Cada año mueren por suicidio 3.000 personas en España y 700.000 en el mundo, el equivalente a 11 personas al día. Además, el suicidio tiene una marcada perspectiva de género: las mujeres realizan hasta 3 veces más intentos, y también es la primera causa de muerte entre los jóvenes.
Según los expertos y los testimonios participantes en el último Sant Pau Talks, el suicidio es un problema comunitario y social, no sólo sanitario, y son necesarios mayores recursos, mayor educación emocional y más espacios para hablar de ello. Todos coincidieron en que romper el silencio salva vidas y que la prevención es un deber compartido: todas las vidas importan y hablar del suicidio es el primer gesto para preservarla.
Una realidad compleja, prevalente y todavía tabú
En el ámbito de la salud metal el suicidio siempre ha sido una realidad muy incómoda. Según el Dr. Narcís Cardoner, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Sant Pau, “estas realidades generan una resistencia. Entendemos más el sufrimiento físico, pero el sufrimiento emocional puede hacer mucho más daño y las personas que lo sufren pueden llegar a pensar que la única solución para dejar de sentirlo es morir. Estamos hablando de una realidad muy compleja”. Thaïs Tiana, psicóloga del Programa de Prevención del Suicidio y Atención al Superviviente de de Sant Pau, dice que “hay miedo a hablar de ello. Hace unos años pasaba lo mismo con el cáncer. Si no se habla de ello, parece que no exista”.
¿Cómo podemos saber si una persona tiene ideas suicidas? Según los expertos, puede haber señales, como cambios en su comportamiento, un mayor aislamiento, que regale objetos, que haga el testamento, que hable mucho de cuán difícil es todo… “Si vemos a alguien que lo está pasando mal, o que nos lo parece, no debemos juzgarla o invalidar cómo se siente, sino apoyarle, ser sinceros y decirle que no le ves bien y estar con él para ayudarle”, explica Thaïs.
Realidad compleja
Sin embargo, en muchas ocasiones no hay ninguna señal y “la familia, los amigos, el entorno de la persona… no haya ninguna explicación al suicidio. A veces ni tan sólo los profesionales somos capaces de predecirlo. Es necesario entender que estamos ante una realidad muy extremadamente compleja. Aún no sabemos qué le ocurre al cerebro, parece que existe una falta de comunicación efectiva a nivel cerebral, también puede haber componentes genéticos…es algo que debe estudiarse aún”, dice el Dr. Cardoner. Losexpertos insisten en que la prevención empieza con la escucha y el vínculo, y que detectar los cambios de comportamiento, validar el sufrimiento y garantizar la seguridad de la persona son claves para intervenir.
En este Sant Pau Talks han participado la cocinera y propietaria del restaurant Semproniana, Ada Parellada; el periodista y autor del libro Digue’m boig, Roger de Gràcia; y la psicóloga y presidenta de Després del Suïcidi-Associació de Supervivents, Cecília Borràs. También ha habido testimonios de la alpinista Edurne Pasaban y del ex jugador del Barça Gerard López.
Los testimonios: cuando la palabra salva
La parte más emotiva del Sant Pau Talks han sido los testimonios de personas que han vivido uno o diversos intentos de suicidio o el duelo por la pérdida de alguna persona cercana por suicidio. Sus voces han puesto cara y emoción a una realidad a menudo escondida.
Ada Parellada ha explicado que pasaron 20 años hasta que explicó sus 3 intentos de suicidio en un momento vital marcado por muchas presiones: familiares y laborales, y también por un agotamiento profundo que ella misma no identificaba como sufrimiento mental. “Sentía una necesidad imperiosa de desaparecer para poder descansar”, explica. “Había escondido siempre mis intentos de suicidio porque tenía mucha vergüenza, y aún la tengo, pero hablo de ello porque cada vez que lo hago estoy más sana. No debe tenerse vergüenza ni miedo”.
En el caso de Roger de Gràcia, convivió muchos años con una fuerte ansiedad social que nadie identificaba. Sus dificultades para mantener conversaciones, salir con amigos o participar en actividades sociales le generaban una sensación permanente de inadecuación y de cansancio emocional. No fue hasta los 25 años, a raíz de una grave crisis y de ver a su padre llorar —quien nunca expresaba emociones— que empezó a recibir ayuda. “Entender que tenía una fobia social me alivió ‘una mochila de piedras’, y hoy explico mi experiencia para ayudar a otras personas, el libro que he escrito me ha servido para compartirlo”.
«Nunca percibí que mi hijo estuviera mal»
Cecília Borràs, presidenta de Després del Suïcidi-Associació de Supervivents y madre de Miquel, que se suicidó a los 19 años, ha ofrecido un testimonio profundo y sereno sobre el duelo por esta causa. “Nunca percibí que mi hijo estuviera mal, y su pérdida abrió un proceso intenso de preguntas, de culpa y de necesidad de entender lo inexplicable. Nos convertimos en detectives para saber qué hemos pasado por alto… Al final, un amigo de Miquel me dijo que no le diera más vueltas, que se le habían cruzado los cables, y vi que tenía razón”. Sólo cuando conocí a otras madres en la misma situación, sentí que podía respirar y reconstruirse. “Es necesario hacer un repaso y perdonar a la persona que se ha suicidado y perdonarte a ti mismo”. La experiencia la llevó a crear la asociación de acompañamiento a familias: “Hablar con alguien que ha pasado por lo mismo te devuelve la esperanza”.
La joven Noa, de 19 años, ha aportado una mirada generacional. “Pedí ayuda por primera vez en 6º de Primaria, y la pandemia por la COVID-19 fue un punto de inflexión que me llevó a dos intentos de suicidio”, ha explicado. “Ahora me siento fuerte y estable, y trabajo para concienciar a otros jóvenes. No entiendo por qué el suicidio es la primera causa de muerte entre jóvenes; nosotros mismos no lo entendemos”. Y realiza una labor de divulgación porque “no quiero que nadie se sienta tan solo como me sentí yo”. Para Noa, el mensaje central es claro: es necesario aprender a hablar, pero sobre todo a escuchar sin juzgar.
Sant Pau, pionero en España en la prevención
La prevención del suicidio en el Hospital de Sant Pau siempre ha tenido un papel primordial. En 2005, de la mano de la Dra. Carme Tejedor, puso en marcha el primer plan de detección y prevención del suicidio en España, una iniciativa pionera que fue la semilla del actual Pla de Prevenció del Suïcidi a Catalunya y también del Plan Nacional.
Históricamente, se ha intentado establecer un perfil de mayor riesgo, pero en el suicidio intervienen muchos factores diferentes. Los factores de riesgo más comunes son la edad avanzada o tener una enfermedad con un impacto importante en la calidad de vida, haber tenido una pérdida reciente (pareja, trabajo…), el consumo de tóxicos, la soledad o no tener un grupo de apoyo… Este último es uno de los que más destacan los expertos. “Son cosas muy de la vida, pero que en función de cómo estás en un momento vital determinado pueden ser un gran precipitante”. También una muerte por suicidio cercana: “Los supervivientes de suicidio tienen mayor riesgo de suicidio. Es un duelo que a menudo se complica”, explica laThaïs Tiana.
Pandemia
Una de las situaciones puede ser una pandemia como la de 2020, con todas las consecuencias que llevó asociadas. Según un estudio del Grupo de Investigación en Salud Mental del Institut de Recerca Sant Pau, en este periodo las conductas suicidas no letales -es decir, ideación o intentos de suicidio que se sobreviven- aumentaron más de un 50% en Catalunya tras las medidas de confinamiento. Sobre todo, en mujeres y menores de 18 años.
Sant Pau Talks Ya no puedo más. Hablar del suicidio es prevenir-lo es parte de un ciclo de conferencias que el Hospital de Sant Pau organiza como foro de difusión y debate abierto a la ciudadanía sobre temas de salud, con expertos de renombre y la voz de los pacientes, dentro del eje estratégico #MésComunitat.













Pues más ayudas y menos hablar ,,actuar y poner. Medidas los gobiernos es lo que tienen que hacer y menos robar que para otras cosas ya hay dinero