El envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas han cambiado el mapa de la salud en España. Cada vez hay más personas que conviven con diabetes, enfermedades cardiovasculares, respiratorias o neurológicas… y, sin embargo, la boca sigue siendo a menudo la gran olvidada en su cuidado diario.
La salud bucodental no es solo una cuestión estética. En las personas mayores y en quienes presentan varias patologías crónicas, una mala salud de la boca se relaciona con peor calidad de vida, dificultades para alimentarse, riesgo de desnutrición e incluso con un mayor número de complicaciones médicas. Cuidar dientes y encías es, por tanto, una parte más del abordaje integral del paciente crónico.
La boca, un órgano clave en el paciente mayor y crónico
En la práctica clínica se observa con frecuencia que muchos mayores consideran “normal” perder dientes con la edad, tener molestias al masticar o que las encías sangren al cepillado. Sin embargo, estos signos suelen indicar problemas de base: caries, enfermedad periodontal, infecciones o prótesis mal ajustadas.
En personas con enfermedades crónicas, estas situaciones pueden tener impacto más allá de la cavidad oral:
- Dificultad para masticar y deglutir: menor ingesta de alimentos, pérdida de peso, riesgo de desnutrición.
- Dolor crónico o infecciones orales recurrentes: peor control de otras enfermedades, más medicación, más consultas sanitarias.
- Problemas de habla, halitosis o pérdidas dentarias visibles: aislamiento social, deterioro emocional y de la autoestima.
Por todo ello, los expertos insisten en que la revisión y el tratamiento de la boca deberían formar parte del circuito habitual de cuidados del paciente crónico, igual que el control de la tensión arterial o de la glucemia.
Para profundizar en este tema, Salud a Diario ha contado con el asesoramiento de la Dra. Leticia Molina, odontóloga en Clínica Dental Implantdent de Girona, especializada en implantología y rehabilitación oral.
Desde su experiencia, la doctora resume en tres ideas la importancia de la salud bucodental en este grupo de población:
“En las personas mayores y los pacientes crónicos, la boca no puede seguir siendo un territorio aparte. Una periodontitis no tratada, una prótesis que no ajusta o una infección dental mantenida en el tiempo pueden influir en el control de enfermedades como la diabetes o las patologías cardiovasculares, y mermar mucho la calidad de vida.”
“Es fundamental que el propio paciente, su familia y los profesionales sanitarios entiendan que la revisión dental periódica forma parte del cuidado integral, igual que las analíticas o el control de la tensión. Detectar a tiempo un foco infeccioso o una prótesis problemática evita complicaciones y tratamientos más agresivos en el futuro.”
“Cuando se plantea una rehabilitación con implantes en personas mayores, el objetivo no es solo ‘poner dientes bonitos’, sino recuperar función: que la persona pueda alimentarse mejor, hablar con seguridad y mantener su autonomía el máximo tiempo posible. Para ello, hay que individualizar cada caso, valorar el estado general, la medicación y el apoyo familiar o del cuidador.”
La especialista subraya también la importancia de ofrecer información comprensible y adaptada, tanto a pacientes como a cuidadores, para que puedan mantener en casa unos hábitos de higiene y de cuidado coherentes con la situación de cada persona.
Polimedicación y boca seca: un problema frecuente pero poco comentado
La mayoría de las personas mayores y de los pacientes pluripatológicos toman varios fármacos al día. Entre los efectos secundarios de muchos de ellos se encuentra la xerostomía, es decir, la sensación de boca seca por disminución del flujo salival.
La saliva es un mecanismo de defensa fundamental frente a la caries y las infecciones orales. Cuando falta:
- Aumenta la aparición de caries, sobre todo en la raíz del diente.
- Son más comunes las infecciones por hongos (candidiasis oral).
- Las mucosas se vuelven frágiles y se ulceran con facilidad.
- Masticar y tragar resulta más difícil, especialmente con alimentos secos.
Es importante que tanto los profesionales sanitarios como los pacientes y sus cuidadores tengan en cuenta este efecto y lo comenten en la consulta. A veces es posible ajustar dosis o fármacos; cuando no lo es, existen medidas de alivio (hidratación frecuente, productos de saliva artificial, cambios en la textura de la dieta, etc.) que pueden marcar una gran diferencia.
Problemas bucodentales más frecuentes en mayores
Aunque cada caso es distinto, hay un conjunto de problemas especialmente habituales en personas mayores y crónicas:
- Caries radiculares: caries que afectan a la raíz del diente, más visible al retraerse la encía.
- Enfermedad periodontal: inflamación y destrucción de los tejidos de soporte del diente, que puede provocar movilidad dental y pérdidas dentarias.
- Prótesis desajustadas: llagas, dolor, dificultad para triturar alimentos sólidos, inseguridad al hablar o al reír.
- Pérdida de múltiples piezas dentales: con impacto en la nutrición, el habla y la integración social.
Detectar de forma precoz estos problemas permite abordarlos con tratamientos menos invasivos y preservar durante más tiempo la función de la boca.
Siete claves para proteger la salud bucodental en esta etapa
A continuación se recogen algunas recomendaciones prácticas para personas mayores, pacientes crónicos y sus cuidadores. No sustituyen el consejo individualizado, pero sí pueden servir como guía general:
1. No normalizar el sangrado de encías
Las encías no deberían sangrar al cepillado ni al pasar el hilo dental. El sangrado repetido puede ser un signo de gingivitis o enfermedad periodontal. Consultar con el dentista permite actuar antes de que el problema avance.
2. Mantener revisiones periódicas, aunque “no duela nada”
El hecho de no tener dolor no implica que no haya patología. En el paciente mayor y crónico es aconsejable realizar, como mínimo, una revisión anual, y en muchos casos cada seis meses. En esas visitas pueden detectarse lesiones incipientes, ajustar prótesis y reforzar las pautas de higiene.
3. Adaptar la higiene oral a las capacidades de la persona
Cuando existen limitaciones de movilidad, temblor, deterioro cognitivo o problemas de visión, el cepillado puede resultar complejo. En esos casos puede ser útil:
- Utilizar cepillos eléctricos.
- Engrosar el mango del cepillo con materiales adaptadores para facilitar el agarre.
- Facilitar la participación del cuidador en la higiene, con instrucciones claras y sencillas.
El objetivo es que la higiene siga siendo efectiva, pero realista para la situación de cada persona.
4. Prestar atención a la boca seca
Ante sensación de sequedad, dificultades para tragar, cambios de sabor o caries de aparición rápida, conviene comunicarlo al médico y al dentista. Además de las medidas farmacológicas que pueda valorar el profesional, ayudan gestos sencillos:
- Beber pequeños sorbos de agua a lo largo del día.
- Evitar tabaco y alcohol.
- Reducir alimentos muy azucarados o pegajosos.
5. Revisar prótesis y dispositivos de forma periódica
Las prótesis removibles y las estructuras sobre implantes también envejecen, y la anatomía de la boca cambia con el tiempo. Un control periódico permite:
- Ajustar o rebasar prótesis que se mueven o provocan llagas.
- Comprobar la correcta higiene de la propia prótesis.
- Valorar si sigue siendo la opción más adecuada para la persona.
6. Valorar la rehabilitación en casos de pérdida dentaria
En algunas situaciones, la falta de varias piezas dentales compromete seriamente la alimentación, la fonación y la calidad de vida. En estos casos, y tras una valoración global del estado de salud, puede plantearse la rehabilitación oral mediante prótesis o implantes, adaptando el plan a las necesidades y posibilidades de cada paciente.
7. Coordinar la atención con el resto del equipo sanitario
En el abordaje del paciente crónico es fundamental la comunicación entre profesionales. Informar a odontología sobre la medicación (especialmente anticoagulantes, antiagregantes, fármacos inmunosupresores o tratamientos oncológicos), así como sobre la situación cardiovascular, metabólica o respiratoria, ayuda a planificar tratamientos dentales seguros y adecuados.
Integrar la salud de la boca en el cuidado del paciente crónico
En un contexto de envejecimiento y cronicidad, la salud bucodental no puede permanecer en un segundo plano. Incluir la revisión de la boca en las agendas de los equipos de atención primaria, de las consultas de cronicidad y de los servicios sociosanitarios, así como reforzar la coordinación con los profesionales de la odontología, contribuye a un abordaje más completo y humano.
Detectar y tratar precozmente los problemas de dientes y encías, adaptando las estrategias de cuidado a las capacidades de cada persona, es una inversión en autonomía, bienestar y calidad de vida para miles de pacientes y sus familias. La sonrisa, en este contexto, es mucho más que una cuestión estética: es un indicador más de salud y de dignidad en las etapas de mayor vulnerabilidad.








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