¿Qué hace falta para que una buena idea se convierta en una solución innovadora, transversal y sostenible en el tiempo capaz de responder a las necesidades reales en el ámbito sanitario? Esta ha sido una de las principales cuestiones abordadas en la mesa redonda ‘El impacto del diseño en la salud’, celebrada esta semana en el marco de la Barcelona Design Week (BDW).
Organizado por la agencia de diseño estratégico con división especializada en el sector salud NACAR Design, el encuentro ha reunido a representantes del ámbito sanitario, la industria y el diseño para reflexionar sobre el papel del diseño en la transformación de la atención sanitaria y cómo la colaboración entre disciplinas puede contribuir a transformarla y reforzar así el posicionamiento de Catalunya en el sector salud.
La innovación en este sector va más allá del desarrollo de nuevas tecnologías o dispositivos médicos. También implica saber identificar necesidades que todavía no están resueltas, comprender mejor la experiencia de todos los pacientes y diseñar e integrar soluciones que respondan a los retos reales de los profesionales, centros sanitarios y pacientes. Para ello, resulta fundamental incorporar el diseño desde las primeras fases del proceso y facilitar la colaboración entre quienes identifican las necesidades, quienes desarrollan las soluciones y quienes las financian. Un reto al que se enfrenta el sector y que permite sostener en el tiempo el buen posicionamiento que hoy en día tienen los hospitales catalanes en los rankings.
El Hospital de la Vall d’Hebron es un claro ejemplo. Su apuesta por la innovación le ha valido ser uno de los hospitales de referencia mundial y prueba de ello es ‘TRUSTroke’, un proyecto que ha creado una plataforma de inteligencia artificial coordinada por el Vall d’Hebron Research Institute (VHIR) con el objetivo de ofrecer un tratamiento y seguimiento personalizado a los pacientes tras un ictus.
“Todo parte de una necesidad. Para crear una solución en la que aplica un determinado diseño, necesitamos practicar la escucha activa del usuario, saber qué necesita, conocer sus principales barreras de acceso y a partir de aquí adoptar una visión multifactorial para encontrar una solución concreta con impacto real”, ha señalado el Dr. Carlos Molina, jefe de la Sección de Neurología y de la Unidad de Ictus del Hospital Universitari Vall d’Hebron.
Diseñar desde las necesidades reales de los pacientes.
La experiencia clínica es un punto de partida esencial para identificar los retos que deben resolverse, pero el diseño permite ampliar la mirada e incorporar otras perspectivas. No se trata únicamente de desarrollar una solución que funcione desde el punto de vista técnico, sino de conseguir que responda a las necesidades de las personas y pueda integrarse en su vida cotidiana.
Este enfoque ha centrado buena parte del debate, especialmente ante el desarrollo de interfaces digitales, dispositivos médicos, tecnologías wearables y diseño de servicios o de workflows para la atención sanitaria. En todos estos ámbitos, comprender cómo interactúan los usuarios con la tecnología, junto con las perspectivas y necesidades de los distintos agentes implicados, resulta determinante para mejorar la utilidad de las soluciones y facilitar su adopción.
Carmo Requejo, responsable de estrategia y diseño de Health en NACAR, ha destacado el papel del diseño como nexo entre las personas y la tecnología. “El diseño puede ayudar a detectar necesidades, pero debe estar cerca de los distintos actores para tener la mirada e identificar necesidades. Se encuentra en el espacio entre lo humano y la tecnología, donde facilita la interacción”, ha explicado. “Para ello es necesario trabajar estrechamente con profesionales sanitarios, pacientes, técnicos de laboratorio y otros agentes del ecosistema, tanto para identificar necesidades como para comprender el contexto en el que se utilizarán las soluciones”.
Sin embargo, la disponibilidad de datos y la capacidad para interpretarlos surgen como dos de los grandes retos y oportunidades de la innovación sanitaria. Para el Dr Pau Turon, VP Innovation & Business Development en B. Braun, el punto de partida debe ser la pregunta que se quiere resolver y no la tecnología que se desea desarrollar.
“Lo que dispara la innovación es la pregunta. Actualmente, los datos son clave para entender si los tratamientos tienen el efecto esperado y si podemos hacer algo más para mejorarlos”, ha señalado. En este sentido, ha destacado la importancia de mejorar la recogida de datos, integrar sensores y desarrollar herramientas que permitan procesar la información para comprender mejor la evolución de los pacientes y avanzar hacia modelos de gestión de la salud enfocados en la prevención.
La inteligencia artificial abre nuevas posibilidades en este ámbito, pero su potencial depende de la capacidad para disponer de datos útiles y convertirlos en conocimiento aplicable. “La reflexión no es solo desarrollar IA, sino entender cómo la capacidad de procesar datos nos puede ayudar a prevenir que las personas enfermen”, ha apuntado Turon, quien también ha destacado el impacto que la nueva generación de robots y la automatización pueden tener en los procesos industriales y en la fabricación de productos sanitarios.
Ahora bien, disponer de más datos no garantiza por sí solo una mejor innovación. Su calidad, fiabilidad y representatividad son fundamentales, como también lo es diseñar experiencias de uso que faciliten su recogida. En este sentido, el Dr Carlos Molina ha advertido de que todavía se cuenta poco con la opinión de los pacientes y ha subrayado la necesidad de entender por qué algunas personas no utilizan determinadas soluciones digitales. “Las soluciones deben adaptarse a las necesidades de los usuarios y aprender de ellos, no enseñar al usuario cómo tiene que utilizar las soluciones”, ha señalado. En su opinión, disponer de estructuras robustas de datos y garantizar su armonización y estandarización son condiciones esenciales para avanzar.
Desde la perspectiva del diseño, Requejo ha añadido que la experiencia de usuario también influye directamente en la calidad de la información obtenida. “Una interfaz compleja o difícil de utilizar puede comprometer la recogida de datos y limitar el valor de una solución. Además, no toda la información debe obtenerse a través de una pantalla. El diseño puede contribuir a explorar otras formas de interacción más accesibles y adaptadas a cada contexto”, ha explicado.
El debate también ha puesto de relieve la necesidad de evitar sesgos en la investigación y el desarrollo tecnológico. La infrarrepresentación de determinados colectivos, las dificultades de acceso a las herramientas digitales y las diferencias en las capacidades de uso pueden limitar el alcance de las innovaciones. En este contexto, el Dr Molina ha defendido la importancia de desarrollar soluciones híbridas que permitan atender a las personas mayores y a otros grupos que pueden quedar al margen de la transformación digital, así como reforzar la colaboración público-privada para avanzar hacia soluciones más inclusivas. “Los mayores se están quedando atrás. Lo que tenemos que hacer en los próximos años es crear soluciones híbridas para evitar segmentos infrarepresentados. Por ejemplo, actualmente sólo el 30% de las mujeres están representadas en los ensayos clínicos”.
Transversalidad: conectar disciplinas para llevar la innovación a la práctica
Uno de los principales retos identificados durante el encuentro ha sido la dificultad para establecer un diálogo fluido entre los diferentes agentes del ecosistema sanitario. Aunque hospitales, diseñadores, industria, centros de investigación y la propia administración comparten el objetivo de mejorar la atención, no siempre trabajan con los mismos lenguajes, prioridades o plazos.
“No escuchamos suficiente y no tenemos suficientes espacios diferentes para hacerlo. Tampoco hablamos el mismo lenguaje y necesitamos profesionales que sean capaces de tender puentes de comunicación entre todos los implicados en el proceso de innovación”, ha señalado Turon, quien ha apuntado que las propias estrategias empresariales y las dificultades de coordinación pueden obstaculizar la colaboración.
Meritxell Granell, Senior Director Market Access & Institutional Relations en Almirall España, por su parte, ha destacado la importancia de comprender el proceso de innovación como una cadena de valor completa, desde la investigación hasta su incorporación efectiva en la práctica clínica. “Desde la industria, llevar una idea hasta el final implica incorporar desde el inicio la regulación, la normativa, la evidencia que hay que generar y las condiciones de acceso. Son procesos que requieren tiempo y, es fundamental que, una vez el proceso se culmina con las alternativas terapéuticas innovadoras a disposición de los pacientes de forma equitativa, el entorno pueda integrar dicha innovación y que sea sostenible en el tiempo”, ha explicado
Granell ha subrayado también que, para conseguirlo, es necesario integrar desde fases tempranas a todos los agentes que participan en el proceso y tener en cuenta el ecosistema en su conjunto. “La colaboración público-privada debe contribuir a que las soluciones respondan a una necesidad real y, más allá de su desarrollo, es importante favorecer su validación, su incorporación al sistema sanitario y su sostenibilidad a largo plazo, en beneficio de la salud de las personas”, ha apuntado.
En este recorrido, el diseño puede contribuir a conectar las diferentes perspectivas y facilitar el trabajo conjunto desde las primeras fases. El prototipado, en particular, permite contrastar ideas con usuarios reales, identificar cuestiones que no se habían planteado inicialmente y detectar posibles dificultades antes de avanzar hacia el desarrollo definitivo. “El prototipado es clave porque permite validar con los usuarios y hace aflorar preguntas que todavía no se habían formulado”, ha destacado Requejo. Este proceso favorece una innovación más iterativa, en la que las necesidades de las personas, las posibilidades tecnológicas y las aportaciones de los distintos agentes se incorporan progresivamente.
En este proceso, parte esencial lo es también la validación clínica. Molina ha recordado que se trata de un procedimiento largo y costoso, y ha advertido de que, en ocasiones, se olvida una cuestión fundamental: si la solución podrá utilizarse realmente en el entorno hospitalario.
Una de las reivindicaciones de los presentes ha sido la necesidad de hacer frente a la “resistencia al cambio”. Además de demostrar su eficacia, una innovación debe ser compatible con los sistemas informáticos, los procedimientos y metodologías de los profesionales y la estrategia de cada centro. Por este motivo, Molina ha señalado la importancia de involucrar desde el principio a los departamentos de tecnologías de la información y a los profesionales que participarán en su implementación.
En esta línea, Turon ha añadido que la validación puede resultar compleja cuando se pretende trasladar una solución a diferentes mercados, países u hospitales, ya que cada entorno tiene sus propios procesos y requisitos. Estas diferencias pueden alargar los plazos y dificultar la escalabilidad de las innovaciones. Por su lado, Granell ha puesto en valor la necesidad de demostrar no solo la eficacia de las soluciones, sino también el valor que generan para los pacientes, el sistema y garantizar su viabilidad económica
Catalunya, un ecosistema para conectar conocimiento, diseño e industria
La capacidad de transformar conocimiento en soluciones aplicables constituye una oportunidad para reforzar el posicionamiento de Catalunya en el sector salud. La conexión entre hospitales, investigación, talento creativo, empresas y emprendimiento permite abordar los retos sanitarios desde perspectivas complementarias y favorecer el desarrollo de nuevas soluciones con potencial de impacto.
La posición de los hospitales catalanes en el ámbito de la innovación tecnológica refuerza este potencial. En el ranking World’s Best Smart Hospitals 2026, elaborado por Newsweek y Statista, el Hospital Universitari Vall d’Hebron ocupa el puesto 27 mundial y el quinto europeo, mientras que el Hospital Clínic de Barcelona se sitúa en la posición 43 mundial y la 15 europea. Estos resultados sitúan a dos centros catalanes entre los 50 primeros del mundo en el ámbito de las tecnologías sanitarias avanzadas y ponen de relieve la capacidad del ecosistema catalán para incorporar innovación al entorno hospitalario. Pero no son los únicos. Los hospitales catalanes están demostrando una apuesta importante por la aplicación de innovaciones que afectan a diferentes áreas del ámbito sanitario.
Sin embargo, consolidar este posicionamiento requiere seguir avanzando en la capacidad de conectar investigación, diseño, industria y práctica clínica. La innovación no depende únicamente de desarrollar tecnologías más avanzadas, sino también de comprender mejor las necesidades, incorporar a los usuarios desde el inicio y crear las condiciones necesarias para que las soluciones puedan validarse, adoptarse e integrarse en los workflows y mantenerse en el tiempo.
La mesa redonda El impacto del diseño en la salud. celebrada en el marco de la Barcelona Design Week por NACAR Design, ha puesto de relieve la importancia de reforzar el diálogo entre el ámbito clínico, el diseño y la industria para transformar las ideas en soluciones útiles, accesibles y sostenibles. Una colaboración que puede contribuir a mejorar la experiencia de los pacientes, responder a las necesidades de los profesionales y generar valor para el conjunto del sistema sanitario.







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