Como cada 31 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día Mundial Sin Tabaco con el objetivo de evidenciar los riesgos para la salud asociados con el tabaquismo y abogar por políticas públicas eficaces para reducir su consumo. El tabaco es una de las mayores amenazas para la salud pública que afronta el mundo. Mata a casi 6 millones de personas al año. Aproximadamente el 80% de los más de mil millones de fumadores que hay en el mundo viven en países de ingresos bajos o medios, donde es mayor la carga de morbilidad y mortalidad asociada al tabaco. Es por esta razón que el lema del Día Mundial Sin Tabaco 2017 es: El tabaco, una amenaza para el desarrollo.
Los Programas de Control del Tabaquismo, que están incluidos en la Agenda para el Desarrollo Sostenible, son una de las formas más eficaces de contribuir al logro de la meta 3.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030: reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles en todo el mundo, incluidas las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica).
“Entre un 85% y un 90% de los casos de EPOC son atribuibles al tabaquismo. Si en el mundo no se fumara, la EPOC sería una enfermedad rarísima. En España afecta al 9% de las personas de 40 o más años de edad”, apunta Carlos A. Jiménez Ruiz, director del Programa de Investigación de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).
La Encuesta europea de salud en España, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y coordinada por Eurostat, se refiere al tabaquismo como la primera causa evitable de muerte en España. Pese a la reducción del consumo en los últimos años, todavía fuman un 23% de la población (27,6% de los hombres y el 18,6% de las mujeres). La tendencia al descenso se produce en todos los grupos de edad, pero es especialmente marcada entre los jóvenes. Las mujeres del grupo de 15 a 24 años han pasado de fumar el 21% en 2011 al 15,5% en 2014, mientras que en los hombres de este grupo ha descendido también, pero solo un punto porcentual (de 22,5% a 21,6%).
“La clave para terminar con la epidemia del tabaco es combinar la ayuda médica a los fumadores para que dejen de serlo con unas políticas públicas más estrictas”, opina el doctor Jimenez. “Los fumadores deben intentar dejar de fumar; así, no solo mejorarán su salud, sino también la de las personas no fumadoras expuestas al aire ambiental contaminado por humo de tabaco”.
Por su parte, los gobiernos de todos los países que actúan en favor del desarrollo sostenible deben potenciar la aplicación del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, en vigor desde 2005.
El convenio de la OMS hace especial hincapié en tres medidas que los gobiernos deberían legislar de forma más estricta: las advertencias textuales y gráficas impactantes; la prohibición de la publicidad, la promoción y el patrocinio del tabaco; y establecer impuestos más altos al producto. Aumentar un euro el impuesto sobre los cigarrillos permitiría recaudar a nivel mundial 190.000 millones más. El incremento de estos impuestos generaría ingresos fiscales para los gobiernos, reduciría la demanda de tabaco y sería una fuente de ingresos importante para financiar la cobertura sanitaria universal y actividades de desarrollo.
Agrava las desigualdades sanitarias y la pobreza
“Actualmente el consumo de tabaco agrava las desigualdades sanitarias y la pobreza. Las tasas más altas de consumo de tabaco se centran en las poblaciones más económicamente deprimidas, que además es el grupo social que dedica menos recursos a necesidades básicas como la alimentación, la educación y la atención sanitaria”, explica el doctor Jiménez.
Además de salvar vidas y reducir las desigualdades sanitarias, los programas integrales de lucha antitabáquica pueden limitar las consecuencias negativas para el medio ambiente del cultivo, la producción, el comercio y el consumo de tabaco, tal y como apunta la OMS. Estos programas también ayudan a romper el ciclo de la pobreza, erradicar el hambre, promover la agricultura sostenible y el crecimiento económico y luchar contra el cambio climático. Estos son otros de los argumentos que esgrime la OMS para la lucha contra el tabaquismo.
En el cultivo del tabaco se utilizan grandes cantidades de plaguicidas y fertilizantes que pueden ser tóxicos y contaminar fuentes de suministro de agua. Cada año, estos cultivos utilizan 4,3 millones de hectáreas de tierra y causan entre un 2% y un 4% de deforestación del planeta. Además, la fabricación de productos de tabaco genera 2 millones de toneladas de residuos sólidos. Y estos números corresponden solo a la producción “legal” del tabaco a nivel mundial.
El comercio ilícito de productos de tabaco plantea en el mundo entero grandes problemas sanitarios, económicos y relacionados con la seguridad. Se estima que uno de cada 10 cigarrillos y demás productos de tabaco que se consumen a nivel mundial es de origen ilícito. El mercado ilícito cuenta con el respaldo de diversos agentes, desde pequeños vendedores ambulantes hasta redes del crimen organizado involucradas en el tráfico de armas y de seres humanos. La eliminación del comercio ilícito de tabaco contribuiría a la reducción del consumo nocivo del tabaco, pues restringiría la disponibilidad de alternativas baratas y no reglamentadas e incrementaría los precios generales.








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