En la última semana se me ha planteado la posibilidad de reflexionar sobre una propuesta que ya había escuchado en varias ocasiones en ciertos círculos del ámbito de las urgencias tanto hospitalarias como de atención continuada.
La epidemia del estrés
Ya en tiempos prepandemia me di cuenta de que la inmensa mayoría de las personas que veía en consulta tenían, en mayor o menor grado, ansiedad. La «epidemia del estrés», me atrevía a nombrarla, para hacerles ver que no eran los únicos, que el problema no era que ellos fueran «débiles», que «no llegan a todo», que «no podían con las cosas normales del día a día».

