La amplitud de las ondas cerebrales lentas, fácilmente registradas en la superficie del cráneo durante la vigilia, podría asociarse pronto con la acumulación de lesiones características de la enfermedad de Alzheimer. Si se confirma esta asociación, allanará el camino para el cribado de los pacientes en riesgo, con el fin de orientarlos hacia intervenciones preventivas. El equipo de Inserm del Instituto del Cerebro de París, que descubrió esta asociación, está trabajando en su validación.
La actividad cerebral se caracteriza por ondas eléctricas, de amplitud y frecuencia variables según la tarea, que pueden registrarse en la superficie del cráneo mediante Electroencefalografía. Entre ellas, los investigadores descubrieron ondas lentas que pueden detectarse durante la vigilia, similares a las del sueño. En el Instituto del Cerebro de París, un equipo de Inserm los está estudiando en adultos.
En particular, ha demostrado que sus características están correlacionadas con ciertas capacidades cognitivas, especialmente la atención. Dada la deficiencia de estas funciones en la enfermedad de Alzheimer, el equipo se interesó en la posible asociación entre ciertas características de estas ondas y el riesgo de desarrollar esta demencia relacionada con la edad, la más común en el mundo y cuya incidencia sigue aumentando.
«El papel de estas ondas lentas durante la vigilia aún no se conoce bien, pero corresponden a una sincronización de la actividad neuronal. También sabemos que su aparición y amplitud aumentan tras la privación de sueño. Una hipótesis es que podrían reflejar episodios de sueño confinados a regiones cerebrales específicas, mientras el resto del cerebro está completamente despierto. El papel del sueño en la preservación de la salud cerebral, por ejemplo eliminando los desechos de las neuronas, así como las asociaciones entre la amplitud de estas ondas y la cognición, nos animaron a estudiarlas en personas con riesgo de enfermedad de Alzheimer», explica Pierre Champetier, quien realizó este trabajo bajo la supervisión de Thomas Andrillon y Delphine Oudiette. Investigadores de Inserm en el Instituto del Cerebro de París.
Valor predictivo
Para ello, el equipo utilizó datos de una cohorte de pacientes del hospital Pitié Salpêtrière en París, creado como parte del estudio INSIGHT-preAD. Incluye a más de 300 personas de entre 70 y 85 años que, en el momento del reclutamiento, se quejaron de problemas de memoria sin que su rendimiento en pruebas cognitivas estandarizadas fuera anormal para su edad. «Entre estas personas, algunos desarrollarán la enfermedad, otros no. El objetivo de esta cohorte es descubrir factores que la predigan«, dice Pierre Champetier.
Al inicio, todos los voluntarios fueron sometidos a una batería de pruebas, incluyendo una evaluación cognitiva, un electroencefalograma en reposo y exámenes de imagen cerebral (resonancia magnética y PET Scans) para buscar depósitos de amiloide o neurodegeneración, dos marcadores de la enfermedad de Alzheimer. Estas pruebas se repitieron dos años después. Así, los investigadores pudieron estudiar la posible asociación entre las lentas ondas de vigilia medidas por electroencefalografía en estas personas, la integridad de sus cerebros y sus capacidades cognitivas.
Correlaciones significativas
A la vista de los resultados, no hay duda sobre estas asociaciones. Cuanto mayor es la amplitud de las ondas lentas, mayor es la cantidad de depósitos de amiloides y/o neurodegeneración de los participantes, así como un peor rendimiento en las pruebas de memoria. Aún más interesante, esta asociación parece ser predictiva. Entre las personas con pocos depósitos de amiloide, aquellas que tuvieron ondas mayores de lo promedio en el momento de su inclusión en la cohorte tenían más probabilidades de acumular depósitos de amiloide durante el seguimiento.
«Estas correlaciones son significativas pero, en esta etapa, no hay nada que indique si estas ondas son un signo de malestar neuronal que refleja la progresión de la enfermedad de Alzheimer, o, al contrario, un mecanismo protector que se activa al inicio de la enfermedad para limitar su progresión», dice Pierre Champetier. Para avanzar en esta investigación, el equipo incluirá nuevos voluntarios para crear subgrupos: adultos mayores con diagnóstico de enfermedad temprana de Alzheimer, personas de la misma edad sin enfermedad de Alzheimer ni quejas cognitivas, y adultos jóvenes. Al comparar estos subgrupos, los investigadores pretenden describir mejor la evolución de las lentas ondas de vigilia durante el envejecimiento fisiológico y la enfermedad de Alzheimer, para validar su utilidad clínica.
La urgencia de la detección temprana
Los mecanismos fisiopatológicos de la enfermedad de Alzheimer se activan varios años antes de la aparición de los primeros síntomas cognitivos, de modo que cuando se diagnostica, ya está en una fase avanzada. «Para implementar medidas preventivas y seleccionar pacientes elegibles para tratamientos antiamiloides en fases muy tempranas, es necesario identificar a las personas con riesgo de progresión de la enfermedad lo antes posible. De hecho, como cualquier medicamento, estos tratamientos recientes pueden tener efectos adversos. Además, son extremadamente caros y su uso sigue siendo objeto de mucho debate. Si se confirma el rastro de estas lentas oleadas de vigilia como marcador temprano y predictivo de la evolución de la enfermedad, entonces será posible evaluar mejor el equilibrio riesgo/beneficio de estos fármacos en cada individuo, utilizando un simple encefalograma, un examen indoloro, fácil y económico de realizar», concluye Pierre Champetier.












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