículos y los geles hidroalcohólicos provocaban alarma social. Por otra parte, la señora adosada al portavoz sanitario del Gobierno (al señor Simón) explicó que ni la Policía ni la Guardia Civil iban a ser clasificadas como profesión de riesgo de contagio.
Y yo pregunto: ¿No se le cayó la cara de vergüenza al presidente y demás miembros del Gobierno? El Gobierno calló, negó, confundió (sigue haciéndolo) a los españoles durante meses. Mientras este gran médico policial se debatía entre la vida y la muerte en un hospital, contagiado por el virus, determinadas feministas adosadas al presidente de España se manifestaban por las calles de Madrid voceando que “el virus del día ocho se lo pasaban por el chocho”. Sí, las mismas que en su día se movilizaron por un perro con síntomas de ébola, son las que en momentos tan críticos han callado, dejando morir de pena a cerca de ochenta mil seres humanos (las cifras oficiales ni cuadran hoy ni cuadrarán mañana), entre ellos médicos, enfermeras, policías, guardias civiles y militares.
José Nieto ha sido cesado de su cargo por ser legal, humano, profesional, por no mentir y porque, en su intento desesperado por salvar vidas… se convirtió en un médico policial molesto para el jefe de la Moncloa y para toda su pandilla. ¿Ahora vienen con la pantomima de homenajear a los miles y miles de personas que han muerto? ¡Se me revuelven las entrañas, caballerete Pedro Sánchez!
En estos momentos me viene a la memoria la postura de aquel militar y político inhumano, Simón Bolivar, que regaló a los indios mapuches (de los que pensaba que eran más ignorantes que la raza vil de los españoles) centenares de mantas infectadas por la gente que había muerto por la malaria o paludismo. Ahí lo dejo caer, por si a los seguidores del déspota “libertador” se les mueve la conciencia y les sirve para algo. Voy a comenzar a escribir la verdadera historia de lo que ha pasado, de lo que está pasando y de lo va a pasar en España, e insto a todos los españoles sobrevivientes de tan mal proceder a que hagan lo propio y lo guarden en lugares seguros, allá donde los sepultureros (¿) no puedan acceder a los textos, ni profanarlos.








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