Este componente de la sangre que, como el resto, no puede fabricarse de forma industrial, depende exclusivamente de la donación humana. Sin embargo, a diferencia de la donación de sangre, en la que somos autosuficientes desde hace más de 30 años, en plasma no alcanzamos ni la cuarta parte de las necesidades diarias. “Los hemoderivados plasmáticos -explica José Antonio García…
Este componente de la sangre que, como el resto, no puede fabricarse de forma industrial, depende exclusivamente de la donación humana. Sin embargo, a diferencia de la donación de sangre, en la que somos autosuficientes desde hace más de 30 años, en plasma no alcanzamos ni la cuarta parte de las necesidades diarias.
“Los hemoderivados plasmáticos -explica José Antonio García Erce, director del Banco de Sangre y Tejidos de Navarra y vocal de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH)– solamente pueden provenir de donación humana a partir del plasma de los donantes y según los datos de 2025, sólo el 25% de la inmunoglobulina que usamos en España procede de donantes españoles, el resto tenemos que importarlo y llega sobre todo de Estados Unidos”.
El plasma es obtenido a partir de la sangre tras centrifugación de una donación normal, pero también puede obtenerse mediante un procedimiento de aféresis, en el que se devuelven al donante los componentes no utilizados. En el primero de los casos se obtienen alrededor de 250 centímetros cúbicos de plasma, en el segundo alrededor de 600. Hematología trabaja no solo para aumentar el número de donaciones, también para reducir el consumo de plasma, optimizando su uso en entorno clínico y buscando alternativas a este derivado, que ahora mismo no existen.
¿Para qué necesitamos el plasma?
El plasma de uso clínico, el transfusional, se usa principalmente para el tratamiento de coagulopatías, trastornos hemorrágicos, traumas, grandes cirugías o en pacientes con quemaduras graves. “El resto -recalca el doctor García Erce- lo utilizamos para obtener una veintena de proteínas diferentes que no pueden fabricarse de forma industrial y proceden únicamente de donantes humanos. Pero, en España, apenas cinco o seis de estas proteínas proceden de donantes españoles. El resto tenemos que importarlas”.
Las proteínas derivadas del plasma tienen como destino la fabricación de medicamentos para pacientes con algún trastorno genético congénito y pacientes con inmunodeficiencias adquiridas. “En este grupo -cuenta José Antonio García Erce- se incluyen pacientes trasplantados o aquellos sometidos a terapias celulares o nuevos tratamientos oncológicos. En los últimos cinco años ha crecido el consumo de inmunoglobulinas en España en más de un 40%”.
A estos grupos de pacientes se suman los que sufren enfermedades autoinmunes, “que han experimentado un importante crecimiento después de la covid -añade García Erce. Las inmunoglobulinas son una de las opciones terapéuticas que tenemos para regular o modular la reacción de los anticuerpos en patologías como el síndrome de Guillain-Barré, miastenia gravis y otras enfermedades neurológicas”.
La alternativa terapéutica en estos casos es el recambio plasmático terapéutico, realizado por las unidades hospitalarias de aféresis, bajo la dirección de hematólogos. La necesidad de aumentar las donaciones y los donantes impulsa la petición del Grupo Español de Aféresis (GEA), de la SEHH, de más unidades abiertas de forma permanente.











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