Llevo unos días dándole vueltas a dos afirmaciones en las que intuyo una relación que no acabo de poder hacer visible. La primera es “uno no puede dar (ni enseñar, creo yo) lo que no tiene” y la segunda, que no es lo mismo “entender” algo que “conocerlo” (o la diferencia entre ‘aprender’ y ‘aprehender’).

Es decir, que salvo que uno realmente conozca algo, lo haya aprehendido, de algún modo lo contenga en su ser, es muy difícil que pueda transmitirlo o compartirlo.
Intentaré ilustrar con el siguiente evento. Hace unas semanas conversaba con un colega de Teoría U, Alberto Pardos. Tuvimos la oportunidad de encontrarnos en Madrid, donde él se encontraba realizando un curso de Social Presencing Theater (SPT), una de las tecnologías sociales empleadas en Teoría U. Alberto compartía su experiencia durante el curso, especialmente lo mucho que le llamó la atención de la capacidad de la instructora, Mary, de realizar la intervención adecuada en el momento preciso.
Conversando con ella con posterioridad, Mary no cesaba de repetir que SPT en sí mismo era muy simple y sencillo, pues consistía en 8 técnicas, nada más. A ello respondía Alberto que sí, que efectivamente las técnicas eran simples en sí mismas, pero no por ello fáciles y simples (valga la redundancia) de aplicar.
Comentando y ampliando sobre el tema, derivamos en una conversación, no sobre las técnicas, sino sobre la maestría en su aplicación. Conseguimos generar alguna conclusión personal para nosotros, que suponía poder tener la capacidad de leer el contexto, entender qué es necesario y preciso para el momento en el que uno se encuentra, ponerlo a disposición del mismo y, desde ahí, aplicar las famosas técnicas, que para tener éxito, para que fueran capaces de fluir como lo hacían desde Mary, necesariamente han de formar parte de uno, no pueden ser únicamente cosas aprendidas que se pretenden aplicar mecánicamente, siguiendo un guión predeterminado para esas técnicas, sino que, como en el caso de Mary, han de formar parte de quien las aplica, a su manera, con su estilo, pero parte de quien las aplica de cualquier modo. Todo ello, sin olvidar que todos y cada uno de los elementos mencionados requieren su propia maestría y su propia aprehensión por parte de quien los aplica.
Rodeados como estamos de múltiples recetarios para ser feliz, conseguir el éxito, descubrir tu propósito, diseñar tu verdadero camino de vida (o el de la organización), llevar la vida que realmente quieres, definir la estrategia correcta, o incluso para áreas tan diferentes como “vivir la Pasión con verdadera devoción” (si es que existe definición teórica de lo que la verdadera devoción es) ahora que acabamos de finalizar Semana Santa, me pregunto cuántos de los que realizamos propuestas del estilo nos las hemos aplicado a nosotros mismos y qué nivel de aprehendimiento tenemos de las mismas.
En un momento en el que el internet lo aguanta todo -el papel lleva años aguantándolo-, la capacidad de discernimiento entre las avalanchas de información y de posibilidades es cada vez menor y todo el que puede se apunta al lenguaje de lo nuevo, lo que va con el cambio de época en el que nos encontramos, me pregunto: ¿cuánto de esto nuevo que proponemos tiene cimientos sólidos? ¿O se encuentra sustentado sobre una nueva forma de ser y actuar en lugar de sobre la ya conocida y aprehendida de sobra a la que hemos vestido con nuevos ropajes? ¿Es posible que, al igual que en el área financiera, donde a día de hoy un porcentaje ínfimo de los activos financieros se encuentra sustentado por activos materiales, estemos creando posibilidades sin realidad que las sostenga?
Pues siendo como es que verdaderamente creo que uno no puede dar lo que no tiene dentro y que no es lo mismo haber coleccionado conocimientos que disponer de la sabiduría sobre algo de forma interna para que aflore cuando se den las condiciones adecuadas o se necesite, ¿cuál es el camino para saber si realmente disponemos en nuestro interior de aquello que deseamos compartir o transmitir? ¿Cómo cultivamos nuestra propia capacidad de discernimiento sobre lo que realmente podemos hacer y aquello que no?
Interesante reflexión personal para el brote de lo nuevo después de la temporada de invierno.
Feliz semana.
*Catalizando el desarrollo integral de personas y organizaciones








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