En ocasiones anteriores ya he abordado en esta columna la conveniencia de definir qué hospital necesita Salamanca ahora y para el futuro. Hace ya muchos años se observó la necesidad de construir un nuevo hospital y están avanzadas las obras del mismo sin que, a mi entender, tengamos claro qué tipo de hospital vamos a necesitar.

Esta misma reflexión debería haberse realizado respecto de otros hospitales que se han construido o se están construyendo en Castilla y León, puesto que las circunstancias son similares. En ningún caso se ha hecho.
La población de Castilla y León está disminuyendo y la que permanece en la Comunidad está cada día más envejecida. Ello tiene una consecuencia inmediata: el aumento de pacientes con enfermedades crónicas, muchos de ellos dentro de lo que se conoce en la terminología sanitaria como pacientes frágiles. Son pacientes polimedicados, que requieren frecuente atención sanitaria (no siempre médica) y con un consumo creciente de recursos, especialmente en los últimos años de su vida.
¿Precisan estos pacientes de hospitales dotados de alta tecnología? Parece obvio que la respuesta es que no, precisan de otro tipo de asistencia, de tipo ambulatorio, más próxima a su domicilio, con una red de apoyo social y, en caso de requerir ingreso, deberían hacerlo en hospitales de media estancia o de crónicos, que son precisamente los que faltan.
¿Son entonces necesarios hospitales de agudos dotados de alta tecnología? La respuesta obvia es sí. Son necesarios este tipo de hospitales para la atención a la población más joven que presenta generalmente enfermedades agudas y son necesarios también para la atención a pacientes crónicos, más jóvenes, con agudizaciones de su enfermedad. Pero además, son necesarios también para el desarrollo de otras actividades, como la docencia y la investigación, aspectos fundamentales para el progreso de la Medicina, y que tienen especial importancia en el caso de Salamanca para la formación de los alumnos de Medicina y de otras Ciencias de la Salud.
El problema radica en la búsqueda del equilibrio entre ambos tipos de asistencia, entre la asistencia para pacientes crónicos y personas de edad avanzada y la asistencia para pacientes agudos. En el momento actual, existe un claro desequilibrio a favor de este último modelo, mientras que los cambios poblacionales caminan en sentido contrario. Por eso sería necesario definir un modelo sanitario para Castilla y León que contemple esta situación y que racionalice el tipo de centros sanitarios que precisa nuestra Comunidad. Ello es necesario desde el punto de vista de mejorar la asistencia a los pacientes (los hospitales de agudos son inhóspitos para quien no los necesita estrictamente) y también desde el punto de vista del gasto sanitario: los hospitales de media estancia son mucho más baratos.
Dado que en Castilla y León estamos ante el hecho consumado de estar finalizando una red asistencial hospitalaria de agudos (la mayoría de los hospitales de la Comunidad se han reformado o construido nuevos en los últimos años), es necesario definir en una red verdaderamente integrada las competencias de cada uno de estos hospitales y de los servicios que las constituyen, evitando duplicidades e inversiones que no sean rentables (y, por tanto, sostenibles), estableciendo servicios de referencia y compartiendo recursos entre las distintas áreas asistenciales. El momento actual puede ser favorable para definir mejor los servicios y áreas de referencia.
Por otra parte, como señalaba anteriormente, finalizada o a punto de finalizarse la red de agudos, es preciso también definir el modelo asistencial para la cronicidad, que estos grandes hospitales no van a resolver, y el modelo no pasa por habilitar unidades especiales para estos pacientes crónicos en hospitales de agudos (salvo con carácter transitorio).
Posiblemente el modelo pasa por una mayor responsabilización de la Atención Primaria (dotándola de mayores recursos y exigencias), por la potenciación de la mal llamada ahora Hospitalización Domiciliaria, por hospitales de media estancia (en el caso de Salamanca, el hospital Los Montalvos podría ser una buena solución y otras áreas sanitarias tienen hospitales similares) e, inevitablemente, por una mayor interconexión entre la asistencia sanitaria y la asistencia social, con especial atención a la dependencia.
Es preciso, por tanto, un amplio debate social, desapasionado, con un amplio horizonte de miras, pensando en el presente, pero también en el futuro, que garantice una asistencia sanitaria de calidad que contemple todas las necesidades asistenciales, y ello solo será posible si se alcanza un amplio consenso entre responsables políticos, administraciones, fuerzas sociales, pacientes y profesionales. Visto como está el panorama actual, parece utópico, pero siendo necesario será inevitable, así que cuanto antes se aborde mejor resultará (para todos).









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