Cada vez más personas en España empiezan un tratamiento con inyecciones para adelgazar como Wegovy o Mounjaro. Ninguno de estos medicamentos está financiado por la Seguridad Social para perder peso, así que muchos pacientes los inician por la vía privada con una receta y poco más: sin revisiones fijas y sin nadie a quien preguntar cuando aparece una náusea que no se va, un estreñimiento que dura semanas o la duda de si dejarlo.
Las fichas técnicas de estos fármacos y la Organización Mundial de la Salud coinciden en algo: el medicamento no debe ir solo, sino acompañado de cambios en la alimentación y en la actividad física. Ese es el modelo de Método Balance, donde un equipo de profesionales sanitarios acompaña al paciente durante todo el proceso, con seguimiento médico, un plan de alimentación y una pauta de ejercicio de fuerza. La idea es sencilla: detectar a tiempo lo que no es normal, ajustar el tratamiento con el médico y preparar desde el principio el momento de dejarlo.
Tanto si se cuenta con ese acompañamiento como si no, conviene saber cómo funcionan las inyecciones para adelgazar, qué molestias son esperables y cuáles son motivo para acudir al médico. Esto es lo que dicen los datos.
Qué son y a quién están dirigidas
Son medicamentos que imitan a una hormona que el intestino libera al comer, el GLP-1. Hacen que el estómago se vacíe más despacio y actúan sobre las zonas del cerebro que regulan el apetito: se come menos porque se tiene menos hambre.
En España hay tres autorizados para el control del peso. Wegovy (semaglutida) y Mounjaro (tirzepatida) se pinchan una vez a la semana; Saxenda (liraglutida), una vez al día. Los tres necesitan receta médica y están indicados para adultos con obesidad, es decir, con un índice de masa corporal (IMC) de 30 o más, o con sobrepeso (IMC de 27 o más) y algún problema de salud ligado al peso, como la tensión alta o el colesterol. No están pensados para perder unos pocos kilos.
En los ensayos clínicos, la pérdida media fue de cerca del 15 % del peso con Wegovy en 68 semanas y de hasta el 21 % con la dosis más alta de Mounjaro en 72 semanas. Son medias, no promesas: en el ensayo de Wegovy, aproximadamente una de cada siete personas no llegó a perder el 5 % de su peso.
Por qué tantos pacientes se quedan sin seguimiento
El precio explica buena parte del problema. Estos fármacos cuestan entre unos 180 y 446 euros al mes, según el medicamento y la dosis, y el paciente los paga de su bolsillo. El seguimiento médico no está incluido en ese precio. Ozempic, que lleva el mismo principio activo que Wegovy, sí está financiado, pero solo para la diabetes tipo 2, no para adelgazar.
Con ese coste es fácil caer en la tentación de ajustar el tratamiento por cuenta propia: espaciar las dosis o dejarlo cuando aprieta el presupuesto. Cualquier cambio en la pauta debe hablarse antes con el médico que lo ha recetado.
Efectos secundarios: qué es normal en las primeras semanas
La mayoría de las molestias son digestivas, leves o moderadas, y aparecen sobre todo en los primeros meses, mientras la dosis se sube poco a poco. Según la ficha técnica de Wegovy, tuvieron náuseas cerca de 4 de cada 10 pacientes (43,9 %), frente a 1,6 de cada 10 con placebo. También son frecuentes la diarrea, los vómitos y el estreñimiento.
La buena noticia es que suelen durar poco: la mitad de los episodios de náuseas se resolvieron en 8 días, los de diarrea en 3 y los de vómitos en 2. La excepción es el estreñimiento, que se alargó una mediana de 47 días. Solo un 4,3 % de los pacientes dejó el tratamiento por problemas digestivos.
Cuando las molestias no ceden, la ficha técnica permite retrasar la subida de dosis o volver a la anterior. Esa decisión corresponde al médico, no al paciente.
Señales de alarma: cuándo acudir al médico sin esperar
Algunos síntomas no son normales y necesitan atención rápida. Todos están recogidos en las fichas técnicas:
Dolor de barriga fuerte y que no se va, a veces hacia la espalda, con o sin vómitos. Puede tratarse de una pancreatitis.
Vómitos o diarrea que impiden beber. Pueden provocar deshidratación y, en casos raros, dañar los riñones.
Dolor en la parte alta derecha del abdomen, fiebre o piel amarillenta. Pueden indicar un problema de vesícula; las piedras en la vesícula figuran como efecto frecuente en la ficha de Wegovy.
Pérdida brusca de visión. Es una complicación muy poco frecuente descrita con la semaglutida.
Hinchazón de cara o garganta, ronchas o dificultad para respirar. Puede ser una reacción alérgica grave: hay que ir a Urgencias.
Operaciones, embarazo y anticonceptivos
Antes de una operación o una endoscopia. Como el estómago se vacía más despacio, se han descrito casos de aspiración (paso del contenido del estómago a los pulmones) durante la anestesia general o la sedación. Hay que avisar siempre al equipo médico de que se está en tratamiento.
Embarazo. Ninguno de estos fármacos debe usarse durante el embarazo. Si se busca un embarazo, Wegovy debe dejarse al menos 2 meses antes y Mounjaro, al menos 1 mes antes.
Píldora anticonceptiva. Con Mounjaro, la ficha técnica europea no exige cambios. Sin embargo, la agencia del medicamento de Australia recomienda desde diciembre de 2025 usar también preservativo, o pasar a un método que no se tome por boca, durante las 4 semanas siguientes al inicio del tratamiento y a cada subida de dosis. Es una precaución sencilla que conviene comentar con el médico.
Cuidado con las inyecciones compradas por internet
En España está prohibido vender por internet medicamentos que necesitan receta. En septiembre de 2025, la Agencia Española de Medicamentos (AEMPS) se sumó a la alerta europea por el aumento de productos falsos vendidos como semaglutida, liraglutida o tirzepatida en webs y redes sociales. Pueden no contener el principio activo o llevar otras sustancias en cantidades dañinas. La única vía segura es una receta y una farmacia.
Lo que la inyección no hace por ti
Al adelgazar con estos fármacos no solo se pierde grasa. En un análisis del ensayo de Mounjaro, aproximadamente una cuarta parte del peso perdido fue masa magra, que incluye el músculo. Por eso se recomienda comer suficiente proteína y hacer ejercicio de fuerza dos o tres veces por semana durante el tratamiento.
El otro momento clave llega al dejarlo. Sin el fármaco, el apetito vuelve y el peso tiende a recuperarse: según un análisis de 37 estudios publicado en The BMJ en 2026, se recuperan de media unos 0,8 kg al mes y se vuelve al peso inicial en torno a año y medio después. No es un fracaso de la persona: la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) define la obesidad como una enfermedad crónica.
Por eso el acompañamiento importa tanto al final como al principio. En Método Balance, la alimentación, la fuerza y el plan de mantenimiento se trabajan desde el primer mes, para que dejar el tratamiento, cuando llegue el momento, sea una decisión planificada con el equipo y no un abandono.







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