Cada 27 de octubre, desde el año 2010, el Día Mundial de la Terapia Ocupacional. Esta profesión es, quizá, la gran desconocida del sector sanitario. Hemos querido acercarnos a ella de la mano de Ana López, la vicepresidenta del Colegio de Terapeutas Ocupacionales de la Comunidad de Madrid.
Es probable que, salvo que se haya tenido un contacto directo con la profesión, poca gente sepa exactamente qué es la terapia ocupacional. El 27 de octubre se celebra el día mundial de esta profesión que el COPTOCAM define como «una profesión sociosanitaria cuya función principal es dotar a la persona de mayor autonomía y calidad de vida empleando para ello la ocupación como medio de rehabilitación». Un terapeuta ocupacional está allí donde una persona que ha perdido autonomía necesite recuperarla y, en efecto, no se circunscribe solamente a los efectos de la edad o de una enfermedad: hay mucho más, como nos cuenta Ana López, vicepresidenta de COPTOCAM (Colegio Profesional de Terapeutas Ocupacionales de la Comunidad de Madrid).
Puede que la vuestra sea una de las profesiones menos conocidas de la rama sanitaria. ¿A qué se debe?
En realidad, se nos va conociendo más poco a poco. La terapia ocupacional está muy dirigida hacia la perspectiva completa de la persona. Hasta hace poco, la salud trataba la patología y no a cómo influye esta en la vida y el desempeño de quien la padece, y como la esencia de la profesión es de un cuidado integral, habíamos quedado muy relegados. Pero justo ahora está cambiando porque está cambiando el paradigma: transitamos hacia un sistema más orientado a la atención centrada en la persona, porque es desde donde parte nuestra intervención. Trabajamos en muchos ámbitos, también a nivel comunitario. Y a partir de ahí, nos orientamos hacia lo que es relevante para esa persona y en cómo afecta a su calidad de vida.
Parece una profesión muy reciente, pero lo cierto es que el origen de vuestro trabajo es bien antiguo…
Ha ido creciendo muy despacito. Hace siglos ya había gente en los centros psiquiátricos que se daba cuenta de que, dar un valor de vida a las personas internadas mejoraba mucho los síntomas. Hablamos de una época en la que la salud mental era tabú y se aislaba a esas personas lo más posible de la sociedad. Aun así, fueron capaces de ver que esas patologías mejoraban cuando les daban una ocupación.
Pero si hablamos de la profesión con el nombre con el que la conocemos hoy, todo arrancó en la I Guerra Mundial y en Estados Unidos. Mucha gente regresó de la guerra con graves secuelas. En España el desarrollo ha ido muy en paralelo con el de la fisioterapia, pero es cierto que empezamos a ser más relevantes ahora.
Aun así, la mayor parte de la gente desconoce qué hacéis exactamente los terapeutas ocupacionales.
Los ámbitos son muy amplios. Nuestro medio es la ocupación. En todos aquellos casos en los que los roles de la persona se ven afectados hay lugar para un terapeuta ocupacional. Lo primero en lo que pensamos es en la rehabilitación tras un ictus, en un ELA, pero ocupamos más espacios. Una persona en prisión con privación de libertad, por ejemplo, tiene sus ocupaciones muy alteradas. Tenemos en la cabeza los procesos más médicos, pero el encarcelamiento altera tu vida de manera muy trascendental. También la de una persona que ha perdido su hogar: su participación en la sociedad ha cambiado radicalmente y eso altera todas las demás áreas. Alguien sin hogar probablemente no tiene trabajo, que es un rol muy importante, y ahí se produce un desequilibrio en las ocupaciones.
En definitiva, darle una nueva oportunidad a una persona que ha perdido algo: libertad, salud, independencia económica…
El objetivo final de un terapeuta ocupacional es buscar a la persona una misión en la vida. Uno de los ámbitos en los que hemos empezado a trabajar más es en la tercera edad: no tiene por qué haber una patología, pero la participación de ese colectivo en la sociedad cambia: estamos jubilados, no tenemos la misma fuerza que antes… Dar ese significado a la vida, entender que somos relevantes, es nuestro objetivo. La soledad no deseada es uno de nuestros grandes caballos de batalla. Se pierden muchas relaciones sociales, se reducen mucho las redes de apoyo.
Dentro del ámbito estrictamente de las patologías —ictus, lesión medular, amputación, enfermedad degenerativa, artrosis, etcétera—, nuestro papel es trabajar para que la participación en la sociedad de esa persona en su día a día sea el mismo que antes. Unas veces con técnicas de rehabilitación; otras, con entrenamiento diferente de las actividades a como las hacía antes; también usamos elementos a los que llamamos productos de apoyo que les van a servir para las actividades de la vida diaria. Y dentro de esas actividades incluyo el ocio ocio, que se queda un poco perdido y es muy importante para la salud.
¿Hay algún caso de éxito, alguna historia especialmente emotiva que recuerdes de tu trayectoria?
Hay una frase que no es mía, pero que representa muy bien lo que hacemos: «El médico te salvó la vida y el terapeuta ocupacional te ayuda a vivirla». Mi área es la rehabilitación neurológica con daño cerebral adquirido. Una persona que ha sufrido una enfermedad que le deja daños neurológicos sabe que ya no va a fallecer, pero su vida no va a volver a ser la misma. De mi historia profesional recuerdo, en concreto, a una paciente que tuvo un ictus siendo muy joven. Después de aquello fue madre. La afectación de su ictus se tradujo en una hemiplejia del lado derecho, y le frustraba mucho no poder sostener en brazos a su bebé. Trabajamos formas para que pudiera llevar en brazos a su hijo: entrenamos formas diferentes de sacar y meter a su bebé en el carrito, en la cuna…, y de llevarlo con ella; por ejemplo, con fulares de porteo.
¿Hay un perfil profesional? ¿Es terapia ocupacional una profesión altamente feminizada, como puede ser la de enfermería?
Diría que en terapia ocupacional quienes nos dedicamos a ella tenemos ese impulso de ayudar a los demás. La terapia ocupacional tiene un perfil profundamente humanista y además está muy feminizado, sí. Pensemos que la educación que recibimos es la de que la mujer se ocupa de los cuidados. En nuestro colegio, y creo que será extrapolable a toda España, un 90% son mujeres.
Por último, ¿cómo le “venderías” esta carrera a un o una joven que no sabe qué quiere estudiar?
Alguien que esté dudando entre dedicarse o no a la terapia ocupacional le diría: «Vente si lo que quieres es ayudar a mejorar la vida de las personas, si deseas poner el punto de satisfacción en la vida de la gente». Porque somos una profesión sanitaria, pero la esencia está en la satisfacción de las personas, no en una célula o en un músculo.
En un sentido más práctico, le diría que somos una profesión en auge. Desde el colegio empezamos a estar en muchos ámbitos en los que antes no estábamos, y hay muchísima demanda de terapeutas ocupacionales. En ocasiones nos cuesta cubrir esta necesidad. Uno de los servicios del COPTOCAM es servir como bolsa de empleo: nos llaman porque no tienen gente para cubrir un puesto, y con buenas condiciones económicas y laborales —nunca publicamos ofertas malas—. Pues bien, a veces hay dificultades para encontrar profesionales.
Por último, otra razón es que puedes hacer lo que quieras. Es un trabajo que cubre tantos ámbitos que hay donde elegir: comunitario, geriatría, neurología, infancia… Precisamente infancia es un área en la que cada vez piden más profesionales. ¡Hay mucho futuro en la terapia ocupacional!













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