Cuando un traumatólogo plantea por primera vez la posibilidad de operarte de la cadera, lo habitual es salir de la consulta con más preguntas que respuestas.
Una de las que más se repite es esta: ¿qué tipo de prótesis necesito? Porque solemos hablar de “la prótesis de cadera” como si solo hubiera una opción.
Existen varios tipos de prótesis, y cada uno responde a una situación distinta. No se trata de que una sea mejor que otra, sino de cuál necesitas en tu caso: tu edad, el estado de tu hueso, el motivo por el que necesitas la operación y el tipo de vida que llevas. En este artículo vamos a explicar las tres opciones principales —la prótesis total, la parcial y la de revisión— con un lenguaje sencillo, para que llegues a tu próxima cita sabiendo de qué se está hablando.
La prótesis total de cadera
Es la más habitual. Para entenderla, conviene recordar cómo es la articulación: la cadera funciona como una bola que encaja dentro de una cavidad, igual que una pelota dentro de su hueco. La bola es la cabeza del fémur y el hueco es el cótilo (también conocido como acetábulo), situado en la pelvis.
En una prótesis total se sustituyen las dos partes. Por un lado, se coloca un vástago dentro del fémur rematado por una nueva cabeza; por otro, se reviste la cavidad de la pelvis con un componente artificial. Dicho de otro modo: se renueva la articulación completa.
¿Para quién está indicada?
Esta opción se plantea cuando el desgaste afecta a toda la articulación, no solo a una parte. Los motivos más habituales son:
• Artrosis de cadera avanzada, cuando el cartílago se ha gastado hasta el punto de que el hueso roza con el hueso.
• Necrosis de la cabeza del fémur, en la que el hueso pierde riego sanguíneo y se deteriora.
• Displasia de cadera y otras deformidades que han ido dañando la articulación con los años.
Es la elección típica en personas que mantienen una vida activa y que quieren recuperar movilidad para caminar, viajar o practicar deporte de bajo impacto. La prótesis total ofrece muy buenos resultados a largo plazo: la mayoría de los pacientes recuperan una función cercana a la de una cadera sana y dejan atrás el dolor que arrastraban desde hacía años. De hecho, la Organización Mundial de la Salud llegó a describir la cirugía de cadera como una de las de mejores resultados del siglo XX.
La prótesis parcial de cadera
Aquí está una de las grandes confusiones, así que vale la pena aclararla: parcial no significa “menos importante” ni “media operación”. Significa simplemente que solo se cambia una parte de la articulación.
En la prótesis parcial se sustituye únicamente la cabeza del fémur —la bola—, mientras que la cavidad de la pelvis se deja tal cual, porque está en buen estado. Por eso es una intervención algo menos agresiva: al no tocar el cótilo, la cirugía suele ser más corta y la recuperación, en muchos casos, más rápida.
¿Para quién está indicada?
Su indicación más clara son las fracturas del cuello del fémur, sobre todo en personas mayores. En estos casos, lo que se ha roto es la bola, mientras que la cavidad de la pelvis sigue sana, de modo que no tiene sentido reemplazarla.
También se valora en pacientes de edad avanzada con una actividad física más limitada, en los que se busca una operación más sencilla y una vuelta rápida a caminar. Una variante muy utilizada en estos casos es la prótesis bipolar, diseñada para ofrecer buena movilidad y reducir el riesgo de luxación, es decir, de que la cadera se “salga” de su sitio.
Tiene un punto a tener en cuenta: si con el tiempo aparece desgaste en la cavidad de la pelvis que se había conservado, puede ser necesaria una nueva intervención más adelante. Por eso la decisión entre parcial y total no se toma a la ligera, y depende mucho del perfil de cada persona.
La prótesis de revisión o prótesis de reemplazo
Ninguna prótesis es eterna. Aunque las actuales duran muchos años, llega un momento en que algunas pueden fallar o desgastarse, y entonces entra en juego la prótesis de revisión: la que se coloca para sustituir a una anterior que ya no cumple su función.
Conviene decirlo con claridad para evitar alarmas: necesitar una revisión no es lo habitual a corto plazo, y cuando ocurre suele ser después de muchos años de buen funcionamiento. Pero es importante saber que existe, porque uno de los grandes aliados del paciente es no ignorar las señales.
¿Por qué puede fallar una prótesis?
Las causas más frecuentes, según los registros de seguimiento a largo plazo, son:
• Se afloja: con los años, la prótesis puede perder su fijación al hueso. Es el motivo más habitual de revisión y suele aparecer pasada más o menos una década.
• Inestabilidad: cuando la articulación tiende a luxarse de forma repetida.
• Infección: poco frecuente, pero la complicación más delicada. Afecta a un porcentaje muy bajo de las operaciones.
• Fractura alrededor de la prótesis tras una caída o un golpe.
Una idea clave para el paciente: la prótesis en sí no duele, porque es un material inerte. Por eso, un dolor que aparece o que se mantiene con el tiempo es un motivo para consultar, no para resignarse. Detectar a tiempo un aflojamiento permite resolverlo en mejores condiciones.
La cirugía de revisión es más compleja que la primera: dura más, requiere una planificación cuidadosa y, a veces, reconstruir parte del hueso. Dicho esto, en manos de un equipo con experiencia sigue ofreciendo buenos resultados y el mismo objetivo de siempre: quitar el dolor y devolver movilidad.
Los materiales: el detalle que marca la durabilidad
Más allá del tipo de prótesis, hay otro factor que influye mucho en cuánto va a durar: los materiales con los que está fabricada, en especial las dos superficies que rozan entre sí cada vez que damos un paso. A esa zona de contacto se la llama par de fricción, y de ella depende en buena medida el desgaste.
Las combinaciones más habituales hoy en día son:
- Cerámica + Cerámica – Con un desgaste muy bajo, normalmente indicada para personas jóvenes y activas, con una duración de más de 30 años.
- Cerámica + Polietileno – Con un degaste bajo, normalmente indicada para la mayor parte de pacientes, con una duración de unos 20 o 30 años.
- Metal + Polietileno – Con un degaste moderado, normalmente indicado para personas de mayor edad y con menor actividad, con una duración de unos 15 o 20 años.
Durante muchos años, la combinación de metal y polietileno (un plástico muy resistente) ha sido la más extendida en el mundo, y sigue siendo una opción sólida, sobre todo en personas mayores. En pacientes más jóvenes y activos, en cambio, se tiende cada vez más a la cerámica, porque se desgasta mucho menos y eso alarga la vida útil de la prótesis. Conviene saber, por último, que las antiguas prótesis de metal contra metal prácticamente han dejado de usarse.
La buena noticia es que, con los materiales actuales y una colocación precisa, una prótesis de cadera puede ofrecer dos, tres e incluso más décadas de buen servicio.
Entonces, ¿quién decide qué prótesis me corresponde?
Esta es seguramente la pregunta más importante, y la respuesta tranquiliza: la decisión no recae sobre el paciente solamente, sino que se toma junto al cirujano y traumatólogo, después de estudiar cada caso. No hay una prótesis “mejor”; hay una que encaja mejor contigo.
Para decidirlo, el especialista valora varios factores:
• Tu edad y tu esperanza de actividad en los próximos años.
• El motivo de la operación: no es lo mismo una artrosis de años que una fractura reciente.
• La calidad de tu hueso.
• Cuánto daño hay en la articulación y qué partes están afectadas.
• Tu estado de salud general.
Por darte una orientación: una persona joven y activa con artrosis avanzada suele ser candidata a una prótesis total con materiales de larga duración, mientras que una persona mayor con una fractura de cadera reciente puede beneficiarse más de una prótesis parcial, que le permite volver a caminar antes.
Entender estas diferencias no te convierte en médico, pero sí te permite tener una conversación mucho más útil con tu traumatólogo y tomar la decisión con calma y con criterio.
Si tu médico te ha planteado la posibilidad de operarte y tienes dudas sobre qué tipo de prótesis podría ser la adecuada para tu caso, lo mejor es resolverlas con un especialista. El equipo de Clínica Albareda puede orientarte con una valoración personalizada de tu cadera y explicarte, con tu caso delante, cuál es la mejor opción para ti.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu salud, consulta con tu médico.








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