Una relación fuerte y fluida entre la Atención Primaria y la Hospitalaria es condición indispensable para el buen funcionamiento del sistema sanitario público.

La Ley General de Sanidad no lo explicita, pero en su artículo 65.3 afirma que «se establecerán medidas adecuadas para garantizar la interrelación entre los diferentes niveles asistenciales«, porque reconoce que el paciente es un «todo único».
En 1996, la FADSP editó el libro Los Hospitales en España; en el capítulo dedicado al tema que nos ocupa hacíamos referencia a la situación: «Estos dos niveles asistenciales tienden a desarrollar su actividad como entes independientes […]. Como resultado práctico, y a efectos de la asistencia al paciente, éste tiene la sensación de ser atendido por dos sistemas distintos«.
Es verdad que desde entonces las cosas han mejorado, pero no suficientemente, y la población así lo considera: en el Barómetro Sanitario de 2024, un 41,9% de encuestados opinaba que la coordinación era buena o muy buena, frente a un 40,5% que lo hacía en 2023. Vamos bien, pero aún hay mucha oportunidad de mejora.
Historia clínica única e información entre niveles asistenciales
Para que esta relación progrese se necesita actuar en dos niveles diferenciados; el primero corresponde a la Administración y el segundo, a los propios profesionales, aunque después es necesario que las propuestas de estos últimos y sus actuaciones sean amparadas por el paraguas de los que administran; si no es así, se corre el riesgo de caer en voluntarismo ineficaz.
La Administración está obligada a promulgar normas, gestionar cómo se desarrollan sus propuestas y obligar a su cumplimiento. Así, es muy importante establecer una historia clínica única entre los dos niveles. También, entre otras, proporcionar herramientas para que cuando se produce el alta hospitalaria, momento muy delicado de la relación, los profesionales de Atención Primaria sean convenientemente informados, y de forma directa, de la situación del paciente y los cuidados que de momento precisa. Esto último, que ya existe en algunas áreas y unidades, debería generalizarse.
¿Y qué se puede hacer desde el nivel de los profesionales sanitarios y, de forma especial, desde el nivel de los médicos? Para establecer cualquier relación es necesario comenzar por conocerse, saber cómo es cada uno, qué hace y cómo lo hace, derribando de paso barreras y estereotipos.
Hacia un modelo de atención integral

Después, el recorrido está abierto: desde establecer protocolos y programas entre niveles, sesiones conjuntas, interconsultas o estancias cortas entre centros, hasta unidades asistenciales compartidas o establecer modalidades de relación más complejas.
Un ejemplo de éstas últimas fue la que promovieron, con éxito en algunas áreas, la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria y la Sociedad Española de Medicina Interna en 1998 y que plasmaron en un documento que coordinó Manuel Ollero. Su título: Médicos de Familia e Internistas trabajando por una Atención Integral.
En él se planteaba un paso más a la mera relación entre niveles, quizás la consecuencia lógica de ésta, el desarrollo de un modelo de atención integral, en el que además participe el nivel sociosanitario. Su lectura y su aterrizaje en la práctica siguen siendo necesarios en 2026.
En estos momentos, el desarrollo de la tecnología de la comunicación hace mucho más fácil la relación entre niveles; pero no conviene engañarse, aquí la tecnología tampoco puede desplazar totalmente al factor humano.
Se siguen necesitando profesionales imaginativos y valientes para caminar en esa dirección, y previamente se necesita que los de uno y otro nivel se conozcan personalmente, que comprueben que sí existe vida inteligente fuera del hospital, y que los especialistas hospitalarios no son tan prepotentes como, a veces, se les ve desde la otra orilla.
P.D.: Dedicado a Manuel Ollero Baturane, recientemente jubilado. Manuel ha sido inspirador e impulsor de la relación entre médicos de familia e internistas, de la estrategia de atención a los pacientes crónicos y pluripatológicos y de las alternativas a la hospitalización convencional en Medicina Interna. Seguro que aún conserva la ilusión y la fuerza para promover otros retos.













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