Los adultos con epilepsia difícil de tratar que consumen cannabis casi a diario presentan más del doble de crisis convulsivas al año que los no consumidores, según una nueva investigación. El estudio, liderado por la Universidad de Washington en San Luis (EE UU) y publicado en la revista ‘Epilepsia’, también revela que estos pacientes desarrollan también resistencia a los fármacos anticonvulsivos más rápidamente.
Los autores examinaron a 64 adultos con epilepsia resistente a los fármacos —es decir, cuando dos o más fármacos anticonvulsivos no han logrado controlar las crisis—.
Aproximadamente un tercio de ellos declaró consumir cannabis con fines recreativos la mayoría de los días. También hay pacientes que la consumen para tratar el insomnio o la ansiedad, según los investigadores.
El 90 % de los consumidores habituales sufrió los tipos de crisis convulsivas más asociados a lesiones y a la muerte súbita e inesperada en la epilepsia, a menudo denominadas crisis tónico-clónicas generalizadas. Por el contrario, aproximadamente la mitad de los no consumidores no sufrió este tipo de crisis.
Así, según los investigadores, no se puede afirmar una relación causal pero sí “una asociación preocupante”.
“No hay datos definitivos que demuestren que el consumo de cannabis agrave la epilepsia”, señala Aaron F. Struck, autor principal del estudio. “Pero si alguien consume cannabis para aliviar la ansiedad o mejorar el sueño, sería mejor tratar esos problemas con medicamentos que conocemos bien, en lugar de con algo en gran medida no regulado cuyo impacto en el cerebro desconocemos realmente”.
Consumo recreativo de los pacientes
Struck señala que la investigación surgió a raíz de una tendencia que había observado al tratar a pacientes con epilepsia en medio del auge del consumo recreativo de cannabis en los últimos años.
“Atendía a pacientes con crisis horribles, epilepsia realmente grave, que no presentaban ninguno de los factores de riesgo esperados”, explica. “Lo único que tenían en común era el consumo frecuente de cannabis de alta potencia. Se trata de una variable no controlada que aparecía cada vez más en mi consulta, y nadie la había estudiado realmente”.
Una forma purificada de cannabidiol (CBD), un compuesto químico no psicoactivo presente en el cannabis, está aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU (FDA, por sus siglas en inglés) para el tratamiento de algunas formas graves de epilepsia.
Sin embargo, el medicamento no contiene tetrahidrocannabinol (THC), el componente psicoactivo del cannabis. En estudios con animales, se ha demostrado que el CBD suprime las convulsiones; el THC puede tener el efecto contrario. El cannabis que se vende en el mercado recreativo tiene un contenido cada vez más alto de THC y más bajo de CBD, según estudios recientes sobre la potencia del cannabis.
Análisis de historiales
Para explorar la relación entre el consumo frecuente de cannabis y la epilepsia, el equipo analizó los historiales de pacientes tratados entre 2019 y 2024 en una unidad de monitorización de la epilepsia de la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Wisconsin.
Compararon a 22 consumidores habituales de cannabis con fines recreativos —personas que declararon consumir cannabis 20 días al mes o más— con 42 no consumidores.
Los resultados mostraron que, entre los consumidores habituales, se observaba un conjunto claro de características: pacientes de entre 20 y 29 años, en su mayoría hombres, sin los factores de riesgo habituales de la epilepsia, cuyas crisis se agravaron rápidamente desde su aparición hasta su ingreso en la unidad de monitorización de la epilepsia.
En general, los consumidores habituales de cannabis presentaban crisis más recurrentes y más graves que los no consumidores. Fueron atendidos en la unidad de monitorización de la epilepsia —lo que indica que los medicamentos recetados habían dejado de controlar las crisis— una media de cinco años después de su primera crisis, frente a los 18 años de los no consumidores, y recibieron el alta con una mayor prescripción de medicamentos anticonvulsivos a pesar de llevar mucho menos tiempo padeciendo epilepsia.
El estudio no pudo determinar si el consumo de cannabis era responsable de los hallazgos clínicos más graves observados entre los consumidores habituales. Sin embargo, los investigadores descubrieron que, entre los 15 consumidores habituales cuya cronología pudo documentarse, todos comenzaron a consumir cannabis antes de sufrir su primera crisis, lo que debilita la hipótesis de que empezaran a consumirlo con la esperanza de mejorar su epilepsia.
Distintas regiones cerebrales
Una epilepsia tan grave suele dejar secuelas visibles en el hipocampo, una estructura situada en lo más profundo del cerebro que es fundamental para la memoria y donde se originan muchas crisis epilépticas.
En el estudio, las exploraciones cerebrales de los consumidores habituales parecían en gran medida normales, lo que indicó al equipo que estaba ocurriendo algo distinto al proceso habitual de la enfermedad.
Como apunta Struck, el THC actúa sobre los receptores más densos en esas mismas regiones cerebrales, lo que sugiere que las crisis de estos pacientes podrían deberse a una alteración en la actividad de los circuitos cerebrales, más que a un daño físico.
El equipo ya está diseñando un estudio más amplio y multicéntrico, que incluirá regiones geográficas con historiales distintos de legalización del cannabis y datos sobre los patrones de consumo —como cuántas personas consumen cannabis, a qué edades y de qué forma— para llegar a un grupo más diverso de pacientes.
“En este momento, la respuesta sincera cuando un paciente pregunta si su consumo de cannabis está afectando a sus crisis epilépticas es que no estamos seguros», afirmó Santiago Philibert-Rosas, también autor del artículo. “Los estudios a mayor escala nos ayudarán a darles una respuesta real —en qué medida influye y si dejar de consumirlo ayuda— para que puedan tomar una decisión informada”.
Referencia:
Philibert-Rosas S, Struck AF et al. Frequent cannabis use and the association with seizure burden in drug-resistant epilepsy. Epilepsia (2026).
Fuente: SINC











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