El pasado mes de mayo se declararon en Reino Unido los primeros casos de viruela del mono o monkeypox (MPX) sin vínculos epidemiológicos con zonas endémicas o contacto con casos previamente notificados.
Dos meses después, la OMS determinó que el brote actual es una emergencia de salud pública internacional por su rápida propagación «a través de nuevos modos de transmisión». España es, en la actualidad, el país europeo con más casos confirmados de viruela del mono (6.284 a fecha de 23 de agosto). La principal vía de transmisión del virus es el contacto físico muy estrecho, y la gran mayoría de los positivos notificados han sido identificados en población HSH (hombres que tienen sexo con hombres). Sin embargo, como se recuerda desde el Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP), si la transmisión no se controla adecuadamente, existe riesgo de que otros grupos poblacionales se vean afectados a través del contacto físico directo con las lesiones.
En el brote actual de viruela del mono, los casos declarados en la población infantil son, por el momento, muy poco frecuentes –menos del 0,2% del total de los notificados en Europa–, y los cuadros clínicos observados han sido leves y autolimitados.
No obstante, los especialistas de la SEUP, entidad que forma parte de la Asociación Española de Pediatría, consideran importante «que los pediatras conozcamos las manifestaciones más comunes de esta infección y los procedimientos que se deben llevar a cabo ante una sospecha de MPX», por lo que han emitido una nota informativa con recomendaciones al respecto.
En ella recuerdan que el «síntoma guía» de la viruela del mono es el rash, es decir, la erupción cutánea. Las lesiones en la piel suelen presentar distintas fases evolutivas, «iniciándose como máculas eritematosas de pocos milímetros de tamaño y que posteriormente progresan a pápulas, en ocasiones con aspecto umbilicado, vesículas y pústulas». Finalmente, estas lesiones se rompen, apareciendo una costra que acaba cayéndose entre 7 y 14 días después del inicio del rash.
Signos similares a los de otras patologías pediátricas
Sin embargo, los pediatras subrayan que, a pesar de que ante este tipo de exantema cutáneo «se debe mantener un alto índice de sospecha», existen otras enfermedades que pueden presentarse con lesiones similares y son mucho más frecuentes en la edad pediátrica. Entre ellas, citan la varicela, el impétigo, los moluscos contagiosos, las infecciones por enterovirus o el prurigo, afecciones que, además, predominan en la época estival.
En el caso de la viruela del mono, la evolución de la lesión desde mácula a costra es «más rápida que en otras entidades», y se produce en un periodo de entre tres y cinco días. Además, las lesiones pueden afectar a las palmas de las manos y las plantas de los pies, así como a las mucosas, pudiendo aparecer brotes sucesivos y lesiones en diferentes estadios evolutivos.
Además, desde la SEUP se indica que en esta infección vírica puede existir un periodo previo a estas manifestaciones en el que la persona presente fiebre, astenia, cefalea y mialgias. También es frecuente la presencia de adenopatías localizadas o generalizadas. El periodo de incubación del virus oscila habitualmente entre 5 y 13 días, aunque puede alargarse hasta las tres semanas.
Cuándo sospechar un caso de viruela del mono en niños
En este contexto, los pediatras explican que debe considerarse un caso sospechoso de viruela del mono en niños cuando el paciente muestre lesiones cutáneas compatibles asociadas a fiebre, cefalea, mialgias, artralgias, dolor de espalda o adenopatías y se descarte o se considere muy poco probable otra patología. Del mismo modo, se clasificará como caso probable si, además, el menor ha tenido contacto estrecho con un caso confirmado o probable de MPX o ha viajado recientemente a una zona endémica.
En estos supuestos, los pediatras señalan que está indicada «la recogida de una muestra de lesión cutánea (líquido vesicular, exudado o costra) y su envío –en medio de transporte de virus y conservada en frío– al laboratorio de referencia designado en cada comunidad autónoma, para realizar estudio mediante PCR específica para MPX». Asimismo, el profesional debe notificar el caso al servicio de Salud Pública de la comunidad, cuyas recomendaciones específicas deben consultarse para recabar información más precisa sobre los procedimientos vigentes.
Recomendaciones para el manejo de los afectados
Según apuntan los pediatras de la SEUP, «se considera que un paciente es contagioso desde el inicio de los síntomas hasta la desaparición de todas las lesiones cutáneas, incluidas aquellas en fase costrosa». En la gran mayoría de los casos, agregan, «la viruela del mono es una enfermedad autolimitada que se resuelve en el plazo de dos a cuatro semanas», por lo que los menores afectados pueden ser atendidos de forma ambulatoria, «salvo que exista algún criterio clínico de hospitalización».
Si se confirma la infección, el paciente debe permanecer aislado en una habitación o área separada del resto de convivientes hasta que todas las lesiones hayan desaparecido. Si esto no es posible, las lesiones deben estar cubiertas, y tanto el afectado como las personas con las que conviva tienen que utilizar mascarilla, ya que se cree que el virus «puede transmitirse también a través de las secreciones respiratorias si se produce un contacto cara a cara prolongado, aunque esta vía parece que contribuye poco a la transmisión».
Los cuidadores del enfermo deben utilizar guantes y extremar la higiene de manos cuando sea necesario el contacto con la persona infectada. En el caso del personal sanitario, para la atención del paciente se debe usar mascarilla de tipo FFP2, «salvo que sea preciso el contacto físico, en cuyo caso se usará un equipo de protección individual completo».
Más información:
Documento de consenso sobre el manejo de la viruela del mono en niños, elaborado por el Ministerio de Sanidad y diferentes sociedades científicas y publicado el pasado 5 de agosto.











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