Don Bosco Fambul, ya de por sí una instalación pequeña pero siempre aprovechada al milímetro, se ha convertido en un gran campamento urbano para 227 personas que lo perdieron todo el pasado mes de agosto en los deslizamientos de tierra y las graves inundaciones que sufrió la capital, Freetown: es el campamento de la esperanza.
El 14 de agosto, de madrugada, la colina Sugar Loaf (Pan de Azúcar) se vino abajo por las fuertes lluvias y el lodo y las piedras arrasaron todo lo que encontraron a su paso. El balance fue, una vez más, descorazonador para un país que siempre sobrevive a las tragedias (miseria, guerra, ébola…): más de 800 muertos -la mayoría sepultados para siempre- y más de 7.000 personas desplazadas.
Desde el primer día, el Gobierno de Sierra Leona acudió de nuevo a Don Bosco Fambul para pedirle que atendiera a una parte de los desplazados, y así lo hace desde aquel día. 227 personas viven en Fambul en tiendas de campaña, duermen en colchonetas y se organizan para empezar de nuevo una vida que perdieron aquella madrugada. Todos han perdido a familiares, y Don Bosco acoge a 142 niños que ya van a la escuela, algunos de ellos huérfanos, muchas madres con bebés, dos jóvenes que han dado a luz en estos meses, cinco que están embarazadas y dos ancianas.
Al día son más de 200 kilos de arroz los que se cocinan y más de 250 panecillos que hay que comprar, pero también es el agua, es gasto del generador eléctrico, el colegio, la ropa… Nada comparado con el sufrimiento de estas personas y que Don Bosco Fambul ha aceptado con cariño y gracias a las ayudas que le llegan de todo el mundo.
Las mujeres organizan cada mañana el aseo y la limpieza de las tiendas y los patios. Reciben clases de peluquería, de costura y de marroquinería, mientras los educadores atienden y juegan con los pequeños por las tardes. Entre ellos hay varios casos de huérfanos que han perdido a toda su
familia. Sara, por ejemplo, tiene 2 años y te saluda y corre a verte en cuanto te ve. Aquella noche lloró desconsoladamente cuando una tía suya se iba de su casa. Tanto lloró que decidió llevársela a dormir con ella y fue la única de la familia que logró salvarse. Ahora es una de los muchos ángeles que tiene Don Bosco Fambul.
Parece mentira que el bullicio y la alegría que demuestran encierre el trauma que llevarán ya toda su vida: son el mejor ejemplo de la resiliencia.
ANTERIORES
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∞ Día 2. Veriattu y Victoria, dos infancias rotas por los abusos y la calle
∞ Día 3. Isathu y Marilyn, dos hermanas unidas en la desgracia y ahora en la felicidad
∞ Día 4. Adbul, otro héroe superviviente de la violencia cruel contra los menores








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