Cada vez es más habitual escuchar a los jóvenes decir “se me olvidan un montón de cosas últimamente”. No hablamos de olvidar grandes acontecimientos, sino de esos pequeños despistes cotidianos, como dónde has dejado las llaves, qué ibas a buscar al abrir el móvil o qué te acaban de contar hace unos minutos. Aunque solemos asociar la pérdida de memoria con la edad, la realidad es que muchos de estos olvidos tienen más que ver con el ritmo de vida actual que con la juventud o la edad.
El estrés constante, la cantidad de información que recibimos cada día y el uso intensivo del móvil influyen directamente en cómo funciona nuestra atención y, por tanto, nuestra memoria.
Cómo funciona realmente la memoria a corto plazo
La memoria a corto plazo, también llamada memoria de trabajo, es la que utilizamos constantemente en el día a día. Es la que nos permite retener información durante unos segundos o minutos para poder hacer algo con ella. Gracias a este tipo de memoria podemos recordar un número de teléfono mientras lo marcamos, seguir los pasos de una receta o acordarnos de lo que íbamos a hacer al entrar en una habitación.
En este proceso participan varias zonas del cerebro, sobre todo el córtex prefrontal y el hipocampo, áreas relacionadas con la atención, la organización y la formación de recuerdos. Cuando todo funciona bien, el cerebro selecciona qué información es importante, la mantiene activa durante un tiempo y luego la descarta si ya no la necesita.
El estrés y su relación con los olvidos diarios
El estrés, realmente, no siempre es algo negativo. De hecho, en pequeñas dosis puede ayudarnos a concentrarnos y reaccionar con rapidez. El problema aparece cuando se mantiene durante mucho tiempo.
Si estás estresado, tu cuerpo libera una hormona llamada cortisol, que prepara al organismo para responder a situaciones exigentes. Esto es útil a corto plazo, pero si los niveles se mantienen elevados durante mucho tiempo pueden afectar a procesos como la atención o la memoria.
Hoy en día, muchas personas jóvenes combinan estudios, trabajo, vida social y una presencia constante en el entorno digital; todo esto hace que su cerebro esté en un estado de actividad casi permanente y puede generar sensación de saturación mental.
Por eso, como indica Carlos Sánchez, experto en Biología Molecular, cada vez es más común llevar a cabo estrategias para gestionar mejor el estrés diario, como los suplementos naturales orientados al bienestar mental. Muchos de ellos, formulados con adaptógenos como la ashwagandha, la rhodiola o ciertos complejos de vitaminas y minerales, están pensados para bajar el cortisol, es decir, para ayudar al organismo a regular la respuesta al estrés y favorecer un estado de equilibrio fisiológico que permite al cerebro funcionar con mayor claridad.
Hábitos que ayudan a reforzar la memoria
El cerebro tiene una gran capacidad de adaptación, más conocido como neuroplasticidad. Es decir, nuestros hábitos influyen directamente en cómo funciona.
Una de las estrategias más útiles es recuperar momentos de atención plena. Por ejemplo, leer durante un rato sin mirar el móvil, escribir a mano o mantener una conversación sin distracciones digitales. Este tipo de actividades ayudan a entrenar la concentración.
Otro factor es el descanso. Mientras dormimos, el cerebro reorganiza la información del día y consolida los recuerdos importantes. Por eso, dormir bien facilita que lo que aprendemos pase de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo.
El ejercicio físico también es importante. Al mejorar la circulación y estimular distintos neurotransmisores, contribuye a que el cerebro funcione de forma más eficiente y procese mejor la información.
El móvil y la atención fragmentada
El teléfono móvil se ha convertido en una herramienta imprescindible en nuestra vida. Lo utilizamos para comunicarnos, trabajar, entretenernos y recordar cosas. De hecho, hoy en día el móvil funciona casi como una memoria externa.
Sin embargo, cambia la manera en que prestamos atención. Las notificaciones, los mensajes o los contenidos de las redes sociales estimulan continuamente nuestro cerebro. Eso hace que cada vez que miremos el móvil, nuestra atención se reparta entre distintos estímulos.









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