El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es una dolencia conocida y desconocida a la vez. Aunque la mayoría sabe su nombre, e incluso a veces se incorpora de forma errónea en las conversaciones cuando algo desordenado ‘da TOC’, pocos saben el alcance que tiene esta afección en la calidad de vida de las personas que la sufren.
En realidad, este trastorno, tal y como explica Belén Pascual-Vera, del grupo I’ TOC de la Universitat de València, se basa en una interpretación problemática de pensamientos intrusivos que, de forma atenuada, todo el mundo tiene alguna vez.
“Son esos pensamientos molestos que nos aparecen de forma repentina, como si fuese un gato que de repente se nos cruza por delante y nos interrumpe lo que estamos haciendo. La mayoría los hemos tenido en algún momento”, explica la psicóloga a SINC.
Por su parte, María del Pino Alonso, jefa del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge e investigadora del IDIBELL, señala que, en las personas que sufren TOC, los circuitos cerebrales que tienen que ver con la detección del riesgo y de la amenaza se conectan de manera patológica.
“Todos los humanos los tenemos y son importantes para nuestra supervivencia como especie. Lo que sucede en las personas con TOC es que hay una hiperconectividad, de forma que el cerebro emite muchas señales de amenaza o de peligro, a veces ante estímulos externos internos, y el paciente tiene pensamientos e impulsos que le generan mucha ansiedad y malestar”, dice la psiquiatra.
Para reducir estas situaciones, el paciente inicia los rituales obsesivos, pero acaba llegando a un punto en el que estos ya no le bastan para calmarse, y esto genera un círculo vicioso del que es difícil salir.
El desconocimiento de los detalles de este trastorno, según los especialistas, retrasa su diagnóstico durante años, lo que acaba dificultando su tratamiento. Aun así, se estima que afecta a entre el 1 y el 3 % de la población mundial, aunque se cree que sigue infradiagnosticado.
Múltiples causas
Otra de las principales dificultades para diagnosticarlo es que, como con la mayoría de trastornos mentales, no hay un conocimiento total de sus causas.
“Se sabe que existe un componente genético, más o menos del 40 %, del riesgo de que alguien tenga un trastorno obsesivo, sobre todo las formas de inicio más precoz”, dice Alonso. Pero no es lo único.
La psiquiatra señala que esta afección no depende de un solo gen, sino de cientos. “Cada uno de ellos confiere un pequeño riesgo y es la suma de ellos lo que se acaban condicionando después su aparición”, añade. Un estudio reciente publicado en Nature Neuroscience identificó hasta 36 genes relacionados con trastornos obsesivos.
A esta predisposición genética se le unen otros factores, como variaciones hormonales y haber sufrido eventos traumáticos en la infancia. Aunque, como la mezcla de factores será distinta en cada persona, el inicio del trastorno varía.
“En general, los pacientes asocian su debut a algún evento, no necesariamente traumático, pero sí importante. Puede ser incluso en positivo, por ejemplo, cuando dejas la casa de tus padres para independizarte, el inicio de la universidad o empezar en un nuevo trabajo”, explica Alonso.
Lo que subraya Pascual-Vera es que el TOC ocurre en “todo tipo de personas, independientemente de los estilos de crianza, nivel educativo, y no se debe a una debilidad personal, falta de voluntad o falta de inteligencia”.
¿Se puede hablar de una cura del TOC?
Esta complicada mezcla de causas es lo que provoca que sea difícil una cura. Nieves Álvarez, psicóloga parte de la Asociación TOC Madrid, señala que, aunque existen centros psicológicos donde se publicita que “curan el TOC”, es más exacto hablar de una remisión de síntomas.
“El TOC es multifactorial, tenemos muchas causas, y no podemos actuar sobre todas. Así que no podemos hablar de una cura”, dice a SINC. En realidad, es un trastorno crónico de curso episódico, es decir, “incluso puede ocurrir que el paciente solo sufra dos episodios en su vida, pero nunca podemos estar seguros de que no volverán a pasar, incluso pasados varios años. Por eso, creo que es peligroso que se publicite así en algunos centros, puede crear expectativas falsas al paciente y desmotivarle”.
Sí que existen terapias eficaces para una remisión de síntomas importante. La más utilizada es psicológica, la terapia cognitivo conductual, a través de técnicas denominadas ‘de exposición con prevención de respuesta’ que actúan sobre los rituales.
“Cuando alguien tiene TOC y ritualiza, los rituales acaban dándole veracidad al pensamiento obsesivo. Es decir, la persona cree que no se ha contagiado de algo precisamente porque se ha lavado las manos, o cree que por haber vuelto a comprobar si ha dejado la puerta abierta los ladrones no han entrado. Esto hace que al cerebro le parezcan reales esos temores obsesivos, aunque en realidad son falsos”, explica Alonso, psiquiatra del IDIBELL.
Con este mecanismo de refuerzo positivo, los rituales bajan la ansiedad, pero de forma transitoria. “Con la terapia cognitivo conductual con prevención de respuesta se anima al paciente a que se exponga a esas situaciones que evita intentando no ritualizar”, continúa, además de trabajar otras distorsiones cognitivas comunes en estos pacientes, como la intolerancia a la incertidumbre.
Complementación con fármacos
A menudo, se complementa con fármacos, en concreto, con familias de antidepresivos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), no por su acción contra la depresión, sino porque tienen una acción antiobsesiva específica.
“Estos fármacos incrementan la disponibilidad de la serotonina entre neuronas. Pero es importante que las personas con TOC entiendan que el trastorno no se debe a que les sobre o falte serotonina. Las dolencias mentales no vienen de que tengas un exceso o un déficit de estas sustancias. Estos compuestos son mensajeros que utilizan las neuronas para comunicarse”, dice la psiquiatra.
Otros ‘mensajeros’ sobre los que se actúa para tratar el TOC es la dopamina y el glutamato, a través de antipsicóticos y moduladores del glutamato que complementan a la terapia psicológica.
Así, con estas intervenciones, la mayoría de pacientes mejoran y sus síntomas remiten considerablemente. “Es como si su cerebro hubiera construido autopistas neuronales que no deberían estar ahí. Entonces, con una intervención, ya sea farmacológica o psicoterapéutica, le damos al cerebro la capacidad de volver a funcionar con normalidad”, añade.
Tratamiento con psicodélicos
Sin embargo, dicen las especialistas, hay ocasiones, aproximadamente un 10 % de los pacientes, que no mejoran. Estas son formas de TOC más graves y necesitan intervenciones más específicas, aunque muchas de ellas siguen estudiándose.
Una de las líneas de investigación es la de una molécula ‘de moda’ en psiquiatría en la última década: la psilocibina. Se trata de una sustancia alucinógena presente en algunos hongos, y que actualmente se estudia como posible tratamiento para la ansiedad y depresión.
Una revisión reciente de estudios publicada en la revista Psychedelics reveló que tendría potencial para tratar el TOC, ya que podría ayudar a ‘reiniciar’ los circuitos cerebrales que funcionan de forma anómala en este trastorno. Sin embargo, Alonso subraya que estas terapias aún están lejos de poder utilizarse en pacientes.
“La experimentación con psicodélicas no es nueva, en absoluto. Ahora lo que se está haciendo es intentar bloquear la acción alucinatoria y adictiva y que solo se quede la acción antidepresiva o antiansiosa”, dice la psiquiatra. “Pero la evidencia científica es limitada por el momento. Suelen ser estudios con una muestra de pacientes limitada y muy seleccionada. Aunque sí que creo que puede ser una vía prometedora”, añade.
Estimulación con campos magnéticos
Otra vía con resultados prometedores es la estimulación magnética transcraneal. Se trata de una técnica de neuromodulación no invasiva que utiliza unas bobinas que generan un campo magnético. En los últimos años, estas bobinas han mejorado y son más potentes, lo que permiten crear campos magnéticos que pueden actuar hasta más de un centímetro dentro del cerebro.
“Eso permite acceder a áreas que sí son mucho más interesantes en el ámbito de la depresión y del TOC”, dice Alonso. Esta técnica presenta resultados positivos para las formas más graves de depresión, y se comienza a utilizar para el TOC.
Un estudio publicado en la revista Journal of Psychiatric Research observó que la estimulación magnética transcreaneal dirigida a la corteza prefrontal mejoraba significativamente los síntomas de pacientes con TOC, aunque de manera más atenuada que con la depresión. De hecho, en 2019 un equipo de neurocirujanos y psiquiatras del Hospital Clínico San Carlos consiguió que personas con TOC resistentes al tratamiento convencional mejoraran sus síntomas “sustancialmente” gracias a esta tecnología.
En España este tratamiento es accesible, sobre todo, a través de la sanidad privada. En total son unas 20 sesiones, con algunas sesiones de recuerdo al cabo de un año.
“Se produce una respuesta similar a la de los fármacos, es decir, disminuyen la compulsión, pero en personas que han presentado resistencia a los medicamentos, siempre acompañado de terapia psicológica. Los índices están en torno al 50 % de mejoría. Aunque ahora mismo es un tratamiento bastante caro”, dice Nieves Álvarez.
Alonso es más crítica. “Estas técnicas han entrado mucho en el ámbito de la medicina privada y a veces se venden como si fueran la panacea. No sirven para todos los pacientes y no está claro todavía en qué momento habría que empezar a utilizarlas. Aún se necesita más evidencia para saber cómo de eficaz es”, apunta.
Apoyo de familiares y amigos
En lo que están de acuerdo las tres especialistas es que para la mejoría de los pacientes de TOC es necesaria la combinación de terapias y, sobre todo, del apoyo de sus allegados. De hecho, el grupo I’TOC de la Universitat de València, del que es parte Pascual-Vera, lleva la última década desarrollando y validando intervenciones de salud para el TOC a través de aplicaciones para móviles. Una de ellas es llamada Mansión esTOCma.
“La desarrollamos, por un lado, para apoyar y acompañar a los familiares y allegados de las personas con TOC y, por otro lado, para seguir favoreciendo su comprensión, la lucha contra el estigma y favorecer la búsqueda de ayuda temprana en la sociedad”, dice Pascual-Vera.
Con ello pretenden mejorar el conocimiento social de este trastorno que afecta la calidad de vida de los que la sufren mucho más de lo que se conoce generalmente, y con ello diagnosticar mejor y tratar a tiempo a quien lo necesite.
Fuente: SINC











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