Los datos alarmantes de suicidios dentro del Cuerpo Nacional de la Policía y Guardia Civil de nuestro país (con un aumento del 54%), ha propiciado que los representantes de los dos sindicatos mantuvieran recientemente una reunión de urgencia con el actual ministro de Interior (Grande Marlaska) solicitando una verdadera puesta en marcha del primer protocolo antisuicidio, que pese a estar aprobado por la máxima representación de la Policía Nacional española, no puede llevarse a cabo por la falta de contratación de médicos especializados.

La carencia de apoyo médico está impidiendo que el referenciado Plan de Prevención no pueda llevarse a efecto y que un agente (en la mayoría de los casos menores de cuarenta años) se quite la vida cada once días ,y lo más sorprendente, que en la mayoría de los casos ninguna de las víctimas se encontraba de baja laboral y mantenían el arma reglamentaria durante toda la jornada de trabajo, y esa fue la ejecutora.
Desde finales de los años ochenta, los principales sindicatos de la Policía han mantenido una lucha continua denunciando la situación de indefensión emocional de los agentes, pero el silencio, el ocultismo (ese tratar de esconder un problema demasiado doloroso para sus familias) ha venido siendo una constante.
En mi larga trayectoria profesional en el otro lado del Atlántico, como periodista de Sucesos (investigación criminal, narcotráfico, mafias, sectas destructivas y demás delitos de mayor cuantía), he trabajado conjuntamente con los diferentes Grupos o Unidades del Cuerpo Nacional de Policía de la Jefatura Superior de Canarias y durante más de dos décadas siempre me dieron grandes ejemplos de profesionalidad, de resistencia física y emocional, de humanidad, sin quejarse jamás por las largas jornadas laborales, en muchos casos jugándose la vida. Es evidente que la procesión estaba por dentro. Entonces los suicidios dentro d los Cuerpos y Fuerza de Seguridad no salían nunca en los periódicos, ni en el resto de los medios de comunicación. Siempre fueron tabú por el denominado efecto de mimetismo: “Un suicidio llama a otro suicida”.
El año 2017 lideró un triste ranking en Canarias (mi primera patria). Las islas conforman la región donde más agentes se quitaron la vida y como explicaba anteriormente, ninguno de ellos había cogido la baja por depresión. No resulta sencillo, tanto por la naturaleza del trabajo, como la presión y el estrés al que se ven sometidos los agentes (para ellos no hay un horario fijo porque las investigaciones no se pueden interrumpir) al hacer frente a determinadas situaciones.
En España hay un desconocimiento total del trabajo policial y no se ha estado formando en materia de autoprotección emocional a los policías y guardias civiles como sí hacen otros Cuerpos de la cultura anglosajona. Y es que el suicidio debería ser objeto de un estudio multidisciplinar exhaustivo porque no hay una única causa que lo explique, como han reconocido recientemente grandes especialistas de la psiquiatría.
Ningún policía se suicida por un hecho concreto, o por un arrebato. Es un “proceso de desgaste que puede agravarse durante años”. Solo desde la psicología o desde la psiquiatría no lo van a resolver, advierte Villejas, presidente de la Asociación Predepol –Zero Suicidio Policial, una de las cuatro entidades que existen en España para lidiar con estas muertes de personas jóvenes y la que lleva el recuento de los casos, hasta donde resulta posible, porque los números no están nítidos.
Hace dos años, el actual presidente del Gobierno de España anunció su particular plan de Salud Mental y prevención de conducta suicida de los policías, en el que se establecen casi cincuenta medidas para la promoción de Salud Mental, con la pretensión de disminuir la cifra de muertes por suicidio en dichas instituciones. Es más, en dicho plan se hace hincapié sobre el objetivo en la prevención de situaciones de vulnerabilidad tras la participación en intervenciones sensibles y las mejoras en las capacidades de afrontar tratamiento de los agentes que desarrollan actividades de gran impacto psicológico. En estos casos, se podrían retirar las armas reglamentarias a los policías depresivos.
Pero como todas las promesas que hace el susodicho, también en este tema tan sangrante como es el jugar con la vida de aquellos que nos defienden y nos protegen, las palabras se las debió de llevar el viento y prueba de ello es el aumento de suicidios que se están produciendo desde que él ocupa el sillón de mando. ¿Realmente se está llevando a cabo este apoyo psicológico, cuando no hay facultativos que evalúen el estado emocional de los agentes? En Canarias (como decía anteriormente, es uno de los lugares con mayor índice de suicidios de policías y guardias civiles) hay solamente un especialista para todo el Archipiélago.
Yo al Gobierno de Sánchez le llamo “el gobierno de la muerte”, pues cada vez que hay una situación que pone en peligro la vida de los pobladores del país, es como si gozara, como si tuviera la convicción de que las víctimas se marcharan voluntariamente en una nave extraterrestre hacia otro planeta. Lo hizo ocultando la peste, pese a que el médico de la Policía Nacional se lo comunicó (dos meses y medio antes de que saltara la alarma) para que se tomaran medidas de protección en los pasos de fronteras y para que se comprara material sanitario porque no había nada. Cayeron miles de sanitarios, centenares de policías y guardias civiles, miles y miles de ciudadanos sin poder despedirse de sus familias.
La pésima gestión, las mentiras continuas y amalgamadas del Gobierno de España ha causado tanto dolor en las familias, tantas desgracias… Pero aún así, el mandatario de la verdad única insistía, una y mil veces, en que la situación “no era alarmante” y… que en un par de meses cantaríamos el ”sana, sana, culito de rana, si no se cura hoy se cura mañana”.
Lo mismo está pasando ahora con el baile de cifras sobre el aumento de muertes por suicidio de los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en los últimos años. Datos contrastados confirman que en los últimos veinte años se han suicidado un total de 395 agentes (Policía Nacional y Guardia Civil) y en todos los casos el Ministerio de Interior se ha negado a dar información sobre las circunstancias en las que tuvieron lugar estas muertes (sin protocolos urgentes).
Desde las alturas se manipula a los medios de comunicación (¿quizás se dejan manipular porque la libertad del periodista, en la actualidad, tiene que pasar por la “censura” del patrón de las muchas subvenciones?) para anunciar proyectos aprobados, a sabienda de que éstos nunca se podrán llevan a cabo, como en el caso del apoyo psicológico a los policías y guardias civiles, porque no hay médicos especializados contratados para que puedan prestar este servicio.
Médicos hay, señor Pedro, y además muy buenos profesionales, lo que pasa es que se marchan fuera del país por la precaria situación laboral en la que trabajan: Mal pagados, con contratos laborales basura (por meses) y atendiendo al triple de los pacientes y que esto no les permite poder llevar a cabo un seguimiento adecuado del enfermo. Señor Pedro Sánchez: Aunque sea por una vez en la vida diga vos la verdad y explique al pueblo la razón por la cual los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad siguen sin tener facultativos de apoyo a sabiendas de que lo necesitan. Con los 320 millones de euros que el Gobierno de España ha entregado a Marruecos en los últimos cuatro años (así consta) ¡anda que no se hubieran podido contratar, con sueldos dignos, a doctores¡.
Y volviendo a mi particular definición sobre “el Gobierno de la muerte”, tengo que decir que a todo lo argumentado hay que añadir el hecho de que el actual ministro de Interior (Grande Marlaska) pretende entregar a la Guardia Civil 6.000 pistolas defectuosas (con una “ñapa”) y que pese a los grandísimos fallos que se han detectado en todas las armas durante las pruebas realizadas en las galerías de tiro, en lugar de devolver el cargamento al fabricante, el responsable de dicho Ministerio ha optado por realizar una especie de parcheo y que los funcionaros de dicho Cuerpo se las apañen como puedan.
En una situación que requiera hacer uso del arma de fuego, el tiempo y la rapidez de actuación es crucial para defender la vida de los agentes. Una interrupción del arma, en esa situación, puede convertirse en la causa que provoque la muerte de estos profesionales que tan dignamente llevan sus uniformes. Con semejante dosis de “filantropía”, ahora entiendo porqué en el último acto tan digno como es la jura de bandera de los nuevos policías, el ministro en cuestión se dirigió a los que están defendiendo España como los “piolines”. En tal caso, yo le digo a vos: Me gustan más los “piolines” que los reptiles, señor Marlaska.








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