La bata blanca sigue siendo un símbolo de profesionalidad y confianza entre los médicos, pero también de sexismo, según una nueva investigación publicada en la revista ‘BMJ Open’.
A muchas doctoras que llevan puesta la bata blanca se las identifica de forma errónea como enfermeras o asistentes de médicos, lo que sugiere la presencia de sesgo de género en los pacientes y demuestra la necesidad de crear iniciativas destinadas a reducir la desigualdad.
Según explica a SINC el líder del estudio e investigador de la Universidad de Ciencias Médicas de Hwasung (Corea del Sur), James Youn, la razón de ello se debe a las «percepciones tradicionales sobre los roles de género en medicina».
Históricamente, los puestos de enfermería y asistencia eran ocupados por mujeres, mientras que los médicos eran en su mayoría hombres, según argumenta el experto. «Como resultado, los pacientes pueden asociar inconscientemente a las mujeres con atuendo clínico con roles no médicos, incluso si llevan la misma bata blanca que sus colegas masculinos», destaca Young.
La bata blanca según la especialidad
Por otro lado, la consideración popular sobre la bata blanca también depende del contexto clínico y la especialidad médica a la que pertenezcan los trabajadores sanitarios. Hay profesiones de la salud en las que no se valora tanto su uso, como en el caso de cuidados paliativos. Y otras, como en urgencias, donde los pacientes prefieren ver vestimentas más cómodas y dinámicas, como los uniformes de cuerpo entero (scrubs, por su nombre en inglés).
Mientras, los médicos de ortopedia, cirugía, dermatología, oftalmología, obstetricia, ginecología y de familia pertenecen a algunas de las especialidades en las que los pacientes se inclinan por el uso de bata, según explica el estudio.
«La bata blanca es más que un uniforme: es un símbolo visual de profesionalidad, limpieza y confianza», explica Youn. «Durante más de un siglo, ha representado el conocimiento científico y la tradición de la medicina, lo que tranquiliza a los pacientes al saber que la persona que la lleva es un experto cualificado», puntualiza.
Esta investigación revela que la indumentaria puede tener un gran impacto en la satisfacción del paciente, la confianza e incluso la adhesión al asesoramiento médico, además de mostrar cómo son las expectativas sociales en este tipo de trabajos.
Un análisis de casi 10 años
Para saber qué efecto tiene la opinión pública sobre la vestimenta sanitaria hoy en día, los investigadores revisaron más de 724 estudios relevantes entre 2015 y 2024. La mayoría de las referencias eran estadounidenses; otras procedían de Japón, China y Pakistán, y el resto de Indonesia, Etiopía, Corea, Alemania, Malasia, Arabia Saudí, Singapur y Suiza.
Los investigadores se dieron cuenta de que, además de la predilección por el uso de la bata blanca, existían presiones sobre la vestimenta en función del género.
Por ejemplo, los pacientes opinaban positivamente sobe el uso de relojes y gafas en sujetos masculinos porque les hacía verse como confiables, mientras que el código para las mujeres debía ser mucho más estricto.
«Las doctoras suelen estar sometidas a mayores expectativas en cuanto a su apariencia, incluso en el entorno laboral», cuenta Youn. «Cuando visten ropa informal pueden ser percibidas, injustamente, como menos autoritarias en comparación con los médicos varones que visten de la misma manera. Esta doble moral refleja tanto las expectativas como los prejuicios de género implícitos», argumenta.
El efecto de la pandemia de covid
Sin embargo, esta investigación también demuestra que, tras la pandemia de covid-19, la vestimenta se democratizó y las opiniones hacia los uniformes de cuerpo entero mejoraron por su higiene y la facilidad de movimiento que confieren.
Los pacientes informaron sobre un cambio de opinión hacia los atuendos prácticos y fáciles de lavar, lo que revela una mayor urgencia por control de las infecciones. «Además, se ajustan bien a los valores modernos de la atención sanitaria, como la accesibilidad, la colaboración y la atención centrada en el paciente», concluye el experto.
Antiguamente, los médicos vestían de negro porque los encuentros con pacientes eran serios y formales. Ahora, el creciente énfasis por la higiene y los avances científicos en medicina cien años más tarde han llevado a que la bata blanca y otro tipo de indumentaria se conviertan en los atuendos estándar para estos profesionales.
Referencia:
J. Kim. et al. ‘Patient perception of physician attire: a systematic review update’. BMJ Open. 2025
Fuente: SINC








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