Visibilizar el dolor crónico es necesario para darle la importancia que merece. La mayoría de los casos de dolor crónico son de tipo neuropático: con la intención de conocer mejor el origen de este dolor, las causas, la diagnosis y el tratamiento hemos hablado con Alan Luis Juárez Belaúnde, neurólogo de la SEN.
Hoy se celebra el Día Mundial contra el Dolor. Es una manera de visibilizar el impacto que tiene el dolor crónico no solo en la sociedad, sino también en la economía y en el propio entorno sanitario. “Es un dolor difícil de expresar por el paciente y difícil de evaluar para el especialista”, explica el doctor Juárez Belaúnde, especialista en Neurorrehabilitación y coordinador del grupo de estudio de Dolor Neuropático de la Sociedad Española de Neurología.
Más del 60% de los casos de dolor crónico son dolores de tipo neuropático. Pero ¿qué es exactamente este tipo de dolor? “Hay principalmente dos tipos de dolor: nociceptivo [el que responde a un tipo de lesión concreta, inflamación, infección, etcétera] y el neuropático”, explica el especialista. “El dolor neuropático se da cuando, aunque no tiene por qué existir ese dolor, se ha cronificado por distintos motivos; se hipersensibilizan esas vías nerviosas o hay un daño directo sobre esas vías”. Hablamos de cronificación del dolor cuando se lleva manifestando más de tres meses. Y aquí el dolor presenta o puede presentar otros daños colaterales: “Por ejemplo, ansiedad, depresión, trastornos del sueño… El médico que conoce este tipo de situaciones tiene que adelantarse y evitar que aparezcan estas comorbilidades”, indica Juárez Belaúnde.
¿Cómo se manifiesta este dolor neuropático, a qué responde?
Hay patologías que pueden expresar dolor neuropático: diabetes, infección por herpes, traumatismos… Y, si hablamos del sistema nervioso central, esas vías de dolor pueden verse afectadas por enfermedades puramente neurológicas. El párkinson, el ictus…, pueden afectar a estas vías. Lo primero es reconocer qué afectaciones llevan a este tipo de dolor, cómo se expresa: y es difícil identificarlo. Algunos pacientes hablan de calambrazo, acorchamiento, quemazón… Es un dolor paroxístico, pulsátil, cambiante en el tiempo. El médico, y no necesariamente un neurólogo, puede detectar que el dolor sigue el recorrido de la inervación sensitiva. Se puede hablar también de hiperalgesia, es decir, de un dolor desproporcionadamente mayor del que debería causar un agente externo (por ejemplo, el pinchazo de una aguja).
Cuando el dolor es crónico, no cesa con analgésicos
Pero detrás de ese dolor crónico hay lo que el doctor Juárez Belaúnde llama comorbilidades neuropsiquiátricas: el paciente se queja de que no está bien. Es algo que trasciende el propio dolor. Está más irritable, tiene cambios de humor, su entorno habla de que “lo ven distinto”. Por otro lado, es un dolor que no responde a los analgésicos tradicionales, como el paracetamol o el metamizol. ¿Cómo se trata un dolor que no responde a estos medicamentos?
“En estos casos solemos recetar antiepilépticos o antidepresivos”, explica el doctor, que pone el acento en otro efecto colateral en torno al tratamiento: explicar el porqué de esa medicación. “Tienes que explicar al paciente que el antidepresivo es para controlar un dolor, ya que él suele responder que no está deprimido ni tiene epilepsia”. Eso sí, añade que “muchas veces el médico mata dos pájaros de un tiro, porque un antidepresivo ayudará a controlar esas comorbilidades neuropsiquiátricas”.
¿En qué medida llega a ser incapacitante el dolor crónico neuropático?
Aunque no todo lo crónico es neuropático, sí hay una afectación del sistema nervioso central, por lo que implícitamente lo neurológico entra en juego. El dolor crónico es la primera causa de absentismo laboral, por lo que estamos hablando de un trastorno realmente incapacitante.
Y es que ante un dolor crónico de tipo neuropático hay muchos flancos que cubrir. Por eso, el especialista habla de un “manejo holístico” de la enfermedad, en el que se tratan las comorbilidades y entran en juego otros especialistas: fisioterapeutas, nutricionistas [las dietas antiinflamatorias, explica, son muy importantes] y la psicología clínica, por ejemplo. “El manejo holístico reduce ese porcentaje de gente que no responde al tratamiento farmacológico”.
Si el dolor neuropático tuviera un rostro, ¿el de quién sería? ¿Mujer, hombre, mayor, joven?
Depende de las vivencias. Influyen aspectos sociales, culturales e incluso religiosos. En una mujer está involucrado el aspecto hormonal: los estrógenos la defienden del dolor hasta la menopausia. En unas etapas es el hombre el que expresa más un tipo de dolor y en otras la mujer. No es propio de un sexo o de una edad. Aunque a partir de los 45 años tenemos más posibilidades de dolores crónicos, un niño puede sufrirlos.
«Necesitamos una guía de manejo del dolor crónico»
En cifras, el porcentaje de pacientes con dolor en España es de más del 30% de la población: principalmente personas entre los 45 y los 54 años de edad y mayoritariamente mujeres (60%), según la SEN, que apunta a que alrededor de un 18% de la población española sufre algún tipo de dolor crónico y más de un 5% lo manifiesta diariamente.
¿Hemos minimizado la magnitud del dolor crónico, neuropático o no, hasta ahora? ¿De qué manera podemos visibilizarlo, al igual que hemos hecho, por ejemplo, con la salud mental?
Dentro de esta búsqueda de calidad de vida nos viene gente que quiere vivir mejor, tener mejor calidad de vida. Con el dolor pasa lo mismo. Así que diría que el sistema sanitario, aunque tenemos uno extraordinario, tiene que evolucionar. La medicina tiene que avanzar. Cuando hablamos con otros especialistas, llegamos a la conclusión de que tiene que haber guías de atención clínica de manejo del dolor crónico según sus categorías, desde atención primaria hasta la derivación a especialistas. Necesitamos una guía nacional para el adecuado uso de fármacos.
Y por otra parte hablaría de mayor educación en todos los ámbitos: empezando por los estudiantes de Medicina, para desterrar ese trato peyorativo a alguien que llega a una consulta quejándose de dolor, y terminando por el resto de la sociedad: hasta un niño puede sufrir dolor crónico y hay que darle importancia.










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