Hay cosas que no tienen fecha de caducidad, como la falta de confianza y los sentimientos heridos, pero el dolor mantenido puede continuar durante años como una mala noticia que un dia nos llegó. Lo bueno es que nunca es tarde para curar las heridas que ocurrieron hace mucho tiempo.

Lucía tenía 52 años y Marcos 71 cuando él sufrió un infarto grave. Durante casi dos años ella se dedicó a cuidarle. Los dos coincidían en que gracias a sus atenciones Marcos había salvado la vida. Aunque Lucía se esforzó tanto, que empezó a sufrir fatiga por compasión, que es considerada como un estrés que se adquiere en la relación y el cuidado de un enfermo grave, y de la empatía y el compromiso emocional con él.
Al poco tiempo de la recuperación de Marcos, Lucía empezó con problemas de salud y se hundió en una depresión. Ellos tenían un negocio que les iba bien, pero ahora podían perderlo por el deterioro de la salud de ella. Trabajaban ambos y luchaban para salvar el negocio. No eran felices, estaban agotados y Lucía tenía un resentimiento creciente.
Un día descubrieron que aunque la vida acelerada es un estímulo y puede resultar excitante, por sistema no favorece las relaciones amorosas y la intimidad de la pareja. Como la mente viaja con más velocidad que el corazón, entonces la conexión exige menos velocidad con el amado. Por eso, si queremos ir más despacio debemos experimentar la ansiedad y también la impaciencia que acompañan el cambio de ritmo.
Ralentizarnos, ir más despacio, prestar atención a los sentimientos, a las necesidades de la pareja, suaviza más nuestra salud y nuestro bienestar que otras actitudes… Y se tarda en deshacer la adicción que tenemos a la prisa, pero una vez que se ha logrado, la vida nos ofrece una transformación constante a mejor.
Además, Marcos estaba deseoso de corresponder a los cuidados y el compromiso emocional de Lucía, y según se fue sintiendo mejor, empezó a cuidarla. Pero había dificultades; Lucía no confiaba en los sentimientos de Marcos hacia ella. Temía que si le necesitaba no estuviera dispuesto a atenderla. Marcos sentía que para ella no hacía nada bien, y por más que se esforzaba, no conseguía hacerla feliz.
Lucía reconoció que nunca habían tenido una profunda intimidad en su matrimonio. Ella temía que ya fuera tarde. Tomaron juntos la decisión de hacer terapia de pareja. Marcos aprendió a ser más sensible con Lucía y más paciente con él mismo. Optó por no discutir con ella, porque se generaba una lucha de poder; en su lugar, se comprometió a ser más amoroso y grato, aunque no sabía cómo iba a ser recibido. Para mostrar su amor venía una vez a la semana a sesiones individuales o de pareja. Colaboraba en las tareas de la casa, la compra, la cocina, y cada día le decía a ella que la quería.
Hacía años que Marcos y Lucía no mantenían una vida sexual activa. Él roncaba y se movía mucho en la cama, y por eso dormían en habitaciones separadas. Les propuse un ritual: tumbarse uno junto al otro en la cama para estar más cerca, antes de irse a sus habitaciones a dormir. Así fueron recuperando poco a poco un sentimiento de delicadeza en común. Pasado el tiempo, su intimidad creció. Lucía se fijó en los esfuerzos de Marcos hacia ella. Se fue haciendo más comprensiva y demostraba su amor a Marcos.
Centraron su atención en la época más complicada de su relación para ganar en dulzura y confianza. Estos sentimientos crecieron mucho más que en otros momentos de su vida, para llegar a conseguir la confianza perdida y el amor que anhelaban.
Autora del libro El sexo, magia para tu cuerpo
Tf.: +34 639 555 994








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