«Nos encontramos en un momento clave para redefinir cómo abordamos la obesidad, una enfermedad compleja y multifactorial con componentes genéticos, biológicos, ambientales y socioeconómicos».
Así lo ha señalado la Dra. María del Mar Malagón, presidenta de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), durante un simposio organizado por esta sociedad científica en colaboración con la Sociedad Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO), y que se enmarca dentro de las actividades del 32º Congreso Europeo de Obesidad (ECO), que reúne en Málaga a más de 3.500 de profesionales de todo el mundo.
En el foro, expertos nacionales e internacionales han compartido impresiones y propuestas, revisando el panorama actual que se abre en el diagnóstico, estadificación y manejo de la obesidad. Además, han discutido las nuevas guías de práctica clínica y el marco publicado recientemente por la EASO, incidiendo en las nuevas directrices y métodos para la evaluación de la obesidad.
En este escenario, los especialistas consideran que es necesario ir más allá del uso exclusivo del índice de masa corporal (IMC) en la práctica clínica y centrarse en métodos que permitan confirmar el exceso de adiposidad mediante técnicas precisas de composición corporal. Asimismo, «es esencial llevar a cabo una valoración individualizada multicomponente (nutricional, psicológica, de actividad física, etc.) que facilite la pérdida de masa grasa», según indica la Dra. Malagón, quien aboga por «empoderar a los pacientes y erradicar el estigma asociado a esta condición».
También se exige «informar y facilitar el acceso equitativo a los tratamientos disponibles contra la obesidad, algo fundamental para reducir su impacto sobre la salud de las personas que viven con esta enfermedad y evitar el desarrollo de sus múltiples comorbilidades», tal y como señala la presidenta de SEEDO.
Un nuevo marco de actuación frente a la obesidad
Recientemente, la EASO ha publicado en Nature Medicine un posicionamiento que defiende un nuevo enfoque para el diagnóstico, estadiaje y tratamiento de la obesidad en adultos. A juicio de Gema Frühbeck Martínez, investigadora del CIBEROBN y codirectora del Área de Obesidad de la Clínica Universidad de Navarra, «supone un cambio de paradigma, al alinearse con el manejo de enfermedades crónicas y abordar la obesidad a largo plazo, de forma estructurada y personalizada».
Fundamentalmente, este nuevo marco propone una actuación novedosa en aspectos esenciales:
- Diagnóstico: Basar el diagnóstico de la obesidad en el reconocimiento de la acumulación anormal y/o excesiva de grasa (componente antropométrico) y el análisis de sus efectos presentes y potenciales sobre la salud (componente clínico). Establecer el diagnóstico de obesidad con IMC 30 kg/m2 ó IMC 25 kg/m2 e ICA (índice cintura-altura) ≥ 0.5, junto a alteraciones o complicaciones médicas, funcionales o psicológicas
- Estadiaje: Clasificar la obesidad como una enfermedad crónica y recidivante, según la gravedad de sus complicaciones médicas, mentales y funcionales.
- Manejo de complicaciones: Incluir el manejo de las complicaciones relacionadas con la obesidad como parte del manejo integral de la enfermedad.
- Tratamiento farmacológico: Considerar la presencia de obesidad y los efectos que los tratamientos pueden tener sobre el peso y la composición corporal o el estado metabólico al seleccionar los fármacos utilizados para tratar las complicaciones relacionadas o no con la obesidad en las personas que viven con ella.
De este modo, se apuesta por considerar la obesidad como una enfermedad crónica basada en la adiposidad (ABCD, en sus siglas en inglés). Por eso, tal y como detalla Gema Frühbeck, «su diagnóstico debe ir más allá del mero uso del IMC, añadiendo al componente antropométrico uno adicional, el índice cintura-altura, que es de fácil determinación y asociado al riesgo cardiometabólico cuando es igual o superior a 0,50».
Asimismo, continúa, «se añade un componente clínico, con el fin de incorporar también la evaluación de los efectos sobre la salud que puede ejercer el exceso de adiposidad». De esta forma, se incluye la evaluación del estado de salud general y la severidad de las complicaciones para aplicar tratamientos personalizados.

Nuevas formas de medir la obesidad
Un aspecto en el que coinciden los expertos reunidos en este foro, y que supone una evolución importante en la evaluación de las personas afectadas, es la necesidad de progresar en las métricas de la obesidad y adoptar un enfoque más detallado y personalizado en la evaluación y tratamiento, considerando la composición corporal y otros factores relevantes.
El índice de masa corporal (IMC) es una herramienta ampliamente utilizada para clasificar la obesidad, pero no refleja con precisión la adiposidad corporal ni la distribución de la grasa, lo que puede llevar a diagnósticos erróneos. Por eso, se considera prioritario evaluar la composición corporal y, especialmente, el porcentaje de grasa corporal (BF%) y la masa muscular, ya que «proporciona una comprensión más precisa del riesgo cardiometabólico asociado con la obesidad».
Así lo asegura Javier Gómez Ambrosi, profesor de Nutrición y Bromatología de la Unidad Docente de Endocrinología de la Clínica Universidad de Navarra (Pamplona) e investigador del CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN, ISCIII, Pamplona), para quien «incorporar la evaluación de la composición corporal en la práctica clínica rutinaria es esencial si queremos mejorar el diagnóstico, la estratificación del riesgo y el manejo personalizado de la obesidad».
Medidas antropométricas adicionales, como la circunferencia de la cintura (WC) y la relación cintura-altura (WHtR), pueden complementar al IMC para una mejor evaluación del riesgo asociado con la enfermedad. Además, actualmente se cuenta con herramientas de estimación de adiposidad. Así, ecuaciones como la CUN-BAE (Clínica Universidad de Navarra-Body Adiposity Estimator) permiten estimar el porcentaje de grasa corporal de manera más precisa que el IMC, facilitando una mejor clasificación de la obesidad.
Detección precoz de alteraciones nutricionales
Pero no solo es importante la composición, sino también la distribución de la grasa corporal. «La grasa visceral tiene un impacto más significativo en el riesgo cardiometabólico que la grasa subcutánea, y su evaluación mediante técnicas de imagen puede mejorar la estratificación del riesgo», aclara el Prof. Gómez Ambrosi.
Complementando estas ideas, Patricia Yárnoz —Área de Nutrición Hospitalaria, Clínica Universidad de Navarra— e Isabel M. Vegas Aguilar —nutricionista del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga— aseguran que «la combinación de medidas de variables antropométricas y bioquímicas, junto con las nuevas técnicas de valoración morfofuncional, permiten detectar de manera precoz alteraciones nutricionales y cambios en la composición corporal que facilitan un seguimiento personalizado del paciente».

De la misma manera, estas investigadoras del CIBEROBN (ISCIII) insisten en que, actualmente, «cualquier tratamiento para la obesidad debe acompañarse de una adecuada valoración nutricional con fin de asegurar su éxito». Y es que, como se ha puesto de manifiesto en este simposio, conocer la ingesta real del paciente permite establecer pautas adecuadas para asegurar el consumo óptimo de macronutrientes, con especial énfasis en la cantidad de proteínas, dentro de un patrón de dieta saludable que permita mantener la masa muscular del paciente y favorecer la pérdida de peso a expensas de la adiposidad disfuncional.
Un abordaje personalizado en la evaluación del paciente que vive con obesidad es el abordaje del fenotipado clínico con la valoración morfofuncional. Los doctores Diego Bellido —jefe de la sección de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol— y José Manuel García Almeida —responsable de Nutrición Clínica en el Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga— consideran que, «en el manejo de la enfermedad metabólica crónica adiposa, es fundamental la implementación de la valoración morfofuncional centrada en la valoración tanto morfológica como funcional del tejido adiposo y del tejido muscular».
El GIRO inesperado
Con todo, resulta de especial referencia y se considera un hito la elaboración y publicación de la Guía española del manejo Integral y multidisciplinaR de la Obesidad en personas Adultas (GIRO), el resultado de un trabajo colaborativo de representantes de 39 sociedades científicas y de casi una docena de asociaciones de pacientes. «Es una herramienta valiosa para los profesionales sanitarios, los responsables de políticas de salud y todas aquellas personas comprometidas con la promoción y la mejora del tratamiento y la correcta prevención de la obesidad», indica el Dr. Albert Lecube, que forma parte de la junta directiva de SEEDO como editor de la revista BMI.
Esta semana se ha publicado el resumen ejecutivo de la guía en la revista Obesity Facts, lo que facilitará su difusión internacional. «Va a servir como ejemplo del cambio de narrativa que está generando SEEDO alrededor de la obesidad», afirma el Dr. Lecube.
Y es que esta guía plantea el abordaje de la obesidad como una enfermedad crónica y compleja que debe ser tratada a largo plazo, poniendo el foco en las causas intrínsecas del problema y dejando de estigmatizar al paciente con obesidad. En definitiva, «se propone un enfoque holístico de la enfermedad, que mire a la salud del paciente en general y facilite su empoderamiento para que participe en el manejo y tratamiento de su enfermedad».
Medidas de salud pública y concienciación
De ahí el papel fundamental que el documento ofrece a la persona que vive con obesidad, aunque también se le concede protagonismo a la Atención Primaria en el manejo de la enfermedad, dando cabida a los decisores de salud —participa la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa)— y a los comunicadores, con la colaboración de la Asociación de Informadores de la Salud (ANIS).
Poniendo el foco en la prevención, la guía recalca la necesidad de actuar de manera temprana, con grandes medidas de salud pública y campañas de concienciación, para promover hábitos de vida saludables y dar a conocer los riesgos para la salud que tiene vivir con obesidad, con asignación de recursos presupuestarios propios a este fin dentro de un gran plan nacional frente a la obesidad.
Igualmente, se demandan campañas de prevención específicas para la población infanto-juvenil en colegios y a través de redes sociales, así como iniciativas de concienciación alimentaria y de estilo de vida saludables para la población general, donde se incluya un diálogo entre las sociedades científicas y la industria alimentaria. Respecto a la estrategia terapéutica, se recomiendan las intervenciones multicomponentes de inicio temprano que incluyan el mantenimiento de una dieta saludable, actividad y ejercicio físico y pautas de modificación de conducta con acompañamiento psicológico.













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