
En la consulta osteopática estamos acostumbrados a tratar con cuadros clínicos derivados del uso excesivo de estos dispositivos. Algunos ejemplos serían: dolor cervical y dorsal, dolor de cabeza, dolor de espalda, tendinitis de codo (epicondilitis) síndrome del túnel carpiano (manos dormidas, dolor en la muñeca), dolor en los pulgares…
Estas manifestaciones se dan sobre todo en personas que trabajan todo en día delante de un ordenador o que utilizan constantemente dispositivos móviles, donde el trabajo con los pulgares o la mirada fija en letras pequeñas es continuo. ¿Por qué aparece el dolor? Principalmente, porque no se adopta una postura adecuada para trabajar.
A menudo la espalda no está bien apoyada en la silla, lo que favorece que la columna lumbar se flexione y terminemos mal apoyados sobre la silla. Este cambio de nivel de la columna provoca que la zona alta de la espalda quede también flexionada, con los hombros posicionados más adelante y la cabeza también proyectada hacia delante (así también nos concentramos en fijar más la mirada en la pantalla del dispositivo).
El resultado de esta postura mantenida durante muchos minutos, e incluso horas (nos sorprenderíamos de la capacidad que tenemos de estar quietos ante la pantalla mientras trabajamos o navegamos por Internet), es un aumento de la tensión en la musculatura de los trapecios (que unen los hombros con la columna cervical y dorsal) y un aumento de compresión a niveles de los discos intervertebrales de la columna cervical.
Por tanto, la musculatura acaba contracturada, de forma que dificulta el riego sanguíneo hacia los brazos y facilita la compresión de los nervios que salen de las cervicales y llegan hasta los dedos de las manos. Este hecho, combinado con una tensión permanente en la musculatura de los antebrazos y las muñecas para ser precisos en nuestras tareas (teclear en el ordenador, mover el ratón, escribir un Whatsapp…) es suficiente como para que, al cabo de un tiempo, el cuerpo empiece a dar señales de fatiga (dolor u hormigueos en las manos, cansancio de brazos, tendinitis de codo u hombro, etc.).
La mejor manera de prevenir estos síntomas sería:
• Vigilar mucho nuestras posturas en el trabajo, empezando por una correcta posición en la silla.
• Hacer pequeñas pausas cada hora para levantarse y movernos un poco de la silla. Así permitiremos que la musculatura se oxigene de nuevo y se estire, quedando preparada para una nueva sesión de trabajo estático.
• Es recomendable acudir al osteópata y/o fisioterapeuta en caso de presentar algunos de los síntomas descritos, y hacerlo al inicio. La combinación de estos factores preventivos con ejercicio físico es la clave para evitar en gran medida cualquiera de estos síntomas y ser más eficientes en nuestras tareas habituales.
*Óscar Hernández Amigo es osteópata y miembro de Saluspot








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