Como han reconocido hoy los representantes de la Sociedad Española de Epidemiología, el uso de la mascarilla en interiores es «una medida icónica y muy visible». Nos recuerda que existe una amenaza global, que seguimos en medio de una pandemia.
El fin de la obligatoriedad de esta medida se preveía cercano, y este miércoles la ministra de Sanidad ha puesto fecha al acontecimiento tras un pleno ordinario del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS): será el 20 de abril, tras la publicación en el BOE de un Real Decreto que, previsiblemente, aprobará el Consejo de Ministros en la primera reunión después de la Semana Santa.
Carolina Darias ha avanzado que la utilización de las mascarillas en los interiores dejará de ser obligatoria «con carácter general», aunque habrá excepciones. En los centros asistenciales y sociosanitarios, tanto los trabajadores como los visitantes deberán seguir usándolas, al igual que los pacientes o residentes cuando estén compartiendo espacios comunes fuera de su habitación. También estará prohibido ir sin ellas en los medios de transporte.
Disparidad de opiniones
El anuncio ha generado variedad de reacciones. Mientras algunos expertos creen que, ante las actuales condiciones epidemiológicas, la decisión es adecuada, razonable e incluso «valiente», otros temen que la retirada de esta protección útil, pero también simbólica, transmita el mensaje de que la prevención ya no es necesaria.

«La retirada de la obligatoriedad de las mascarillas en interiores tras Semana Santa me parece razonable en el actual escenario epidemiológico. Siempre con las excepciones y con los matices propuestos en el borrador de la Ponencia de Alertas. Y siempre que los datos de hospitalización no repunten en las próximas dos semanas», explica al SMC España Salvador Peiró, investigador en el área científica de Servicios de Salud y Farmacoepidemiología de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (FISABIO).
Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), apela a la cautela. «Que nadie se equivoque: que no sea obligatoria no quiere decir que todos debamos dejar de usarla. Que aquellas personas que se sienten protegidas por su uso sigan llevándola hasta que no la sientan más necesaria”, aclara.
Ventilar y evitar aglomeraciones
Por su parte, Óscar Zurriaga, vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), comenta al SMC España: «Sería muy conveniente que, en determinadas situaciones, se mantuviera el uso de mascarillas en interiores, y también otras medidas que tienden a olvidarse, como la ventilación y evitar aglomeraciones en espacios cerrados, algo fundamentado en la necesidad de proteger a las personas vulnerables. Por ello, también sería preciso que se establezca muy bien, y se explique mejor, en qué circunstancias debe ser algo más que una recomendación el uso de la mascarilla en interiores».

En una nota de prensa emitida por la SEE tras conocerse la fecha que baraja el Ministerio de Sanidad para relajar esta medida, los representantes de la sociedad científica consideran que los aspectos que se han tenido en cuenta para tomar esta decisión, más allá de los relacionados con la situación epidemiológica que existirá «en ese momento del futuro próximo», deben ser «explicitados» para que sean «comprendidos por la ciudadanía».
El objetivo: proteger a las personas vulnerables
Al mismo tiempo, advierten de que eliminar la obligación de utilizar mascarilla en interiores puede «transmitir el mensaje de que ya no hay necesidad de ninguna medida». «Hay que recordar que la nueva estrategia de vigilancia se fundamenta en la necesidad de centrar la protección en las personas vulnerables y, para que eso sea efectivo, es imprescindible que se mantengan algunas medidas en los ámbitos donde residen, viven y trabajan estas personas. Parte de su éxito radica en que quienes no son vulnerables protejan a quienes sí lo son con su comportamiento y el cumplimiento de esas mínimas medidas», agregan los expertos de la SEE.
En esta línea, desde el Consejo General de Enfermería (CGE) también se apela a la prudencia y la responsabilidad ciudadana. «Es importante valorar situaciones de mayor riesgo, como eventos multitudinarios, ámbitos con personas vulnerables o situaciones con gran afluencia de personas, y seguir muy de cerca los datos de evolución de la pandemia para poder detectar cambios de tendencia, aumento del número de casos y así, establecer medidas y reconducir la situación en caso necesario».
En España, la mascarilla ha sido obligatoria en interiores desde el 18 de mayo de 2020. Ha sido indispensable en adultos y niños mayores de 6 años, aunque el Ministerio de Sanidad también recomendó su uso a los pequeños de entre 3 y 5 años.
FUENTES: Ministerio de Sanidad, SINC, SEE, GGE










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