Pacientes de cerca Por Martes, 10 Diciembre 2013 12:29
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Isabel Calvo de Castro: "La epilepsia es una enfermedad como otra cualquiera"

La afectada cree que las crisis "suelen generar más miedo alrededor" que en uno mismo

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Hace unos años llegó a tener hasta tres y cuatro crisis al mes, una frecuencia que ha disminuido considerablemente gracias a un tratamiento que también ha reducido la intensidad de los "mareos". Isabel Calvo de Castro es epiléptica desde pequeña, una condición que no le ha impedido llevar una vida normal. Con los años, ha aprendido a identificar en qué momentos suelen aparecer las crisis, que empiezan como una "sensación rara en el estómago" y progresan hacia un episodio generalizado, con pérdida de conciencia y convulsiones. En su caso, los "disgustos", la preocupación y el estrés suelen ser los desencadenantes.

 

Isabel Calvo de Castro, tras la entrevista.
 

Desde que era pequeña se recuerda con lo que ella llama "mareos". "Iba al colegio y ya me daban ataques. Una vez ocurrió jugando en el recreo, y me tuvieron que ir a buscar. Luego descansaba todo el día, y como nueva", cuenta. Isabel Calvo de Castro padece epilepsia. La achaca a que cuando era bebé se cayó de la cuna. "Me di un golpe en la cabeza, me hice una pequeña lesión y de ahí me viene", asegura.

Los traumatismos cráneo-encefálicos son, de hecho, una de las causas de aparición de esta enfermedad históricamente rodeada de prejuicios y mitos que, gracias a los avances en el conocimiento científico, se van disipando poco a poco. Lo cierto es que, según el doctor Jesús Cacho, jefe de Neurología del Hospital Universitario de Salamanca, por lo general los golpes en la cabeza susceptibles de originar epilepsia "tienen que ser importantes, normalmente con pérdida de conciencia, como para producir daños en la cabeza".

Lógicamente, Isabel no recuerda los detalles de aquella caída, pero lo que sí tiene claro es que en su caso la dolencia no le ha impedido llevar una vida prácticamente normal. "Es una enfermedad como otra cualquiera. A mí no me han tenido entre algodones, y mis padres me han tratado como al resto de los hijos, aunque es verdad que cuando me daban los mareos e iba recuperando el conocimiento, oía a mi madre llorar", relata.

No sabe describir muy bien cómo son sus crisis epilépticas -cree que se queda "con la mirada fija" y que tiene "convulsiones"- y admite que estos episodios suelen generar "más miedo alrededor", que en uno mismo. "Yo antes no notaba nada, me daban de repente, y ese era el miedo de mis padres, que me hiciera daño. Pero nunca me orinaba ni me mordía la lengua. Ahora sí lo noto, porque antes de que me dé el mareo me siento un poco rarilla", dice.

Como aclara el doctor Cacho, esos signos previos responden al nombre de "aura epiléptica". Se trata de un tipo de epilepsia que afecta a un área determinada del cerebro y que origina crisis parciales, en las que el paciente no pierde la conciencia, aunque en algunos casos, como ocurre con Isabel Calvo de Castro, pueden progresar hacia crisis generalizadas tónico-clónicas, en las que se ve involucrado todo el cerebro y que causan pérdida de conocimiento y las típicas convulsiones.

Muchas veces, las auras sirven de aviso al epiléptico, que puede intentar sentarse o tumbarse en el suelo para evitar una caída. Sus manifestaciones clínicas dependen del área cerebral afectada, y aunque una de las más frecuentes es el aura gástrica -el enfermo percibe una sensación abdominal ascendente desagradable, "como una bola que sube"-, el abanico es amplísimo, e incluye la aparición de un sabor metálico en la boca, un olor extraño, luces o manchas, sensaciones de extrañeza o familiaridad (déjà vu), percepción distorsionada del tamaño y el color de los objetos, contracciones de una zona corporal o sensaciones placenteras, de miedo, depresión o ira, entre otro sinfín de posibilidades.

"Necesito llorar y desahogarme"

En la actualidad, estas auras permiten a Isabel adelantarse a una crisis generalizada, como sucedió en el último mareo. "Estaba trabajando en el consultorio que limpio y me encontré un poco rara, así que solté la mopa, me quité las gafas y me tiré al suelo. Creo que volví enseguida en mí. Me desperté pensando en el trabajo, pero siempre me quedo muy cansada y necesito llorar y desahogarme", afirma. Un síntoma que también explica el jefe de Neurología del Complejo Hospitalario de Salamanca, que comenta que las crisis parciales complejas "involucran al sistema límbico, que está conectado con el lóbulo cerebral frontal y afecta a las emociones".

Aunque hace unos años llegó a tener "hasta tres y cuatro al mes", gracias a la medicación -toma cinco pastillas al día-, Isabel sufre menos crisis "y más flojas, porque antes me duraban más", aunque reconoce que hay épocas en las que aumenta la frecuencia, sobre todo cuando da a las cosas más vueltas de las necesarias. "Hay cositas a las que doy mucha importancia y me preocupo, y eso hace que tenga más mareos. Los disgustos, y también el estrés y no descansar", comenta esta mujer de 48 años, casada y con dos hijos.

El que hoy es su marido entendió perfectamente su enfermedad. "Cuando le conocí, era consciente de que tenía que decírselo, y cuando lo hice lo comprendió bien", afirma. También sus hijos, aunque el más pequeño no es capaz de presenciar sus crisis y prefiere alejarse. "Está pendiente de mí todo el rato, y cuando me ve con mala cara o disgustada me pregunta ¿estás bien?, ¿quieres acostarte? Intenta evitar que no me pase, pero cuando me dan los mareos, él se va, porque lo pasa mal", relata una afectada para quien la epilepsia es "una enfermedad más" con la que, sin duda, "se puede vivir". Ella lo hace.

1 comentario

  • Sábado, 26 Marzo 2016 22:29 Escrito por: Alicia

    En mi familia hay una persona que también tiene epilepsia. Me ha gustado tu relato

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