Salamanca ha acogido esta mañana la presentación del ambicioso proyecto de investigación financiado por la AECC contra los colangiocarcinomas, tumores que representan el 10% de los cáncer de hígado, se detectan tarde y tienen escasa supervivencia. Y lo que es peor, van en aumento y aparecen en personas cada vez más jóvenes. Hallar las causas para trabajar el diagnóstico precoz y desarrollar terapias eficaces centrará este trabajo coordinado de cuatro grupos españoles en colaboración con redes europeas e internacionales.
Si tomáramos como referencia por ejemplo una provincia como Salamanca, entre 3 y 4 personas al año desarrollarían este cáncer de las vías biliares y es muy probable que ninguna superara los seis meses de vida tras su detección, porque en el mejor de los casos, poder acudir a la cirugía para extirpar el tumor, sólo el 15% de los pacientes lograría una supervivencia a los 5 años.
Primero, porque se desconocen, en general, las causas que originan este tipo de cáncer y así no es posible trabajar en la prevención; segundo, porque la detección precoz no funciona en una enfermedad asintomática que cuando da la cara ya está muy avanzada; y tercero, porque es especialmente resistente a las terapias convencionales.
Descrita la situación de forma resumida, lo que se pretende con este proyecto, al que la Asociación Española contra el Cáncer de Guipúzcoa destina 300.000 euros para los próximos tres años, es comprender la biología del colangiocarcinoma y su evolución, así como aplicar técnicas de genómica, proteómica y metabolómica para analizar miles de datos de forma simultánea y encontrar nuevos biomarcadores sensibles y específicos en suero, orina y bilis que permitan el diagnóstico precoz. Además, se persigue la huella genética de quimiorresistencia de este tipo de tumor para identificar sus debilidades y desarrollar terapias más eficaces.
De ello se encargarán el equipo que dirige el doctor Jesús Bañales en el centro de investigación biomédica de San Sebastián, Biodonostia, que actuará como coordinador; el grupo de la doctora Malu Martínez-Chantar en el CIC-BioGune de Bilbao; y el del doctor Matías Ávila en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) en Pamplona, junto con el anfitrión en la reunión de esta mañana, el doctor José Juan García Marín, director del Laboratorio de Hepatología Experimental and Drug Targeting (HEVEFARM) dedicado al estudio no solo del cáncer sino también de otras enfermedades hepáticas y que está integrado en la Universidad de Salamanca y en el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), además de ser reconocido como Grupo de Excelencia de Castilla y León.
«La Asociación Española Contra el Cáncer renueva cada año su compromiso promoviendo e impulsando proyectos de calidad, siendo la entidad privada que más dinero destina a la investigación con 40 millones de euros comprometidos y 12 millones en el último año», tal y como recordó en la presentación de este trabajo Inmaculada Rodríguez, presidenta de la AECC en Salamanca, añadiendo además la importancia de la lucha contra esta enfermedad desde el principio, desde su origen, incidiendo en la prevención, en un diagnóstico temprano y en el mejor tratamiento.
Objetivos que persigue precisamente este «equipo multidisciplinar con la puesta en común de conocimientos y herramientas contra este cáncer que está aumentado y tiene muy mal pronóstico; queremos hallar biomarcadores para un diagnóstico precoz y terapias efectivas, estamos haciendo una apuesta fuerte contra este tipo de tumor mediante la integracion también en una red europea en la que ya están 1.200 pacientes de los que se obtiene información clínica muy valiosa», en palabras del coordinador del proyecto, Jesús Bañales, preocupado porque ha sido una enfermedad «subestimada», que afecta, según datos oficiales, a unas 70.000 personas en el mundo, con una prevalencia de 5 personas por cada 100.000 habitantes en España, pero «nosotros creemos que hay muchos más».
Conocica como «silence killer», esta enfermedad silenciosa y asesina es también una incógnita, en la que probablemente intervengan multiples factores, desde «un parásito del sudeste asiático detectado en americanos que estuvieron en la guerra de Vietnam, pero que en Europa no existe», hasta la genética o la contaminación. De momento, sólo un 20% de los colangiocarcinomas parecen tener un origen claro en determinadas enfermedades, como la colangitis esclerosante primaria, la colitis ulcerosa crónica, los quistes en la zona o piedras en la vesícula.
Además, como recordó también el doctor José Juan García Marín, el colangiocarcinoma se suele diagnosticar en pacientes con edad avanzada, en torno a los 65-70 años, lo que aumenta la probabilidad de que sufran otras patologías. Se trata por lo tanto de un paciente con una fragilidad aumentada.
A esto se le añade que este tumor pasa desapercibido durante mucho tiempo porque, a diferencia de otros tipos de cáncer hepáticos, estos pacientes no suelen tener una cirrosis previa y cuando da la cara, se encuentra ya en estado avanzado. Así que, en muchos casos, estos pacientes no pueden ser operados. El pronóstico es frecuentemente nefasto porque además estos tumores no responden a la quimioterapia.
Por ello, «es vital poder detectarlo antes de lo que podemos hacerlo hoy en día y disponer de herramientas terapéuticas más eficaces, por ejemplo, que permitan superar su elevada resistencia a la quimioterapia». Una labor en la que se centrará concretamente el grupo de Salamanca, «investigando cuáles son las fortalezas del tumor, y qué estrategias seguir para hacer más efectivos los fármacos, utlizando para ello la tecnología mas moderna como puede ser la edición genómina», explicó García Marín.
Con todo, dada la complejidad y el desconocimiento actual del problema al que se enfrenta la ciencia a la hora de
abordar este tipo de tumor, el enfoque debe ser necesariamente multidisciplinar y también intercontinental para aprovechar las sinergias entre grupos de comunicación de todo el mundo.
Estos cuatro españoles pertenecen al Centro de Investigación Biomédica en Red para el estudio de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD) del Instituto de Salud Carlos III y llevan colaborando activamente durante más de cinco años en varios proyectos de investigación encaminados a luchar contra el cáncer hepático.
Además, el grupo de Biodonostia y el de Salamanca han sido socios fundadores de una red europea para el estudio de este tipo de cáncer hepático, que se fundó hace tres años y en la actualidad cuenta ya con 35 centros de 12 países diferentes. Pero también existe ya colaboración con Estados Unidos, donde se realizan estudios genéticos en la Clínica Mayo con muestras de estos pacientes hepáticos.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que «estamos al principio de una larga carrera que requerirá muchos más recursos y algún tiempo para poder llevar a la práctica clínica adelantos reales en el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes con colangiocarcinoma», por lo que la intención, después de estos tres años, «es ampliar los estudios y solicitar más ayudas para seguir con este proyecto fuera de nuestras fronteras», según apuntaron los doctores.
Con todo lo expuesto, no es de extrañar que surja la pregunta de por qué se ha esperado tanto para investigar un cáncer que es tan letal, y que como dejó claro el doctor Bañales, está en aumento y se detecta en edades cada vez más tempranas. Pero teniendo en cuenta que el cáncer de hígado es la segunda causa de muerte por cáncer en todo el mundo, y el colangiocarcinoma representa un 10% de estas 700.000 muertes, las investigaciones han ido por otros derroteros más rentables.
«Por eso es tan importante poner en valor la ayuda de la AECC, que afortunadamente ha incluido este año la modalidad de tumores raros«, añade el coordinador, satisfecho y agradecido de una financiación a un proyecto que ya contaba con valiosos estudios preliminares y que fueron publicados en noviembre en la más prestigiosa revista en este campo, Hepatology, donde ya se revelaba una diferencia en el tipo de vesículas extracelulares que se encuentran en el suero según el tipo de cáncer. Este trabajo describía que en el interior de estas vesículas se encuentran proteínas que están diferencialmente expresadas en ambos tipos de cáncer: colangiocarcinoma y cáncer hepático. Ahora hay que determinar la validez de estos marcadores con un mayor número de muestras de pacientes.
Por fortuna, de momento hay financiación, ganas, profesionalidad, «y acceso garantizado a muestras de hospitales y colaboración con expertos internacionales».








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